Tendrán que sacudir la alfombra

Cuando miré hace algunos meses el filme Spotlight, que ganó el Oscar a Mejor Película en la última edición de los Premios más importantes del cine mundial, me impactó mucho. No solo por la brillante actuación de sus protagonistas que recrearon lo que en realidad fue un verdadero ejercicio del periodismo puro, real y de manera notable. Sino también porque tocaban un tema que a nosotros los salteños nos ha rozado muy de cerca, como han sido los casos de abusos de sacerdotes de la Iglesia Católica y el encubrimiento que en muchos casos se ha hecho de esto.
La investigación que hicieron los periodistas del prestigioso diario The Boston Globe, hace más de una década, sacudieron a toda una sociedad conservadora, católica y muy fría en varios aspectos como es la de la relevante ciudad de Boston, muy católica, que concentra poder económico y las universidades más prestigiosas del mundo como la de Harvard, pero que convivió durante décadas con la venda puesta sobre lo que ocurría en su propio cerno.
Este tema no es algo nuevo en el mundo y mucho menos para los países latinoamericanos, donde existe la mayor cantidad de feligreses de la religión católica del planeta y no en vano el Papa actual, proviene de estas latitudes. Pero claro, si bien la investigación hizo mucho ruido, tanto en Estados Unidos como en el Vaticano, llevado el tema a la industria del cine, en especial a Hollywood, a todos los que estamos vinculados al periodismo de una forma u otra, nos brota por los poros el tema, ya que en cierta medida aquí en Salto han pasado situaciones que nos han puesto los pelos de punta.
Y en cierta medida, si bien no hay pruebas determinadas ni específicas contra ciertos clérigos que en su momento fueron denunciados o vistos como cercanos a actuar con ciertas actitudes impropias para su investidura, pero quienes sí han llegado a ser sospechosos de prácticas de por lo menos insinuaciones a determinados menores, ya cuando eso pasa y la duda se plantea, el malestar no se oculta y las cosas ya no son como deberían ser.
La de Salto es una ciudad de mármol, me dijo hace varios años el actual Obispo Pablo Galimberti, por lo fría que encontraba a la comunidad local ante ciertas cosas que se pregonan en los templos, pero que no se practican en el diario vivir. Porque ser buen cristiano es andar a diario haciendo lo que Cristo dijo, y no ir una vez por semana a cumplir el papel social de verse las caras en la Iglesia como si fuera un evento y después juzgarse complacientes del mundo podrido en el que vivimos, al cual les recuerdo, lo pudrimos entre todos.
Quizás con el paso del tiempo Galimberti haya cambiado su parecer, no hemos vuelto a hablar de ese tema en particular aunque pronto tendremos que volver a hacerlo, pero a mí no es esa sociedad de mármol la que me preocupa, sino la sociedad cómplice, la que calla para mantener la apariencia, el status quo, porque en ese caso, de que haya complicidad en ciertas cosas non sanctas, como bien puede haberlas, porque ya nos pasó y menciono solo un caso horrendo, el de Pueblo Lavalleja con el hermano Víctor (hoy procesado) a la cabeza, algo que era un secreto a voces, es decir, se sabía pero nadie hablaba, si se descubre algo que todos saben o sospechan y nadie denuncia eso convertiría a esta sociedad, o al menos a gran parte de ella que levanta con loores el oropel de la Iglesia, en cómplice de crímenes que deberán pagarse.
No comparto que el ejercicio del periodismo pase por el dedo acusatorio facilongo y simplón, como muchas veces y no todas, lo ha hecho el programa Santo y Seña, con el cual me permito tener mis serias diferencias en el concepto de hacer periodismo, ya que los viví en carne propia cuando no fueron capaces de proteger a fuentes claves para un tema que quisieron tratar desde nuestra ciudad. Y esto, por más que ellos estén un poco más cerca de hacer periodismo todos los días y yo cada vez más lejos, no creo que esto pase por considerar que una persona pueda ser capaz de haber cometido una atrocidad y mostrarla, acusarla y dejarla en duda ante la sociedad y luego decir que hay versiones no confirmadas sobre las actividades de la misma, lo cual lo mismo da puesto que ya la escracharon ante la gente.
Pero me permito felicitarlos al menos por poner el tema en la palestra pública, por decirle a alguna gente de la Iglesia Católica que se han transformado en casta, que no son impunes y que tengan cuidado porque la sociedad irá tras ellos. Ese es el verdadero deber del periodismo, ser el perro guardián de los poderes públicos y ladrarles cada vez que se equivocan, y la Iglesia es un poder público, cuyos representantes deben obrar bien y ser ejemplo en la sociedad, porque ese es su objetivo, querer que la gente sea mejor persona, pero qué credenciales tienen quienes lo pregonan, es una cosa muy importante e interesante que debe saberse.
En ese sentido, deben respetar los valores morales que imparten y ponderar los derechos humanos, como el de la libertad de expresión y no hacer lo contrario, yendo al medio de comunicación a quejarse porque salieron fotos que ellos no querían y encima cuando les anuncian quién era el periodista a cargo de hacer la publicación, deslizan su malestar contra la persona y no contra el hecho periodístico, como si tuvieran derecho a juzgar a alguien y después a pararse frente a la gente a hablar de tolerancia, de respeto, de solidaridad, de honestidad, de humildad, de espiritualidad, valores que a algunas personas les quedan enormes y que si tienen un mínimo de conciencia tratarían de corregir sus pasos.
Sigo sosteniendo que hay curas que son realmente curas y hay otros que solo trabajan de curas, aunque estos últimos tampoco son los malos, porque los peores son aquellos que usan una investidura tan importante como sagrada, para ocultar sus defectos y maldades que deben quedar al descubierto por el bien de la sociedad, por el bien de los feligreses católicos y por el bien de la propia Iglesia Católica, que necesita darse un baño de humildad y lamentablemente por más que su líder máximo pregone con ese ejemplo y nos conmueve a todos, tiene a muchos de sus enemigos adentro de su propia sede, y deberá darle un sacudón muy grande a la alfombra para sacar el polvo, si es que en verdad quieren hacerlo, y ese sacudón debe alcanzar a todos los rincones del planeta, incluso a nuestra pequeña y apacible ciudad.
Pero vamos por paso. El año pasado saltó el escándalo de Pueblo Lavalleja, donde muchos niños eran abusados por un asistente del cura párroco, quien aparentemente no estaba enterado de nada y años antes, otro cura que asistía a unos reclusos, resbaló cuando le tomaron unas fotos comprometedoras y si bien le valió la expulsión a ese clérigo de la Iglesia, no se ha podido comprobar nada hasta ahora, al menos esa es la versión oficial, aunque nadie sabe exactamente qué fue lo que pasó.
Empero así seguimos y ahora hay denuncias, sospechas y actitudes impropias de quienes llevan una sotana, dicen ciertas cosas en el púlpito, pero actúan de manera muy distinta cuando caminan por las calles o cuando van manejando un vehículo.

HUGO LEMOS







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