Un sentimiento permanente

Hay pocos sentimientos más nobles, importantes y profundos como el de ser padre. Es una realidad que uno va asumiendo paulatinamente con el correr del tiempo, hasta sentir una energía extraordinaria, un amor indescriptible y una inexplicable fuerza que nos atrae hacia ese ser de luz que es el que nos da ese noble y honroso título. padre
Pero este día, que de comercial tiene mucho, porque la mayoría de la gente ofrece un regalo material como muestra de gratitud hacia el homenajeado, también tiene mucho de sentimental, porque lo que se nos pasa por la cabeza ese día a los que somos padres solamente es agradecimiento puro, por tener la oportunidad de ser.
Y también este pasa a ser un día ideal para hacer una retrospectiva, para mirarnos un poco hacia adentro y ver cómo estamos parados frente a la vida, en un momento donde las preocupaciones campean, el stress domina y los problemas están a la vista, es destacable ponerse a ver cómo hemos recorrido el camino que nos ha llevado hasta la situación en la que nos encontramos y darnos cuenta que solo nosotros podemos desentrañar ese nudo que hemos hecho, si ese es el caso.
De tal modo que nuestra principal tarea como padres, debe ser no preocupar a los otros, para que los nuestros se sientan protegidos y sepan que no son ellos los que deben soportar el peso de nuestros errores, sino que somos nosotros mismos los que debemos corregir la situación que nos rodea.
Aunque lo más hermoso de ser padre está en poder ver a nuestros hijos sanos, motivados y felices. Más allá de que ellos tendrán sus cruces como todo el mundo, lo más lindo de ese sentir especial que es la paternidad, es ver a nuestros hijos desarrollarse en la vida, cumplir sus metas paulatinamente, ir detrás de objetivos que los entusiasmen y los hagan sentir plenos cuando los alcanzan y frustrados cuando no, pero en todos los casos con el aprendizaje a cuestas.
Además de verlos gozosos de salud, con todo lo que eso implica, con muchas ganas de hacer cosas y observarlos crecer con sus dudas y sus alegrías, preguntando, aprendiendo y enseñando con cada una de sus actitudes. Porque en definitiva, este tránsito que es la vida no es más que una escuela cargada de lecciones a diario para todos y entre todos.
A mí ser padre me llena de orgullo. Aunque muchísimas veces me cuestiono las cosas que hago mal, porque entiendo que mis errores dependiendo de la magnitud de los mismos recaerán en mayor o menor medida sobre mi hijo, por eso debo tener en cuenta que cada vez que actúo o sobre todas las cosas, cada vez que me quedo quieto y no lo hago, el que va a sentir mi manera de desenvolverme en la vida, es mi hijo.
Quien no debe cargar con mucho sobre sus hombros, porque en definitiva lo que él debe sentir es tranquilidad, paz y seguridad para crecer sanamente, haciendo lo que más le guste y sintiendo que siempre habrá alguien que tratará de guiarlo, acompañarlo y estar con él, de la mejor manera posible, en las buenas y en las malas, esa en cierta medida es mi modo de ver la paternidad. Me implica una enorme responsabilidad, un inmenso compromiso sobre todo conmigo mismo para que él no atraviese dificultades innecesarias, ni adversidades emocionales, pero sobre todo me otorga un profundo orgullo y amor, el hecho de saber que él está ahí, diciéndome “papá”.
Quizás estas palabras son las que me están surgiendo ahora a medida que voy escribiendo lo que me sale mientras pienso en su cara única e irrepetible. Es alguien que solo verlo sonreír me emociona hasta las lágrimas, y me da alegría inconmensurable, pero también me llama a la responsabilidad para no fallarle ni a él ni a la vida, que esperan que al menos en eso, uno sea lo mejor posible.
Muchos de los que somos padres hacemos paralelismos entre nuestro rol de padre y también el de hijo. Nos ponemos a pensar qué hubiera hecho nuestro padre en tal situación y tratamos de hacer, por lo general, lo mismo, o en algunos casos, todo lo contrario. Pero en esos casos es cuando más nos damos cuenta que las enseñanzas están todo el tiempo y atraviesan todo el transcurso de nuestras vidas.
Nos retrotraen a cuando éramos niños y buscamos acordarnos de las cosas que nos decían y que hacían nuestros padres, para trasladarla a nuestra conducta como padres y aplicar lo mejor posible la situación con nuestro hijo. Porque él es el destinatario de nuestro sentir y nuestro querer; y ahí no podemos fallar.
Padre se es siempre, cuando se quiere y cuando se está, más allá de que nuestros hijos estén físicamente o no junto a nosotros. Porque hay muchos que siguen siendo padrazos de esos niños o personas que han partido, y que ellos, cargando con la cruz más grande que pueda soportar un ser humano que es la pérdida física de un hijo, siguen adelante y mantienen presente su imagen, siendo de esa forma más padres que nunca.
Con estas palabras solamente quise compartir con ustedes, algunas reflexiones que me dejó este día, que pasó de ser un día comercial a ser “el” día, en el que uno se mira al espejo y busca observar lo que por general no observa ni contempla durante el resto del año. Igualmente el sentimiento de ser padre es permanente e indescriptible. Felicidades a todos los padres.

HUGO LEMOS