Todavía cree lo contrario

Después de haber soportado meses de una campaña electoral que intentó ser fuerte, decisiva y generar expectativa entre quienes debemos ser convencidos por los candidatos y poner el voto en la urna el domingo que viene, para que ese candidato que intentó dejarnos pensando que él era el que tenía las cosas claras y que puede resolver nuestros problemas sea el que resulte ganador, las cosas no son tan tan, ni muy muy. Por lo cual la mayoría de los electores quieren que el asunto termine y lo haga ya.

Porque esto tiene al país semiparalizado, ya que no solo los parlamentarios están de licencia, sino que también lo están los sindicalistas, los funcionarios públicos y hasta los directores políticos de entes y organismos del Estado, que se dedican a hacer política y a venir a comer asados los fines de semana con sus subalternos, como para ver con qué bueyes están arando, algo que para quien dirige algún organismo público, un gobierno departamental o cualquier oficina pública es bien importante. Así sabe cómo actúa después sin meter la pata, o ganarse más enemigos que los que ya tenga.

A los políticos ya no les queda mucho más por decir, ya han dicho de todo, están los que han reseñado logros y los que han dicho que aún no tienen experiencia pero que quieren una oportunidad de hacer las cosas bien y mal, porque errarle en algo le van a errar. También están los que prometen hasta lo imposible, ¿total?, saben que no van a llegar y por eso dicen que poco más van a construir un hospital y van a hacer un aeropuerto en cada ciudad que visitan, sobre todo porque van a pelear por lo que nunca antes habían peleado desde sus lugares respectivos en la actividad política, hayan sido gobierno u oposición.

Aunque de igual manera tenemos que escucharlos a todos, a los que prometen, a los que dicen más de lo mismo, a los que solamente reseñan lo que consideran que han sido logros en su gestión, pero no subrayan lo que está mal como para mejorarlo y evitar que las cosas que no están bien, se corrijan. Porque de esa manera, después de escuchar a todos, de leer a todos, de preguntarles a todos, de mirar qué han hecho y qué quieren proponer ahora en todos los casos, iremos a votar concienzudamente, sabiendo que al menos estaremos eligiendo al menos malo, y en ese sentido y de igual manera, después le podremos reclamar que las cosas fascinantes que están prometiendo ahora no las ha cumplido, y en el difícil caso que sí lo hagan, los tendremos en cuenta para la próxima elección.

Pero como la etapa electoral tiene de todo, hasta pudimos ver a los jerarcas de organismos públicos que vinieron a Salto muy sueltos de cuerpo, a comer un asado de fin de semana, como si no hubiera problemas en sus respectivos menesteres por solucionar, y encima tener el tupé de decirle a los periodistas, que “menos mal que no vino un periodista de un diario que siempre me pregunta las mismas cosas (utilizó otro adjetivo más grosero), que por qué el cero kilo y hasta cuándo y bla, bla, bla”.

El hombre poco discreto y de poca monta para el cargo que ocupa, no es otro que un jerarca de Aduanas, el mismo que el pasado mes de abril del 2013, haciéndole creer a los salteños que actuando en procura de la defensa de la industria nacional y de todo lo que ello implica, sentado en su despacho desde la Ciudad Vieja, firmó un decreto por el cual fijaba la política de cero kilo en los pasos de frontera entre Uruguay y Argentina, porque creyendo ser un conocedor del asunto, sobre todo del relacionamiento entre sus funcionarios y los bagayeros (que ahora todos los aduaneros que uno consulta dicen que ahora sí, los informales no pasan más por el puente de Salto Grande porque tienen que vigilar el lugar ya que les pusieron cámaras y si no van a correr la misma suerte que los procesados de marzo del 2012), el jerarca pensó que firmando un acto administrativo iba a terminar con 200 años de historia de contrabando en la zona. Algo culturalmente arraigado y aprehendido por la sociedad local, que llevaría años hacerlo desaparecer.

Aunque realmente, luego de las manifestaciones vertidas el sábado en la noche en las instalaciones del Club Ferro Carril, donde estaba comiendo un asado y vaya a saber uno tomando qué cosa, el actual jerarca tuvo el tupé de referirse a quien esto escribe con un colega de este mismo medio, utilizando un lenguaje peyorativo y no acorde a su función, por ser alguien que lo consultó reiteradamente por los resultados de la resolución más importante para esta zona del país, de su administración al frente de la Aduana, el cero kilo.

