Tenían que haber intervenido

El conflicto que vivieron en los últimos días los funcionarios municipales por no poder cobrar su salario en tiempo y forma, lo que trajo aparejado un paro total de actividades que dejó a la población sin los servicios de la Intendencia, dejó en evidencias otras fallas en los mecanismos de control que hasta el momento no habían sido advertidas, pero que ahora al menos dejan en claro que hay cosas que tienen que cambiar.
Si bien hasta anoche en varios barrios de la ciudad las bolsas de basura aún se amontonan y siguen esperando que los funcionarios municipales, que prometieron que una vez pudieran cobrar su salario irían tras ellas, hasta para lo cual conformarían unas “brigadas solidarias”, con funcionarios de otras reparticiones que los ayudarían a cumplir con el servicio de recolección, todavía no han podio cumplir con su promesa.
Las explicaciones han variado mucho y han sido diversas. Que “los camiones están rotos”, que “no hay dinero para arreglarlos”, que “no hay dinero para los repuestos”, que “no hay nafta para hacer circular a los vehículos”, que “cobramos el sueldo pero la carencia de recursos materiales es exactamente la misma”, entre otras cosas.
El caso es que siguen existiendo basurales, los residuos no se recogen por las demoras ante la falta de maquinaria y peor aún se expanden más en el aire y en la calle para provocar una contaminación mayor a la que se estaba dando.
Si bien los recolectores aducen que los problemas que se solucionaron fueron parcialmente los de sus haberes impagos, pero que las carencias con las que cuentan para trabajar aún perduran, porque la administración de gobierno sigue siendo la misma y en ese caso, no tienen “ni siquiera nafta” para hacerlo andar, tal como lo han denunciado a diestra y siniestra, hubo un tema que no fue advertido por las autoridades y es el del riesgo sanitario en el que Salto estuvo, y quizás aún lo esté, por la cantidad de basura que está dispersa en las calles de la ciudad.
Esta situación debió haber sido advertida por las autoridades sanitarias de nuestro departamento, una vez comenzado el conflicto que dejó a Salto sin recolección de residuos por espacio de diez días. Pero no fue así, nadie advirtió nada y dejaron que el hecho prosiguiera como si nada, porque como se trataba de un paro de los trabajadores de ADEOMS y coincidían con la rivalidad política de las autoridades de turno con el gobierno local, dejaron que el problema se notara para que así la gente se enojara con los que hoy gobiernan y se acuerde de éstos dentro de 5 años.
Pero mientras tanto, quienes quedamos como en posición de contraer alguna enfermedad o de contaminar nuestros alimentos éramos el resto de la gente, los que teníamos que ver cómo se peleaban los funcionarios con la administración porque ésta incumplió con el pago de los sueldos, lo que nos dejó sin basura y sin que nadie mediara para buscar una solución, al menos al corto plazo y resolver este asunto de la mugre.
Seguramente que la falta de decisiones para que el servicio de recolección de residuos fuera declarado como servicio esencial, o la carencia de actuación para evitar una situación dramática en materia de salud, de la que se estuvo a punto, es un problema de cabeza corta, de personas que creen que si actuaran en función de la responsabilidad pública que asumieron como funcionarios del gobierno, a los que toda la población le paga el sueldo, pensaron que no iban a ir en contra de una huelga con la que ellos seguramente estaban de acuerdo que se hiciera y en ese mismo marco, fue que tampoco actuaron según las facultades que tienen para evitar que haya una propagación de infecciones de algún tipo por la aglomeración de basura.
Las autoridades sanitarias debieron intervenir de inmediato y no esperar a que el presidente de la República, Tabaré Vázquez, haya demostrado interés por las noticias que sobre el tema aparecieron en la prensa, diciendo que analizaba enviar a alguien para hacer una supervisión de lo actuado hasta ahora en nuestro departamento y ordenar a que el Ministerio del ramo le remita un informe para conocer el problema de primera mano.
Cuando en Montevideo ADEOM le hizo un paro a la actual intendente, Ana Olivera, el entonces presidente José Mujica no dudó en sacar a los dos días al Ejército a la calle a recoger la basura. No es que la fuerza de tierra sepa hacer esa tarea, pero como soldados se adaptaron a las órdenes del presidente y cumplieron al menos con este servicio hasta que el sindicato de municipales de la capital levantara el paro.
Con esa medida, que Mujica adoptó en Montevideo se evitó a lo que aquí casi se llega, que fue poner a la población en un riesgo sanitario latente. Si bien se supo que hubo discrepancias entre las autoridades sanitarias locales por la forma de actuar, ya que un jerarca entendió que había omisión al no empezar a trabajar en este tema, los principales responsables de haber tomado cartas en el asunto minimizaron el impacto de la aglomeración de toneladas de basuras en las calles hasta último momento, incluso cuando se supo a través de un comunicado de la Presidencia, que el propio Vázquez estaba preocupado por lo que estaba pasando.
Ahora el paro de funcionarios municipales terminó, los trabajadores volvieron a restaurar el servicio y se espera que en poco tiempo Salto vuelva a ser la ciudad limpia a la que todos estamos acostumbrados, pero si dependiera de las autoridades sanitarias locales ponerse manos a la obra para tomar una medida que ayude a que no se repita un caso de estas características, porque ellos tomarían medidas para evitar que esto pasara pidiendo la declaración de esencialidad del servicio al Poder Ejecutivo o buscando formas de evitar contaminación ambiental, estamos en el horno. Porque más allá de cumplir con la orden presidencial, no hubo intervención para no complicar el paro de funcionarios municipales y todo por una cuestión política.
Así no se actúa, cuando se tienen responsabilidades públicas sobre todo por ocupar cargos de carácter político, se debe actuar con firmeza y con compromiso hacia toda la población, eso es lo que nos dará a los ciudadanos de a pie, la confianza en las instituciones para luego poder respetarlas y sentir que estamos garantizados por ellas.

HUGO LEMOS