Una catarata de emociones

Una catarata de emociones

La que pasó fue una semana convulsionada, donde la tristeza por las cosas que ocurrieron en el Uruguay y en el continente, una tras otra como cachetada de loco sin darnos tiempo a respirar y a olvidar la anterior para sumergirnos en un nuevo shock emocional, vinieron sin pausa y se nos amontonó todo, tanto, que si queríamos llorar por una de las cosas que nos habían golpeado, no terminábamos de secar el pañuelo, que ya nos poníamos a llorar por la otra y así sucesivamente.
Hemos puesto a prueba nuestra capacidad de tristeza, de conmoción y de asombro por las cosas que sucedieron en los últimos días y en muchos casos seguimos atónitos, porque ni siquiera tuvimos la oportunidad de internalizar lo que estaba ocurriendo para poder analizarlo con tranquilidad y comentarlo con ustedes, que ya deben estar cansados de tanta lata sobre todos estos temas, como lo han sido la muerte de Fidel Castro, la tragedia del equipo de fútbol Chapecoense de Brasil o los jíbaros que terminaron de esconder en el ostracismo al fútbol uruguayo con el idiota de la garrafa, que se compró todos los boletos para que la Policía lo trate ahora en una oscura cárcel, con todos los derechos humanos.
Es que si bien hace días que pasó, lo de Fidel terminó recién (hoy para mi, ayer para ustedes) y aún la gente sigue hablando de lo que hizo con Cuba como país y con la gente de ese lugar. De cómo es visto como héroe por los que están de un lado, porque les dio de comer y los mandó a estudiar, proporcionándoles el acceso a la salud y la vivienda, y cómo por otro lado fue tan cobarde que suprimió las elecciones libres e independientes, sepultando así la democracia y todo aquel que pensara distinto, que se opusiera a sus medidas como gobernante y que estuviera en la vereda de enfrente desde el punto de vista ideológico, el que en estos casos terminaba fusilado o con suerte encarcelado, para que no contagiara a algún otro que también quisiera pensar libremente y eso representara un peligro para su régimen en la isla, por el cual la historia, no lo absolverá.
Todo bien con Fidel, era un tipo simpático en el extranjero, pero prohibió la libertad de prensa y de expresión de su pueblo porque tenía miedo que la gente pensara y le hicieran una contrarrevolución cuando sintieran hambre y no se conformaran con las excusas. Pero ahora su ciclo terminó y si bien la gente que vive en Cuba y no conoce otra cosa lo llora (como pasa con el enfermo mental de Korea del Norte), quizás empiecen a avizorarse las libertades y cuando conozcan cómo es vivir en una democracia, tal vez, el pueblo decida por sí mismo y ahí elijan otra cosa.
Pero no terminamos de mirar lo que está pasando en Cuba, para volver de una y sin aviso a nuestra gris realidad. Otra vez algo penoso en Uruguay y no es un nuevo impuesto como el fiscalazo a las pasividades que se vive desde el mes de julio, ahora es otra vez el fútbol, pero el fútbol de clubes, porque una cosa es la Selección Uruguaya donde son todos atletas admirables, verdaderos caballeros del deporte y hasta advierten educación, lo que contrasta enormemente con la liga uruguaya de clubes, donde se viven cosas como las del incidente de la garrafa.
Una horda de forajidos entraron al estadio Centenario tal como ya lo tenían previsto, porque las mafias estaban conectadas y entonces ya se lo habían dicho a todos, desde los dirigentes hasta el portero sabían que se venía una horda de beduinos sin camello a la Amsterdam, a embarrar la cancha y a armar bronca el día del clásico, donde los ojos del país de un domingo a la tarde estarían enfocados en lo que iba a pasar en ese encuentro deportivo.
Pero el que representó todos los males de la sociedad, la violencia implícita que cada uno de nosotros llevamos dentro y la degradación de valores a gran escala de la que todos y cada uno tiene al menos un poquito en su ser, fue el imbécil de la garrafa.
El idiota ese que le robó el tan mencionado objeto a una pobre mujer que se gana la vida haciendo panchos y que tenía la ilusión de venderle alguno a ese grupo de cavernícolas para llevarse un peso a su casa, y terminó siendo saqueada por estos subhumanos que no solo la despojaron de su medio de vida, sino que incluso, el cobarde mayor, le arrojó la garrafa de 13 kilos que le había robado a los funcionarios policiales que estaban en el lugar tratando de contener el malón y terminó lastimando a uno de ellos y a un perro.
Luego de esto, el individuo se ocultó en Solymar, un balneario canario a unos 30 kilómetros de Montevideo donde fue encontrado por los funcionarios policiales y al rato nomás, ya estaba rumbo al Comcar, donde lo esperaban algunos amigos del policía herido. Todo esto, que no genera más que rechazo, porque solo muestra lo peor de una sociedad que vive bajo el parámetro de la violencia cotidiana, mientras se hacen marchas y se habla de que tenemos que parar la mano, no aprendemos nada y seguimos viviendo este tipo de situaciones.
Pero quienes sí demostraron haber aprendido que la paz y la esperanza pueden contrarrestar cualquier tipo de violencia, han sido los colombianos, que vivieron en primera fila la tragedia que enlutó al mundo el mismo lunes, horas después que las conversaciones de los uruguayos tuvieran dos temas centrales: ‘el loco de la garrafa’ y la muerte de Fidel, ahí cambiamos drásticamente el dial conversatorio para irnos a una de las peores historias del deporte mundial.
El avión del equipo de fútbol Chapecoense cae a 5 minutos de poder aterrizar y hacer que sus jugadores hagan historia, logrando que un pequeño club de fútbol de Brasil llegara a una final internacional, algo con lo que los equipos ‘grandes’ de Uruguay sueñan desde hace años y no alcanzan más que una sumatoria de derrotas.
Pero si bien la historia es conocida y ya todos sabemos desde lo que pasó, hasta lo que dijeron las víctimas antes de morir, la conmovible respuesta del pueblo colombiano ante una tragedia de esta envergadura, es sin dudas la mayor noticia. Porque esa actitud responde al hecho de ser una sociedad que ha vivido durante décadas la violencia que depara muerte y horror, en carne propia.
El gesto de los jugadores de pedir que declaren campeón al equipo brasileño y de que los 3 millones de dólares que se le otorgaban al campeón y al subcampeón de ese torneo continental, tuvieran como destino a las familias de la víctimas, es algo inmensamente emocionante. Y que contrasta enormemente con la actitud hostil y arcaica que empaña y representó al fútbol uruguayo el pasado fin de semana. Y ojo al gol que nos estamos comparamos con Colombia, donde campean los carteles del narco y las guerrillas de fuego cruzado contra el gobierno, y no con Finlandia o Suecia.
Ojalá que un día nuestra sociedad comprenda que es realmente triste pasar de ser una sociedad pacífica, a una tan violenta, haciendo el camino inverso de lo que fue Colombia que hoy nos da cátedra y no solo de buen café, sino que con sus actitudes nos demostró cómo se nos cae a pedazos a los uruguayos el hecho de pasar a ser un lugar donde antes vivir era un privilegio y ahora es, por las cosas que hacemos nosotros mismos, un dolor de cabeza.

HUGO LEMOS







El tiempo

Ediciones anteriores

noviembre 2018
L M X J V S D
« oct    
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

  • Otras Noticias...