Todos nos acordamos de ese día

Era cerca del mediodía y el nuevo edificio de la Regional Norte todavía tenía sellada con chapas la zona de los pisos 3 y 4. Por lo tanto, la mayoría nos congregábamos en el hall de ingreso. Allí estaba junto a una compañera de estudios, hoy una de las abogadas más prestigiosas de Bella Unión, conversando de distintos temas.
En eso ingresa un compañero que lleva el nombre de un poeta francés y comentó el hecho con sorpresa, lo observamos extrañados y le preguntamos qué película había mirado. El sujeto nos insistía en lo que estaba ocurriendo en ese preciso instante a miles de kilómetros pero que ya lo transmitía en vivo la televisión por cable y nosotros, lejos de creerle, seguimos conversando pero ya con cierta sospecha de que no todo andaba bien.
De pronto, fue quedando despoblado el espacio donde a esa hora comúnmente había muchos estudiantes que se concentraban a conversar, a hacer gestiones ante la Bedelía o a ir a la biblioteca y llamó la atención que algo extraño estuviera pasando. Nos despedimos con mi compañera y me dirigía mi casa, eran más de las once de la mañana del 11 de setiembre del 2001 y al salir del edificio de la Regional Norte y subir por la calle Misiones hacia Artigas, me encuentro con otro de mis compañeros, que conociendo mis inclinaciones políticas me hizo un (mal) chiste “¿estás contento ahora que le tiraron las Torres Gemelas?”.
Entonces “¿es verdad?” le pregunté, sin que él entendiera mucho de porqué lo decía así, pero cuando él me lo dijo yo recordé de inmediato lo que minutos antes me había expresado mi otro compañero, a quien había subestimado y no le había creído una sola palabra.
En ese momento corrí hasta mi casa, que estaba a unas cinco cuadras de la Universidad. Entré corriendo y allí estaba mi padre mirando CNN. No me dijo una sola palabra de nada. No habló del tema, solo me miró entrar y miraba la pantalla impávido. Ya había caído la primera torre y con ello una visión surrealista del mundo se apoderaba de nosotros, generándonos temor e incertidumbre, pese a estar situados en ese mismo momento a miles de kilómetros del lugar, todos, sin analizar mucho las cosas, sabíamos que estábamos ante un fenómeno de escala global que tarde o temprano nos alcanzaría de una u otra manera.
Luego vino todo lo demás, silencio, oscuridad, consumo masivo de medios de comunicación para tratar de entender de qué se trataba todo esto, aunque la confusión era casi absoluta. Horas más tarde conocí nuevas vías de comunicación como el Skype, o los primeros intentos de algo similar, donde un grupo de personas cuya identidad estaba basada en el Talibán, algo hasta ese entonces desconocido para mí y para la mayoría de los que vivimos de este lado del planeta, daban una conferencia de prensa diciendo que ellos no tenían nada que ver con lo acaecido, algo que no lográbamos comprender porqué alguien quería desprenderse del asunto tan rápido, hasta que nos dimos cuenta días después, porqué le estaban sacando el cuero a la jeringa.
Estados Unidos ya le había atribuido casi al mismo tiempo de ocurrido el hecho, el ataque a ellos. Más tarde se sabría que el gobierno de Bush hijo, ya había sido alertado sobre un inminente ataque en suelo americano.
Creo que no hay persona en el mundo que no recuerde qué estaba haciendo esa mañana, cuando el Nuevo Orden Mundial comenzó a instalarse paulatinamente y el mundo ya no fue igual. Todos estábamos haciendo algo que de alguna forma se vio interrumpido, en todas partes del planeta, para terminar mirando en la pantalla esa catástrofe que se trataba mucho más que de un atentado terrorista. Era la manifestación del terror y la tragedia, pero y sobre todo, por dónde había ocurrido y por cómo había sucedido. Habían golpeado al corazón de la economía mundial, al epicentro del poder, donde todos los hilos de la política global se manejaban y al haber estallado, el impacto sería a escala global, sin excepción.
Fue entonces que comenzaron a producirse crisis económicas en los países más pobres, entre ellos el nuestro, conflictos en los países europeos que tuvieron que fortalecer sus economías, haciendo estallar así a las nuestras que en ese momento empezaron a pagar los primeros platos rotos, en tanto Estados Unidos tuvo el momento justo para justificar su nuevo experimento, empezó a desarrollar un nuevo concepto en lo que refiere a los conflictos bélicos, la Guerra contra el Terrorismo.
Se trata de algo que no tiene un objetivo claro, que no tiene individualizado al enemigo, sino que desarrolla mucha logística por parte de la industria armamentista con el fin de poder reubicarse en todo el planeta, ingresar donde le habían cerrado las puertas y empezar a ganar el terreno perdido tras la finalización de la Guerra Fría y así tomar el control una vez más del planeta, capitalizando una de las principales riquezas naturales como es el petróleo, para lo cual no dudó en apuntar a Medio Oriente y hacerse de algunos países como Afganistán e Irak, aduciendo una batalla por la libertad, que solo ha dejado muertos, daños colaterales de todos los calibres y un nuevo lugar para liderar el planeta.
Tras eso y todas las conjeturas planteadas en torno a lo realmente ocurrido esa mañana en Nueva York, muchos nos preguntamos sino había una teoría de la conspiración que estuviera detrás de esos atentados, más que cinco cretinos que usaron el nombre de Alá para cometer la muerte de civiles inocentes, algo que no justifica el Islam ni Dios alguno.
El 11 de setiembre fue la excusa perfecta para que Estados Unidos recuperara el espacio perdido en 1991. Pero ¿es una demencia pensar que fueron diez años de planificación y organización de parte de las agencias de inteligencia de la principal potencia mundial, para ejecutar un ataque que les diera luz verde y así volver a recuperar el Medio Oriente y quedarse con el petróleo?
O al menos podemos decir que los terroristas que elucubraron esa macabra acción contra la icónica nación de la libertad y la democracia en el mundo, le hicieron un favor enorme a quienes manejan los intereses globales y con ello los habilitaron a cambiar el tablero y a reposicionarse para volver a manejar el mundo a su antojo.
Lo que pasó ese día realmente, quizás nunca lo sepamos. Lo cierto es que dos aviones estallaron contra las Torres Gemelas y más de 3 mil personas perdieron la vida, que si el ataque se hubiera perpetrado horas después habría muerto mucho más gente y que hay algo de cierto en que fueron terroristas los que estuvieron dispuestos a sacrificar sus vidas y así lo planificaron.
Recuerdo incluso y esta es la pura verdad, que un día antes de los atentados, el 10 de setiembre, en la casa de mis padres vi una película con Denzel Washington y un gran elenco, donde el reconocido actor oficiaba como un agente de la CIA que combatía el terrorismo en su país y en una de las escenas, concurren a una toma de rehenes y al llegar la prensa, el destacado actor afrodescendiente ordenaba -en la película- el retiro de los medios porque aducía que los terroristas, los esperaban para cometer el acto de barbarie.
En el caso del 11 de setiembre todos vieron todo en vivo y en directo. Primero a un avión que se estrelló contra una de las torres y cuando la atención de todos los noticieros estuvieron enfocados en eso, llegó el segundo avión y fue al acabóse.
Como dije al principio, todos nos acordamos qué fue lo que ocurrió esa mañana en nuestras vidas, y quizás al final, eso pueda llegar a tener sentido.

HUGO LEMOS







El tiempo

Ediciones anteriores

noviembre 2018
L M X J V S D
« oct    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

  • Otras Noticias...