Un reencuentro con la historia

Dos viejos amigos se reencontraron, se dieron un abrazo y sus ojos se les llenaron de lágrimas porque al verse de nuevo, seguramente se les vinieron un montón de recuerdos juntos a la cabeza. Podía tratarse de dos veteranos del barrio, dos de esos jubilados que se conocen de muchos años por haber trabajado juntos y por haber hecho, en sus años mozos como dirían ellos, cosas muy importantes al menos para sus vidas, cosas que se estampaban en sus mentes como un álbum fotográfico. promesas
Pero no, resulta que se trataba de uno que fue dos veces presidente del Uruguay y otro que fue elegido por la ciudadanía en tres oportunidades para ser el Intendente de Salto. Eran Julio María Sanguinetti y Eduardo Malaquina, dos piezas vivas de la historia del Siglo XX y del comienzo del siglo actual, que todavía están allí, vivitos y coleando, aún expresando ideas y sentires, que son muy bienvenidos en épocas donde después de ellos, ha pasado de todo.
Sanguinetti, al igual que Tabaré Vázquez y José Batlle y Ordóñez, tienen el privilegio de haber sido los únicos tres uruguayos que a lo largo de la historia del país, su pueblo los eligió por dos veces no consecutivas, para ser los presidentes del país. Pero Malaquina es el único que ostenta el honor de que el pueblo de Salto lo haya elegido durante tres veces, para que fuera el Intendente de Salto. Al punto que una de las bromas más frecuentes que me hacían mis amigos de la capital, cada vez que viajaba sobre todo cuando estaba involucrado en el gremio estudiantil de la Universidad, era ¿cómo está la Intendencia Municipal de Malaquina?
Y aunque entre Sanguinetti y el exintedente salteño podían haber tocado muchos temas en sus reencuentros, por los temas que les tocó vivir durante diez años mientras uno era presidente y el otro intendente, como el recibimiento al Papa Juan Pablo II, o su posterior viaje al Vaticano en visita oficial en representación del Uruguay, o sus frecuentes reuniones en Montevideo, o la creación del primer centro CAIF del país en nuestra ciudad, o la inauguración del Cerp del Litoral en nuestro medio, instancia que también la vivieron juntos en aquel entonces, ellos eligieron tocar un solo tema, y fue nada más y nada menos que la lucha porque la Universidad se quedara en Salto.
Sanguinetti había llegado el viernes por la tarde hasta un comité político de la calle Uruguay al 1000 para participar de un lanzamiento y allí lo esperaban, no solo lo afines al candidato que los había invitado y los estaba esperando, sino también muchos de los que durante años fueron sus más fieles seguidores y que no tenían tanto que ver con el candidato que en esa oportunidad, había logrado reunir para esa instancia, a estos dos popes del Partido Colorado.
Cuando arribó el expresidente al lugar, la prensa no dudó en rodearlo con sus micrófonos y entrevistarlo sobre los distintos temas que hacen al momento actual de las eleccion,es ya que Sanguinetti ha sido un actor clave en estos últimos meses para que el Partido Colorado se ponga en marcha y esté en estos momentos en mejor posición.
Pero cuando culminó su rueda de prensa, justo bajaba de una camioneta, acompañado por algunos allegados que lo ayudaban andar por su edad y sus problemas de salud, el exintendente Malaquina. Allí Sanguinetti no dudó en dirigirse a él y abrazarlo efusivamente. De inmediato todos los micrófonos fueron hasta ellos y allí el expresidente mirándolo de cerca a Malaquina, le recordó un solo tema.
“Nunca me voy a olvidar cuando decidido a trabajar para que la Universidad se quedara en Salto, fuiste hasta mi despacho (que entonces funcionaba en el Edificio Libertad, donde hoy están las oficinas de ASSE en Bulevar Artigas y Luis Alberto de Herrera) y me dijiste que la Universidad de la República en Salto precisaba un edificio propio y yo te dije, andá a averiguarme cuánto sale hacerlo, y me trajiste un presupuesto y si ien después terminó saliendo más, vos me dijiste a esa diferencia la arreglamos, y luchaste de manera decidida e imparable para que esto fuera una realidad”, le dijo un sonriente Sanguinetti a un Eduardo Malaquina un poco aturdido por tanta gente que le dispensaba cariño y por los elogios encendidos del expresidente.
A lo que el candidato que estaba con ellos, que era Pablo Perna, agregó “y por justicia, ese edificio debería llamarse Eduardo Malaquina”, agregándole el expresidente a esa frase “como tantas otras cosas”.
Si bien esta anécdota ya fue contada en las páginas de este diario en una crónica sobre el encuentro de ambos líderes políticos, es importante recalcar no el encuentro en sí, que desde el fuero subjetivo de quien vivió las épocas en las que ellos gobernaban les puede resultar emotivo, sino que el tema por ellos signado como el más importante de sus carreras políticas entrelazadas es la creación del nuevo y actual edificio de la entonces Regional Norte de la Universidad de la República, hoy transformado en Cenur o vaya a saber cuántos nombres más tendrá según el Rector de turno que venga.
Que la educación pública terciaria y en el interior, que es uno de los aspectos más transformadores para el sistema educativo uruguayo, sea cosa del Partido Colorado y esté en la lista de los logros más importantes en la gestión de gobierno de estas dos personalidades políticas de Salto y el país, ayuda a tener un poco más de memoria y a que sepamos que el país no se inventó en el año 2005.
Quienes somos filosóficamente de izquierda y aprobemos el batllismo primigenio, del que todos tenemos un poco, y el wilsonismo que en muchas cosas se parecía a éste, como modelo de progresismo y desarrollo contrario al liberalismo a ultranza, no podemos dejar de reconocer que gran parte de la lucha por la Universidad pública en el interior del país, para brindar herramientas educativas que permitan el desarrollo personal y el progreso de los pobladores, en este caso del norte, proviene de estas lides. Y que por lo tanto, no solo es justo reconocerlo sino también agradecerlo y valorarlo. Y enseñarle a los más jóvenes que hay que agradecer a alguna gente de la que muchos se han encargado de borrar de sus listas.
Por esa razón, como exintegrante del cogobierno universitarias por el Orden Estudantil, y como exdirigente gremial de la FEUU; también estoy de acuerdo que si un día quieren ponerle nombre al edificio majestuoso que los salteños tenemos en la esquina de Rivera y Misiones, por más que en el 2002 nos hayamos quedado sin plata para mantenerlo y casi debimos cerrarlo, y por más que durante años no teníamos ni dónde sentarnos en sus aulas, el mismo debería llamarse Intendente Eduardo Malaquina, porque razones y posturas ideológicas podrán sobrar para decir que no, pero motivos reales para negarlo, ninguno.

HUGO LEMOS