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Tan uruguayos como nosotros

El voto consular no es un tema fácil de dilucidar. Por un lado estamos todos los que tenemos familiares en el extranjero y siguen prendidos al paisito, como el primer día que se fueron. Y que lo hicieron por razones económicas, por ese exilio que tuvieron que autoimponerse para poder vivir bien y tener condiciones decorosas, esas que por más que tuvieran estudios en nuestro país no conseguían.  voto [1]
A ellos los consideramos todos los días como si vivieran acá, como si estuvieran acá, porque así consideramos por ejemplo a los jugadores de fútbol. Hace poco tiempo, el futbolista uruguayo Luis Suárez, dijo en una entrevista al Canal 10 de Montevideo, que “vivo en Barcelona cada día como si estuviera en Uruguay”.
Señaló que concurre asiduamente a la parrillada de un amigo uruguayo en esa ciudad, donde pasa mirando la televisión nacional y discutiendo sobre los resultados del campeonato uruguayo, siguiendo en su caso como es notorio a Nacional. Entonces si mañana Luis Suárez plantea que él quisiera votar desde Barcelona para decidir quién podrá ser el próximo gobernante de su país, nadie le va a decir nada. Y tampoco nadie se atreverá a cuestionar que Suárez, al que le reclamamos que haga goles para nuestro país en países extranjeros como Rusia, tenga el derecho a votar, porque vive en el extranjero.
También consideramos uruguayos a los que estando en ciudades como Miami (Estados Unidos), o Palma de Mallorca (España), por nombrar solamente dos lugares en el mundo donde encontramos muchos compatriotas y sobre todo, muchos salteños, pasan enchufados y pendientes de cada cosa que pasa en nuestro país. Y dejan en muchos casos, miles de dólares en este rincón del planeta para hacer mover la economía a través de sus familias que aquí esperan los resultados de su trabajo del otro lado del mundo.
En esos casos, no les decimos que no son ciudadanos y que no pertenecen a nuestro pueblo oriental. Por el contrario, los vemos con buenos ojos cuando una cámara de televisión que ande por el mundo enfoque un plano y aparezca alguno de ellos con termo y mate debajo del brazo, o con la camiseta de la selección. Allí los reconocemos como iguales y nos contentamos que siendo tan poquitos, la diáspora siempre esté presente.
Pero cuando el otro día discutimos sobre su derecho a votar a mí se me vinieron varias cosas a la cabeza, que me hicieron confundirme por momentos. Empleando una situación particular, dije en la redes sociales que mis tíos, dos hermanos de mi padre, viven en Australia hace más de 40 años, cosa que es cierta, pero siempre están pendiente de su país y sacan chapa de uruguayos tanto en Sidney, como en cualquier parte del mundo que hayan visitado.
Sin embargo, ellos no quieren decidir sobre mi gobierno, aunque critican al mismo y cuestionan cada cosa que pasa, tampoco quieren votar, aunque quizás mañana cambiando de opinión y hasta exijan hacerlo. Pero analizando un poco más las cosas, creo que sería buena cosa que la diáspora sea considerada tan uruguaya como todos los que aquí vivimos.
Por lo tanto esos 500 mil compatriotas que están alrededor del globo, tienen tanto derecho a votar como el que tenemos nosotros, en tanto seres humanos y ciudadanos de este país. Pero sobre todo, porque ellos pueden aportar con su voto una visión diferente, algo que nosotros no vemos por el mero hecho de estar viviendo en este lugar, sin haber salido de él y por desconocer otras realidades que pueden ser favorables y aplicables a nuestro país.
Así lo han entendido países como Estados Unidos, Italia, Alemania y otros del primer mundo que tanto imitamos para algunas cosas, pero no para las que también deben ser consideradas a la hora de generar cambios sociales favorables para nuestra población.
Uruguay no puede permitir un derecho solamente cuando le conviene. La oposición habla del “voto Buquebús” por los miles de uruguayos que viven en Argentina y que vienen a votar utilizando los feriados que les daba el gobierno kirchnerista y la rebaja en el precio que otorgaba López Mena, como si ese fuera el paradigma del voto epistolar. Creo que se han quedado cortos y que no están viendo el bosque, por ver solamente el arbolito.
Deben considerar que los uruguayos somos todos, los que vivimos adentro del país y los que están afuera del mismo, incluidos nuestros futbolistas a los que tanto veneramos y seguimos fanatizados, sin darnos cuenta que también son uruguayos que trabajan en el exterior y que viven allá, pero a los que consideramos cercanos y les permitimos cualquier cosa. Cuando a un uruguayo que se fue a ganar el sustento en el extranjero, lo crucificamos y hasta le prohibimos expresar su opinión sobre el gobierno a través del voto.
Si bien la media sanción que tiene esta ley es inconstitucional, por lo que expresa la Carta Magna, debemos tener en cuenta que estamos haciendo mal sino reconocemos como buena cosa y sobre todo como un derecho humano fundamental, que los uruguayos que están afuera del paisito, son tan orientales como nosotros y no les permitamos votar.
De lo contrario seamos coherentes con nuestro pensamiento y desconozcamos a los integrantes de la selección que juegan en el exterior y nuestros representantes en la selección sean solamente jugadores del medio local.
Entonces ahí sí, seguiremos siendo 3,5 millones de personas y lo de la diáspora, será un invento.

HUGO LEMOS