Un nuevo horizonte

Fidel Castro ha muerto y el mundo se conmueve. Muchos lo lloran y destacan su figura como una personalidad mundial que ha hecho cosas importantes por su pueblo. Mientras que otros celebran la extinción de su vida. En el medio de estos, están los cientos de millones de personas a los que Fidel, les importa un bledo.
En lo personal me ocupé de leer muchas cosas sobre él, no solo para saber quién era según el que me lo contara, sino que además leía y escuchaba entrevistas, leía sus cartas en Granma (el periódico oficial del régimen, aunque el resto también lo son de lo contrario no podrían circular) y así me hice una idea según lo que él decía, de cuál era su visión del mundo justo y próspero, algo que dista de ser lo que es Cuba hoy.
Su Revolución le llegó al pueblo con mucha alegría, inspirando confianza y esperanza al derrotar al dictador Fulgencio Batista que había hecho de esa isla, el prostíbulo de Estados Unidos. Impuso cambios de raíz a favor de la gente, dándoles acceso pleno a la educación y a la salud para todos sus habitantes, pero todo terminó allí. Y para los cubanos las cosas se reducen en eso. Porque con el devenir del régimen la vida ya no fue tan próspera, ni tan esperanzadora, como pintaba al principio.
La sociedad cubana debió plegarse a base de fuerza bruta, sangre y opresión al régimen comunista que Fidel Castro instaló en la isla al no encontrar al gobierno norteamericano como aliado de su hazaña y de su manera de querer hacer las cosas.
En plena Guerra Fría pactó el apoyo con la Unión Soviética y fue el primer país con un régimen marxista en el continente. Si bien su propaganda vendía justicia social, implantó por la fuerza una dictadura marxista ortodoxa, donde hubo supresión de libertades individuales suplida por un control total del Estado sobre el comportamiento de sus habitantes. Y eso es lo que generó las sombras de su personalidad.
Cuando se cambia la libertad por un plato de comida, las naciones no prosperan y los pueblos se vuelven oprimidos, por lo tanto todo sueño de justicia social e igualdad de oportunidades se derrumba y sucumbe ante la opresión. Hubo un adoctrinamiento importante de la sociedad en estos 57 años de Revolución Cubana que ha generado de todo, pero sobre todo apoyo en gran medida al régimen, al menos en gran parte de sus habitantes.
Si bien ha tenido sus aspectos positivos, porque toda la gente pudo acceder a educarse y a tener el derecho a asistir a una policlínica si se enfermaban, el querer prosperar por uno mismo está prohibido, así como también el pensar diferente y querer manifestarse a través de un partido político con aspiraciones de gobierno, porque la dictadura impone un sistema de partido único, donde el presidente siempre va a ser del mismo partido y quienes quieran tener un partido que sea liberal, corren el riesgo de ser puestos en la cárcel, por decir lo menos.
La libertad de prensa no existe y hay una sola cara de la verdad, la que dice el gobierno a través de los medios de comunicación. Y eso en países como Uruguay no se concibe, la libertad de expresión y del pensamiento ha permitido a lo largo de los años, a excepción de las dictaduras, que en nuestro país haya espíritu crítico en la población y rotación en el poder según la expresión soberana de la voluntad popular.
Lamentablemente Cuba está relegada en ese sentido, no respeta los derechos humanos sino que más bien los viola al no permitir libertades políticas, controlar la libertad de culto, suprimir la libertad de prensa y prohibir la libertad de expresión, donde si un grupo de ciudadanos, sean 10, 100 o miles quieran manifestarse legítimamente contra quienes los gobiernan, no pueden hacerlo porque serán reprimidos. Y eso, tristemente es lo que queda, más allá de aspectos positivos que puedan ser considerados.
Cuando en Uruguay gobernaba por segunda vez Julio María Sanguinetti (quien tuvo la delicadeza de invitar a Fidel Castro al país en 1995 y a quien visitó después en 1999 en la Cumbre de las Américas que se llevó a cabo en la isla con algunas ausencias por cuestiones ideológicas pero no con la de Uruguay), y los funcionarios públicos hacían paro, él no atendía sus reclamos pero sí les decía que tenían el privilegio de hacer paro por vivir en un país con libertad y democracia. Quizás faltaba el plato de comida, pero la libertad y democracia según Sanguinetti estaba, lo que en definitiva permite conseguir más comida porque si hay libertad, hay oportunidades. En cambio en Cuba habría un plato de comida, pero falta libertad y eso no permite oportunidades, lo que es el gran debe de un sistema casi justo.
Con todo, el pueblo cubano se ha mantenido siempre ahí, paciente, estoico, con la excusa del bloqueo económico de Estados Unidos como tranca del desarrollo, viendo cómo los ciudadanos que están muy cercanos al gobierno en La Habana viven de una manera y una maestra de Matanza o un médico de Cienfuegos, sobreviven de forma muy distinta.
Desde el sur del continente a través de las imágenes que se han difundido una y otra vez, y por el testimonio de quienes han visitado la isla, hemos sido testigos de cómo muchos sufren la desesperación de lanzarse al mar en busca del sueño de libertad, también vimos cómo cada vez que salían del país las delegaciones deportivas cubanas regresaban luego con muchos menos integrantes que los que habían salido, porque varios pedían asilo en el lugar que visitaban y encima de tener que abandonar su tierra, buscando algo tan básico como la libertad, debían soportar una campaña de desprestigio donde los tildaban de “ratas”.
Y como siempre, una cosa es ser comunista en Cuba y vivir como tal, y otra muy distinta es decir ser comunista y vivir en países como Uruguay, donde hay libertad para poder decirse ser una cosa y vivir como uno quiera.
Hoy el pueblo cubano vive momentos de tristeza, siente soledad por haber nacido la inmensa mayoría de él bajo el régimen de un Fidel Castro y de su omnipresente figura que ya no está. Desde hace 10 años vive un proceso de transición dentro del mismo régimen y ahora por primera vez, siente incertidumbre, porque el padre de la criatura, el que le dio vida a la Cuba que tienen hoy ya no está y lo que vendrá quizás sea distinto, quizás los cubanos quieran tomar el poder en sus manos y acaso ver la posibilidad de empezar a soñar con un sistema nuevo, diferente y del que tanto se habla en el mundo, la democracia.
Por ahora, todas las crónicas que llegan desde La Habana hablan de lo mismo, silencio absoluto, quizás algo de temor, dolor sin dudas por lo que ha sido todo esto, pero sobre todo una gran interrogante por lo que vendrá. Nadie lo sabe, pero lo que los cubanos esperan es lo que quizás las nuevas generaciones estén dispuestas a lograr con un país que precisa cambios para que su gente pueda respirar a su manera.
Acaso sin Fidel detrás del liderazgo del gobierno, quizás otra Cuba, una que respete la libertad que sus habitantes necesitan tener, pueda ser posible. Pero en todos los casos, todo depende de ellos.
Pero mientras esto sucede en el contexto internacional, donde decenas de periodistas, analistas e historiadores se descerebran.

HUGO LEMOS







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