Es que este iluminado contador devenido a funcionario de confianza política, por ser militante de un grupo partidario afín al vicepresidente Danilo Astori, no tuvo mejor idea que querer prohibir algo que es parte de la cultura local, como si eso diera resultado. Su acción me hizo acordar al chiste de un diario capitalino, donde un sujeto miraba la televisión y el informativista anunciaba que el gobierno había decidido terminar con la pobreza. Y cuando salió a la calle se encontraba con letreros que decían Prohibido ser Pobre. Acá pasa algo igual. El funcionario político, a quien le molestan las preguntas, no tuvo mejor idea para terminar con el contrabando que fijar una resolución que dice Prohibido ser Contrabandista.

Pero claro, cuando uno pasa por el bagashopping, al que tanto dice combatir pero sin éxito claro está, ya que el mismo sigue abarrotado de mercadería extranjera, tanto como antes de imponer esa absurda y ridícula medida, donde sus funcionarios ofician de policías, con una actitud hasta patoteril, con destrato hacia la gente, creyéndose impolutos, desafiando a quien quiera pasar un alfiler o un trapo de piso, con quitárselo por el bien de la industria nacional. En esa ridícula posición ha puesto este buen señor a sus funcionarios y es claro que seguiremos preguntándole por qué insiste en algo tan burdo como eso, mientras los contrabandistas se siguen enriqueciendo a paladas. Y quienes ostentan ahora incluso alguna empresita formal vendiendo algún producto nacional y poniéndose el mote de mayoristas, son quienes han burlado al Estado y se han enriquecido y no, quienes cobramos apenas un salario y le pagamos impuestos al Estado hasta por las dudas.

Aunque mientras esto sucede, la Aduana te saca el frasco de shampoo y el litro de aceite, para que la compra se haga donde corresponda, o sea, en el bagashopping y nada de dejar al sistema de mercado informal sin intermediarios, porque con el sueldo que les pagamos todos a algunos funcionarios de este organismo, al parecer no les alcanza. Así que estimado jerarca, seguiremos siendo los que preguntamos “p…..” como usted dijo. Para que se dé cuenta que ha hecho agua en este tema, por más que con su soberbia todavía crea lo contrario.

