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Un recuerdo hemipléjico

La primera vez que escuché hablar de Líber Arce fue un 14 de agosto de 1999. Estaba sentado en los antiguos salones 6 y 7 del exedificio de la Regional Norte, donde ahora funciona la Universidad Católica. Era el subsuelo que se dividía por una antigua mampara de madera donde se formaban dos amplios salones de clases. Pero allí también se hacían las famosas peñas universitarias que los alumnos de las distintas facultades organizábamos con mucho entusiasmo.
Me acuerdo que ese año la Facultad de Química había empezado los cursos del primer año en Salto y los estudiantes de esa carrera hacían el Quimilombo, que eran unos bailes fantásticos a los que acudíamos todos porque siempre nos divertíamos y además servían para terminar de confraternizar porque nos terminábamos de conocer todos ese lugar, en el que prácticamente todos éramos estudiantes pero también se colaban los docentes y los funcionarios más jóvenes de la Regional con quienes todos pasábamos a ser uno solo, acodados en la cantina. liberarce [1]
Sin embargo, ese lugar también se prestaba para la realización de actos y reuniones más importantes en la universidad estatal, en momento que yo cursaba el primer año de la carrera de abogacía.
Por eso el primer 14 de agosto que recuerdo en el que se habló de la muerte de tres estudiantes universitarios durante una manifestación en el año 1968, a manos de la represión del gobierno pachequista de la época como lo fueron Susana Pintos, Hugo de los Santos y el emblemático hasta por su propio nombre que parece sacado de una novela de cuentos, Líber Arce, estábamos todos sentados allí, escuchando la historia narrada por los oradores.
Entre ellos se encontraba el entonces director de la casa de estudios, el Dr. Julio Irigoyen, un universitario de ley que se la jugó siempre por la sede local de la universidad hasta en los tiempos más duros como los del año 2002, cuando muchos perdieron todo y nosotros los estudiantes, un año entero a causa de que el gobierno de la época no le daba dinero a la Universidad para que esta funcionara, porque había cosas más importantes para ellos como salvar a los bancos que al final se los tragaría la mismísima crisis.
Julio Irigoyen había estado en esa manifestación del año 68, él era estudiante de Veterinaria y vivió como pocos ese cruento episodio de la vida del país que junto a una oleada revolucionaria de la época en varios países del mundo, apoyados a su vez por Jean Paul Sartre y el Mayo Francés en París, pero principalmente por la oleada de los países del continente que se vieron entusiasmados por la entonces prometedora Revolución Cubana que a la postre se convirtió en una dictadura más y que hasta ahora sobrevive suprimiendo las libertades individuales de su propio pueblo y les prohíbe hasta oponerse al régimen bajo pena de cárcel, era lo que se vivía por esos años.
Actualmente se ha perdido un poco el sentido de todo esto. Un poco porque han pasado los años y además de aquella triste historia del 14 de agosto del 68, han pasado muchas cosas más que también nos han salpicado y nos lastiman a quienes creemos en la libertad en todas sus formas, en la vigencia derechos humanos y en el sistema democrático en su máxima expresión que no es otro que el que alienta la pluralidad de partidos políticos, porque eso garantiza el respeto a la diversidad de ideas y de corrientes de opinión.
Empero, los grupos que hoy recuerdan a Líber Arce y plantean marchas y actos en su memoria, se olvidan de los cientos de muertos que han dejado las dictaduras del continente por este mismo tema. Desde la chilena de Pinochet hasta la cubana de los hermanos Castro, que son exactamente la misma cosa. Donde se prohíbe la libertad y se ejecuta o encarcela a los opositores.
Lastimosamente, muchos de los que hoy dicen defender el ideal que dejaron los llamados Mártires Estudiantiles como lo fueron Líber Arce, Hugo de los Santos y Susana Pintos, se llaman a silencio cada vez que en Venezuela las fuerzas del gobierno del déspota de Nicolás Maduro asesinan impunemente a un estudiante que sale a la calle a exigir libertad y que el gobierno represor de ahora, se vaya y convoque a elecciones.
Esos mismos estudiantes, donde muchos de ellos son militantes de distintos grupos de izquierda, mantienen una hemiplejia supina en estos casos, porque cuando nosotros salíamos a la calle a gritar libertad, lo hacíamos contra un gobierno que entendíamos que estaba horadando nuestro derecho a estudiar, pero no le mirábamos el pelo sino la acción. Sin embargo, estas personas, que muchos de ellos se autodenominan Movimiento Estudiantil, pero que no representan ni por asomo a la mayoría de los estudiantes de los distintos centros de enseñanza, evocan a Líber Arce pero defienden gobiernos autoritarios como los que dieron muerte a su homenajeado, en este caso, le rinden pleitesía a Maduro y se olvidan de los miles y miles de venezolanos que salen a la calle a pedir libertad y democracia.
Asimismo, la propia Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay (FEUU), a la cual pertenecí en su momento con mucho orgullo, mantiene en su acción un doble discurso que asusta, al defender la represión y muerte contra los venezolanos, acusando a las propias víctimas de ser culpables de su muerte por salir a manifestarse y no hacer como en la reprimida Cuba, donde la gente no puede hablar en público en contra del régimen ni mucho menos salir en grupos a la calle para cuestionar a sus gobernantes.
Este tipo de manifestaciones de apoyo a gobiernos autoritarios y represores como los de Cuba y Venezuela, que realizan los grupos estudiantiles como algunos gremios y nada más y nada menos que la FEUU, en vez de hacer que los estudiantes de ahora le rindan tributo a los Mártires Estudiantiles asesinados por el gobierno de Pacheco Areco en el 68, solamente justifique al gobierno que los reprimió porque, según su pueril razonamiento, esos estudiantes no tenían nada que salir a manifestarse ni a cuestionar el régimen de entonces, que llegó a gobernar con Medidas Prontas de Seguridad y que impuso un candidato a dedo para fraguar una elección como fue el extinto Juan María Bordaberry, que al igual que Maduro fue electo por el voto popular y terminó dando un golpe de Estado al suprimir el parlamento.
Hoy recuerdo a los Mártires Estudiantiles desde el dolor de saber que en un país hermano como Venezuela, que en su momento le abrió las puertas a cientos de compatriotas exiliados por la dictadura uruguaya, y que no dijo ‘que los uruguayos solucionen sus problemas entre ellos y nosotros no nos metemos en eso'; como sí lo dicen muchos en nuestro país y que lo único que quieren es tapar el sol con el dedo para que las izquierdas del continente no se vean salpicadas con el autoritarismo de Maduro, donde las cosas están mal, patas para arriba.
Pero lamentablemente en el mundo del revés, hoy muchos recordarán a los estudiantes caídos por defender la libertad y la democracia hace casi 50 años, y a su vez justificarán la represión de otros tantos que también salen a la calle a hacer lo mismo, pero en nuestros días y por acá cerca.

HUGO LEMOS