Tener en cuenta a los otros

Otro tipo de sociedad es posible. Parece una frase hecha pero es algo que pensamos cada día cuando vemos ejemplos de convivencia en otros países que proponen estándares superiores de calidad de vida con poca cosa, solamente con ideas y propuestas proactivas para dinamizar a algunos sectores y para incluir a otros que la mayoría de las veces se los piensa incluidos y en realidad no hacemos otra cosa que dejarlos afuera casi todo el tiempo.
Hace poco que empecé a escuchar la palabra accesibilidad. Poco tiempo digo por algunos años atrás, que no son más de cuatro o cinco. Fue en Montevideo cuando teniendo la fortuna de haber estado haciendo durante algunos días un curso de formación en Gestión Cultural intercambiando con gente de todo el país, principalmente del interior, en el Centro Cultural de España, un joven de Mercedes que trabajaba para el MEC usó para ir a una de las clases una remera con la leyenda Accesibilidad.
Durante el transcurso de esa clase era inevitable que el tema no saliera. Entonces todos se pusieron a hablar del caso. Unos hablaban de qué era la accesibilidad, si era incluir a las personas en los lugares a los que no podían acceder por presentar limitaciones físicas de alguna índole y cómo hacían falta políticas que realmente entendieran que éste se trataba de un tema sensible, que comprendía a toda la sociedad y que tenía que operar un cambio de mentalidad importante para que los uruguayos comenzaran a plantear la necesidad de la accesibilidad.
Pero como todos los cambios, sobre todos los de percepción y mentalidad en la sociedad, el tema demora. En ese sentido, yo planteé como ejemplo que cuando hicieron el edificio de la Universidad de la República en Salto, que era considerado como el más moderno de la ciudad y en el cual el Estado había invertido en su momento 7,8 millones de dólares, los arquitectos olvidaron hacerle un desnivel para que pudiera ingresar alguien en una silla de ruedas, algo que fue corregido recién muchos años más tarde.
Y si los arquitectos que estaban encargados de construir el edificio de una universidad pública a la que se supone que asistirían cientos de personas, no fueron capaces de pensar en que a la misma podían asistir personas en sillas de ruedas, el mensaje que estaban dando era importante porque estaban ignorando a alguien que quizás quería concurrir a estudiar, pero tenía el inconveniente de tener que desplazarse en una silla de ruedas, ignorando en ese caso a un sector importante de personas de la sociedad, entonces ¿de qué estamos hablando?
Pero hasta hoy, el país no tiene una política sistemática y organizada que incluya a las personas que presentan distintas capacidades, o mejor dicho capacidades diferentes. Recién hace tres o cuatro años que en Salto hay un ómnibus que tiene una plataforma especial para que una persona que no pueda caminar tenga la oportunidad de usar ese servicio. Aunque eso es limitado, es una sola unidad, hay que ver a qué hora pasa y cuándo, aunque al menos es algo. Entonces ante las limitaciones de las que venimos hablando por parte del Estado para atender los requerimientos de estas personas, ¿no sería mejor darles otro tipo de atención?
Creo que en ese caso, una medida económica sería muy importante, no solo para quienes no puedan desplazarse por su propia voluntad, sino para aquellos que presentan otro tipo de discapacidades, como la falta de visión o trastornos de alguna especie. Y esa medida debería estar basada en los precios de los productos y servicios que se le ofrece al público en general, con una exoneración importante para que puedan acceder a los mismos sin mayores problemas, ya que por lo general estas personas no acceden al mercado de trabajo y eso debe tener sus consecuencias.
Entonces, así como la Intendencia de Salto y presumo que el resto de las comunas tendrán la misma política, cuentan con chapas matrículas que se entregan y se abonan de manera diferencial para las personas con discapacidad, porqué no generar exoneraciones en la adquisición de productos y servicios para las personas que presentan una disminución de sus capacidades totales. Sería una medida social justa y equilibrada que en cierta medida ayudaría a las personas a tener que acceder a determinados artículos, los que quizás hasta hoy le son necesarios para el desenvolvimiento en su vida cotidiana.
Por ejemplo, hay mujeres que usan bastones para poder desplazarse por tener problemas severos constatados en sus caderas, productos incluso en muchos casos de accidentes de tránsito que han sufrido en el transcurso de sus vidas y no pueden acceder a la compra de un lavarropas, que es de mucha utilidad, sobre todo en la situación en la que se encuentran, donde hacer fuerza les implica el doble de sacrificio que a una persona que cuenta con la plenitud de sus facultades.
Quizás parezca pueril y escaso de sustento mi comentario, pero pienso que hay aspectos tan simples de la vida en la que quienes gozamos de toda nuestra integridad física no nos damos cuenta que quienes lamentablemente no pueden movilizarse de la misma manera, le son muy importantes y así como en lo que me remití anteriormente, de la ausencia de una simple rampa en el punto de ingreso al edificio de la Universidad estatal, tenemos que cambiar la mentalidad para darnos cuenta cómo no estamos contemplando a un sector de la sociedad que necesita del Estado y también de sus ciudadanos para que los ayuden al natural desenvolvimiento de sus capacidades.
Por esta razón, es que planteo que quizás no sea el Estado el que tome la primera medida, sino que bien puede gestarse en el sector privado, que podría tomar la posta de esto y generar beneficios de compra a las personas que la adquisición de determinado producto le significara una mejora sustantiva en su calidad de vida por padecer una disfunción corporal que quienes tenemos el privilegio de tenerlas todas y entonces no las necesitamos.
Acaso es parte de la mezquindad del mundo en el que vivimos el no pensar en estas cosas, porque en cierta medida a nosotros el problema puede no llegar a tocarnos de cerca, pero tenemos que tener la cabeza lo suficientemente abierta como para darnos cuenta que nadie está a salvo de tener mañana un problema de estas características y sufrir una sociedad que encima que te pone obstáculos, te niega el acceso a determinadas cosas y además te genera una limitación hasta en el acceso a ciertos productos, como el caso de electrodomésticos, muebles, viviendas u otros elementos para poder aspirar dentro de todo a una mejor calidad de vida. Ojalá quienes tengan que tomar medidas de impacto, se den cuenta y quieran hacer algo para que esto cambie y se lo haga rápido.

HUGO LEMOS







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