HUGO LEMOS

espués de haber soportado meses de una campaña electoral que intentó ser fuerte, decisiva y generar expectativa entre quienes debemos ser convencidos por los candidatos y poner el voto en la urna el domingo que viene, para que ese candidato que intentó dejarnos pensando que él era el que tenía las cosas claras y que puede resolver nuestros problemas sea el que resulte ganador, las cosas no son tan tan, ni muy muy. Por lo cual la mayoría de los electores quieren que el asunto termine y lo haga ya.
Porque esto tiene al país semiparalizado, ya que no solo los parlamentarios están de licencia, sino que también lo están los sindicalistas, los funcionarios públicos y hasta los directores políticos de entes y organismos del Estado, que se dedican a hacer política y a venir a comer asados los fines de semana con sus subalternos, como para ver con qué bueyes están arando, algo que para quien dirige algún organismo público, un gobierno departamental o cualquier oficina pública es bien importante. Así sabe cómo actúa después sin meter la pata, o ganarse más enemigos que los que ya tenga.
A los políticos ya no les queda mucho más por decir, ya han dicho de todo, están los que han reseñado logros y los que han dicho que aún no tienen experiencia pero que quieren una oportunidad de hacer las cosas bien y mal, porque errarle en algo le van a errar. También están los que prometen hasta lo imposible, ¿total?, saben que no van a llegar y por eso dicen que poco más van a construir un hospital y van a hacer un aeropuerto en cada ciudad que visitan, sobre todo porque van a pelear por lo que nunca antes habían peleado desde sus lugares respectivos en la actividad política, hayan sido gobierno u oposición.
Aunque de igual manera tenemos que escucharlos a todos, a los que prometen, a los que dicen más de lo mismo, a los que solamente reseñan lo que consideran que han sido logros en su gestión, pero no subrayan lo que está mal como para mejorarlo y evitar que las cosas que no están bien, se corrijan. Porque de esa manera, después de escuchar a todos, de leer a todos, de preguntarles a todos, de mirar qué han hecho y qué quieren proponer ahora en todos los casos, iremos a votar concienzudamente, sabiendo que al menos estaremos eligiendo al menos malo, y en ese sentido y de igual manera, después le podremos reclamar que las cosas fascinantes que están prometiendo ahora no las ha cumplido, y en el difícil caso que sí lo hagan, los tendremos en cuenta para la próxima elección.
Pero como la etapa electoral tiene de todo, hasta pudimos ver a los jerarcas de organismos públicos que vinieron a Salto muy sueltos de cuerpo, a comer un asado de fin de semana, como si no hubiera problemas en sus respectivos menesteres por solucionar, y encima tener el tupé de decirle a los periodistas, que “menos mal que no vino un periodista de un diario que siempre me pregunta las mismas cosas (utilizó otro adjetivo más grosero), que por qué el cero kilo y hasta cuándo y bla, bla, bla”.
El hombre poco discreto y de poca monta para el cargo que ocupa, no es otro que un jerarca de Aduanas, el mismo que el pasado mes de abril del 2013, haciéndole creer a los salteños que actuando en procura de la defensa de la industria nacional y de todo lo que ello implica, sentado en su despacho desde la Ciudad Vieja, firmó un decreto por el cual fijaba la política de cero kilo en los pasos de frontera entre Uruguay y Argentina, porque creyendo ser un conocedor del asunto, sobre todo del relacionamiento entre sus funcionarios y los bagayeros (que ahora todos los aduaneros que uno consulta dicen que ahora sí, los informales no pasan más por el puente de Salto Grande porque tienen que vigilar el lugar ya que les pusieron cámaras y si no van a correr la misma suerte que los procesados de marzo del 2012), el jerarca pensó que firmando un acto administrativo iba a terminar con 200 años de historia de contrabando en la zona. Algo culturalmente arraigado y aprehendido por la sociedad local, que llevaría años hacerlo desaparecer.
Aunque realmente, luego de las manifestaciones vertidas el sábado en la noche en las instalaciones del Club Ferro Carril, donde estaba comiendo un asado y vaya a saber uno tomando qué cosa, el actual jerarca tuvo el tupé de referirse a quien esto escribe con un colega de este mismo medio, utilizando un lenguaje peyorativo y no acorde a su función, por ser alguien que lo consultó reiteradamente por los resultados de la resolución más importante para esta zona del país, de su administración al frente de la Aduana, el cero kilo.
Es que este iluminado contador devenido a funcionario de confianza política, por ser militante de un grupo partidario afín al vicepresidente Danilo Astori, no tuvo mejor idea que querer prohibir algo que es parte de la cultura local, como si eso diera resultado. Su acción me hizo acordar al chiste de un diario capitalino, donde un sujeto miraba la televisión y el informativista anunciaba que el gobierno había decidido terminar con la pobreza. Y cuando salió a la calle se encontraba con letreros que decían Prohibido ser Pobre. Acá pasa algo igual. El funcionario político, a quien le molestan las preguntas, no tuvo mejor idea para terminar con el contrabando que fijar una resolución que dice Prohibido ser Contrabandista.
Pero claro, cuando uno pasa por el bagashopping, al que tanto dice combatir pero sin éxito claro está, ya que el mismo sigue abarrotado de mercadería extranjera, tanto como antes de imponer esa absurda y ridícula medida, donde sus funcionarios ofician de policías, con una actitud hasta patoteril, con destrato hacia la gente, creyéndose impolutos, desafiando a quien quiera pasar un alfiler o un trapo de piso, con quitárselo por el bien de la industria nacional. En esa ridícula posición ha puesto este buen señor a sus funcionarios y es claro que seguiremos preguntándole por qué insiste en algo tan burdo como eso, mientras los contrabandistas se siguen enriqueciendo a paladas. Y quienes ostentan ahora incluso alguna empresita formal vendiendo algún producto nacional y poniéndose el mote de mayoristas, son quienes han burlado al Estado y se han enriquecido y no, quienes cobramos apenas un salario y le pagamos impuestos al Estado hasta por las dudas.
Aunque mientras esto sucede, la Aduana te saca el frasco de shampoo y el litro de aceite, para que la compra se haga donde corresponda, o sea, en el bagashopping y nada de dejar al sistema de mercado informal sin intermediarios, porque con el sueldo que les pagamos todos a algunos funcionarios de este organismo, al parecer no les alcanza. Así que estimado jerarca, seguiremos siendo los que preguntamos “p…..” como usted dijo. Para que se dé cuenta que ha hecho agua en este tema, por más que con su soberbia todavía crea lo contrario.