Un endeudamiento que asusta

Nuestro país sigue teniendo un importante problema, es muy caro para vivir y la gente quiere poder consumir todo lo que esté a su alcance. Quizás sea porque somos un mercado muy pequeño y por eso los costos se encarecen, pero también porque tiene un sistema tributario muy complejo y sofisticado, haciendo que la mano de obra sea una de las mas caras del mundo, lo que no permite que haya ventajas comparativas favorables para que ingresen bienes de otros países que puedan ayudar a disminuir los costos que tiene, por ejemplo, una canasta básica y así hacer romper con el reclamo común de la población, que pasa por poder cobrar más salario para alcanzar el sueño de querer vivir bien. economia
En Uruguay un trabajador promedio gana entre 25 y 30 mil pesos mensuales, monto que le alcanza justito a un jefe de familia para poder pagar un alquiler y las cuentas básicas como UTE, OSE, ANTEL, la televisión por cable, y hasta quizás, un contrato de un servicio de telefonía móvil. Pero ahí empiezan los problemas, porque además la gente quiere comer todos los días, con el costo que eso implica para el bolsillo de cualquier persona y más cuando se tiene hijos, y poder tener un vehículo que le permita trasladarse. Cosas básicas del mundo de hoy que imponen que la gente deba ganar, por lo menos el doble de lo que perciben habitualmente en un trabajo.
Por lo tanto, esto quiere decir que la gente para poder vivir ha tendido, como no podía ser de otra manera, a endeudarse y los propios comerciantes que hoy ponen el grito en el cielo porque estas cosas ocurren, son los grandes responsables, junto con los propios consumidores, de este nivel de endeudamiento interno por el que estamos atravesando en el país, el que ha llevado a que exista un estancamiento en los niveles de crecimiento económico y problemas que incluso han terminado en la desaparición de muchas empresas, producto de las bajas ventas que han tenido de sus productos, que son entre otras cosas, consecuencia de la pérdida del poder de compra que han tenido los trabajadores.
Algo que no se da solamente porque el sistema tributario impacta de lleno sobre las cabezas de los jefes de hogar y de los comerciantes, productores e industriales y lo hace con todo su peso, con el mayor rigor posible y exigen a la gente que pague o pague, así no tenga para comer o se desfinancie, algo que va a contrapelo incluso de esa conducta fiscal que nos pide el gobierno que tengamos los uruguayos para no provocarnos un daño a nosotros mismos.
Pero cuando viene la DGI y dice que le quedaste debiendo IRPF del año anterior, con todo lo que ya le pagaste, así haya sido por un error en los descuentos del anticipo anual, el sistema no te perdona y ese desembolso para cumplir con los impuestos personales implican una desestabilización de tu economía, algo que el Estado debería tener en cuenta para no generarle más problemas a los uruguayos que están soportando el costo de haberse endeudado y de querer ganar más dinero para poder cubrir con los gastos habituales.
En ese aspecto, la cultura fiscal que pretende el gobierno que tengamos los uruguayos pasa también porque el propio gobierno controle realmente los gastos públicos y no dé un mensaje negativo, como el de que en la próxima ejecución presupuestal se va a endeudar en más de 172 millones de dólares, porque si eso se traslada a una casa de familia, es como decir que el jefe del hogar establezca en su casa que el próximo año va a gastar mucho mas de lo que tiene, porque de alguna manera tienen que sobrevivir y eso a la corta puede ser beneficioso para el conjunto familiar, pero a los pocos meses impactará de una manera muy negativa al punto que puede generarle mayores problemas y terminar perdiéndolo todo.
A lo que voy es a que el gobierno debe reconocer que el problema del desempleo, de la falta de oportunidades, de que haya tantos reclamantes en la calle por aumentos salariales y de que al conjunto de la gente la plata no le alcance para llegar a fin de mes, pasa porque los costos que tenemos son muy elevados producto de muchas cosas, como el hecho de ser un mercado muy pequeño, de tener altos impuestos para todos los sectores de la actividad y porque cuando hubo dinero circulante y la gente tenía dos pesos más en el bolsillo, permitieron que vinieran todas las financieras habidas y por haber, y ofrecieran de manera indiscriminada sus “productos” a todas las personas que andaban caminando, ganaran lo que ganaran, con tal de apoderarse de sus ingresos, algo que no resistió la tentación de la gente y al final lo terminaron logrando.
Hoy todo el mundo, en más o en menos, gana muy por debajo de lo que ganaba hace algunos años por varios motivos, uno de ellos es porque está pagando lo que consumió hace cuatro años, cuando compró varios electrodomésticos con una tarjeta que le dijeron que le cobraba el más bajo interés de plaza, y era un slogan publicitario para hacerlo entrar por el aro y quedar hoy, entre deuda de capital, multas y recargos, con por lo menos el 50 % de su salario en la mano.
No obstante, este sistema brutal de imposición del mundo financiero sobre los consumidores comunes y corrientes, fue permitido por un Estado que debía al mismo tiempo que soltó la bolsa, empezar una campaña de conducta fiscal para las personas que por primera vez veían un plástico y pensaban que se pagaba solo.
Porque si no educaban a la gente, estaba cantado que el ser humano como tal iba a querer comprarse todo lo que veía a su paso, algo que después generaría una bola de nieve que le ataría las manos por endeudarlo y con la lesiva ley de inclusión financiera (o mejor dicho de bancarización y exclusión de los mas vulnerables) que inventó el gobierno, terminó de ejecutar a un pueblo, porque hoy nadie puede evadir una deuda con una empresa de este tipo o con un banco, y con ello los problemas se acrecientan.
Creo que el gobierno aun está a tiempo de empezar a ver la posibilidad de buscarle una salida al endeudamiento de la gente, pero debe trabajar sobre ello ya, sin dejar pasar mas tiempo, porque sino cuando quieran acordar será muy tarde y en ese caso la gente no solo no podrá comprar mas nada en el almacén de la esquina, sino que ya tampoco podrá comer y ahí las cosas sí se pondrán bravas.

HUGO LEMOS







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