SÍ A LA LIBERTAD; A LA DE TODOS

Por Dr. Adrián Baez.
Estimados lectores. Se encuentran en nuestra tierra los famosos presos de Guantánamo; luego de haber estado secuestrados por el Gobierno de Estados Unidos durante más de una década, sin debido proceso que resguardara sus derechos como seres humanos, ni  juicio justo ante tribunales constituidos, como tampoco una sentencia ejecutoriada que los condenara a penitenciaría por tal o cual delito contra la seguridad mundial, si es que lo existe; ahora pueden considerarse, hombres libres.
El Presidente Barak Obama parece estar cumpliendo con su palabra de concluir con ese moderno campo de concentración, producto de la legítima pero desbordada e inequitativa cólera generada por los atentados del 11 de Septiembre de 2001, que fueron un hecho bisagra para la historia, donde en palabras del Presidente Bush, el mundo era catalogado entre buenos y malos, entre los que estaban a su lado o de lo contrario, del de los terroristas; nuestro país, acorde manda su gloriosa tradición a nivel internacional, colabora a su manera, para preservar la dignidad del derecho y la libertad de los que injustamente, pues hasta que se compruebe lo contario esa es la regla, se han visto privados de su libertad.
Hoy, esos exconvictos pueden decidir qué rumbo tomar, hacia dónde ir, y qué hacer con sus vidas, pues en el Estado Uruguayo, son personas que no han cometido delito alguno, ni aquí, ni allá, por ende, su tránsito es igual al suyo o al mío, y como nada han hecho, según la Justica, la de aquí y la de allá, son libres.
Este también es el pensamiento de nuestro gobierno y nos congratulamos de ello; también lo hacemos con la carta que nuestro Presidente le envió a su homólogo del norte y que también la dirigió a nosotros, su pueblo. En ella clama por la libertad de personas supuestamente sometidas a una situación similar a la de los recién llegados, y por el levantamiento del ya desproporcionado embargo económico contra Cuba; ambas cosas, con algún matiz, las compartimos ampliamente.
Pero creemos que ante tanta verdad, no abundaría ni sería excluyente que el Presidente Mujica, hombre que a estas alturas consideramos adepto a la estructura democrática,  también escribiera algunas líneas para sus amigos de Venezuela, Ecuador y Cuba, donde existen presos políticos, también sin debidos procesos ni sentencias condenatorias previo juicio ante tribunales “imparciales” como corresponde; detenidos algunos y perseguidos otros, que no han tenido más culpa ni han cometido otro delito que el de disentir con el gobierno de turno, y que han ejercido un derecho tan sagrado como lo es el de la oposición a regímenes, como el de Cuba, totalitarios y represivos; o han apoyado manifestaciones que arengaban contra la decadencia económica y la falta de libertades, como en Venezuela; o por el amordazamiento de la prensa, como en Ecuador.
Apoyamos el sinceramiento y la búsqueda de puentes para que nuestra América toda, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, sea un lugar de paz; lo queremos, pero sin hipocresías; decimos sí a la libertad; a la de todos.
Por Dr. Adrián Báez.
Estimados lectores.
Se encuentran en nuestra tierra los famosos presos de Guantánamo; luego de haber estado secuestrados por el Gobierno de Estados Unidos durante más de una década, sin debido proceso que resguardara sus derechos como seres humanos, ni  juicio justo ante tribunales constituidos, como tampoco una sentencia ejecutoriada que los condenara a penitenciaría por tal o cual delito contra la seguridad mundial, si es que lo existe; ahora pueden considerarse, hombres libres.
El Presidente Barak Obama parece estar cumpliendo con su palabra de concluir con ese moderno campo de concentración, producto de la legítima pero desbordada e inequitativa cólera generada por los atentados del 11 de Septiembre de 2001, que fueron un hecho bisagra para la historia, donde en palabras del Presidente Bush, el mundo era catalogado entre buenos y malos, entre los que estaban a su lado o de lo contrario, del de los terroristas; nuestro país, acorde manda su gloriosa tradición a nivel internacional, colabora a su manera, para preservar la dignidad del derecho y la libertad de los que injustamente, pues hasta que se compruebe lo contario esa es la regla, se han visto privados de su libertad.
Hoy, esos exconvictos pueden decidir qué rumbo tomar, hacia dónde ir, y qué hacer con sus vidas, pues en el Estado Uruguayo, son personas que no han cometido delito alguno, ni aquí, ni allá, por ende, su tránsito es igual al suyo o al mío, y como nada han hecho, según la Justica, la de aquí y la de allá, son libres.
Este también es el pensamiento de nuestro gobierno y nos congratulamos de ello; también lo hacemos con la carta que nuestro Presidente le envió a su homólogo del norte y que también la dirigió a nosotros, su pueblo. En ella clama por la libertad de personas supuestamente sometidas a una situación similar a la de los recién llegados, y por el levantamiento del ya desproporcionado embargo económico contra Cuba; ambas cosas, con algún matiz, las compartimos ampliamente.
Pero creemos que ante tanta verdad, no abundaría ni sería excluyente que el Presidente Mujica, hombre que a estas alturas consideramos adepto a la estructura democrática,  también escribiera algunas líneas para sus amigos de Venezuela, Ecuador y Cuba, donde existen presos políticos, también sin debidos procesos ni sentencias condenatorias previo juicio ante tribunales “imparciales” como corresponde; detenidos algunos y perseguidos otros, que no han tenido más culpa ni han cometido otro delito que el de disentir con el gobierno de turno, y que han ejercido un derecho tan sagrado como lo es el de la oposición a regímenes, como el de Cuba, totalitarios y represivos; o han apoyado manifestaciones que arengaban contra la decadencia económica y la falta de libertades, como en Venezuela; o por el amordazamiento de la prensa, como en Ecuador.
Apoyamos el sinceramiento y la búsqueda de puentes para que nuestra América toda, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, sea un lugar de paz; lo queremos, pero sin hipocresías; decimos sí a la libertad; a la de todos.