Una alfombra inconveniente

Las compras que realiza el Estado con nuestros dineros, son todo un tema. Es algo que nos debe ocupar siempre, porque de esa manera aprendemos muchas veces lo que no tenemos que hacer en nuestras propias casas y lo que sí tenemos que vigilar, cuando notamos que hay adquisiciones que no deberían ocurrir jamás. dibujo
Es importante que los ciudadanos de este país sepamos en qué gasta el Estado nuestra plata, en qué invierte, qué es lo que hacen con el dinero que con tanto esfuerzo le damos a través de los servicios que pagamos, de los trámites que hacemos y de los impuestos que obligatoriamente debemos abonar, porque en ese caso, el Estado no perdona, te cobra y después verifica si está bien o mal, porque si es justo o injusto, es otro kiosco.
Todo esto viene a colación de la polémica que se generó el otro día, cuando se supo que el Poder Judicial, con todos los problemas presupuestales que ya tiene y que tuvo siempre, con todos los recortes que ha sufrido, con todas las carencias que tienen los juzgados de todo el país para prestarle un servicio adecuado a cada persona que tiene un reclamo que hacer, había dado luz verde a la compra de una alfombra cuyo valor ascendía a los 3.190 dólares.
El tema quizás no haya sido tanto la alfombra en sí, que era de origen persa, y que realmente valía ese monto. Tampoco que la misma no fuera necesaria para decorar un palacio que es del erario público, ergo, de todos los uruguayos, como lo es el palacio Piria, donde funciona la sede de la Suprema Corte de Justicia, ubicado en la Plaza Cagancha en pleno centro de Montevideo.
Porque el hecho de ser un palacio, no se puede cubrir con cualquier cosa. Imagínense ustedes que si mañana se rompe una de las arañas majestuosas que tiene el teatro Larrañaga, no puede sustituirse con una lamparita, o con un artefacto de plástico, las mismas deberán reponerse y repararse; y seguramente su costo será alto. Y en ese caso está bien, creo que todos los salteños que estamos orgullosos del teatro que tenemos, ya que además siempre estamos exigiendo que lo dejen en buen estado y lo mantengan así, no estaríamos diciendo nada en contra de que la comuna, más allá de los problemas que tiene de dinero, realice un gasto acorde al lugar.
En ese sentido, la compra de una alfombra para uno de los despachos de los ministros de la Corte, no era algo que podía no justificarse, porque si se rompe o queda en mal estado una alfombra del palacio Piria, no pueden poner una moquete barata en su lugar. Porque eso no lo aceptaríamos nosotros, si en Salto pasara con uno de nuestros museos, por ejemplo.
El tema es que en el contexto en el que estamos, donde hay problemas de todo tipo, donde un organismo tan importante como el INAU no tiene dinero para darle una atención adecuada a los niños y adolescentes que atiende, donde en el Hospital de Salto, cada vez que llueve tienen que poner baldes por todos lados, donde en Baltasar Brum hay una sola ambulancia y tienen que empujarla para que arranque, donde hay juzgados que no tienen ni quien los atienda de manera adecuada para sacar las sentencias en tiempo y forma, cosa de no generar un daño al justiciable, reclamo hecho por abogados de distintos puntos del país, donde hay escuelas que se caen a pedazos y no pueden ser reparadas, donde hay caminos rurales que son intransitables, los gobernantes y autoridades se debe dar un mensaje de mayor cuidado de los dineros públicos.
No voy a cuestionar la compra de la alfombra específicamente, pero la misma se suma a la compra de una docena de sillas para funcionarios de ANCAP por un valor de casi 1 millón de pesos no hace mucho tiempo, y teniendo en cuenta que las tarifas de los servicios públicos no han bajado desde hace tiempo, que la inflación llegó al 8 % ya en lo que va del año, que el precio del dólar, que Tabaré Vázquez dijo en 2018 a un solo Uruguay que no lo podía llevar a 36 pesos porque generaría un aumento de precios importante que perjudicaría al resto de la población ya está en 35,95; y que en una ciudad como Salto hay 27 asentamientos y cada vez más gente durmiendo en las calles, no pueden ni siquiera pensar en una compra así.
Señores de la Suprema Corte de Justicia, arreglen la alfombra como sea, mándenla coser igual, pero no gasten más de 100 mil pesos uruguayos en una alfombra para una sala, que nadie discute que sea necesaria, pero en lo que todos estamos de acuerdo, es que hoy no es el momento para llevar adelante esa adquisición.
Tampoco lo fue sin dudas la docena de sillas que ANCAP compró por 1 millón de pesos, porque lo que estamos diciendo es que desconocemos el enorme esfuerzo que hacen los uruguayos para poder pagar sus impuestos y las tarifas públicas, para que después el Estado elija la manera más fútil de gastarse la plata.

HUGO LEMOS