Una medida antipática

Todavía era temprano y el banco no había abierto sus puertas. Yo estaba afuera esperando con un grupo de gente que las instalaciones del “Banco País”, denominado así porque se supone que es mío, suyo y de aquel, comenzara su horario habitual de atención al público. Cuando finalmente el funcionario corrió las llaves y dio luz verde a los clientes de la entidad, entré raudamente porque contaba con poco tiempo para hacer el trámite y ya tuve que hacer fila.
Estando en la misma y al tener que esperar un poco para ir avanzando debido a la cantidad de gente que había llegado antes que yo, aproveché el tiempo para ponerme a observar todo lo que se movía a mi alrededor, sobre todo si uno vive de este oficio y encuentra letra en las cosas que pasan sobre su entorno.
De lo primero que pude darme cuenta, fue que hay tanta cantidad de gente utilizando el sistema financiero, ya sea por trámites, depósitos, cobros, pagos de cuentas y otros, que la cantidad de funcionarios no se ajusta a la demanda existente, algo que pasa usualmente en el Estado. Porque nobleza obliga, la atención estatal será burocrática, lenta, cara y con cara del lugar donde no da el sol, pero en varias oficinas públicas se nota la falta de funcionarios.
Y eso lo traigo a colación porque sé que en muchos sectores políticos se pide que se baje el costo del Estado, algo que tiene que ver justamente con esto, pero la realidad nos indica otra cosa. Porque cuando se va a determinadas oficinas estatales como las de Antel, Ute y Ose, siempre falta gente para una cosa u otra y los trámites demoran justo por ese tema. Lo de la Policía, los Bomberos o la Policía Caminera no es novedad, pero sobre todo desde hace un tiempo a esta parte cuando uno va al Banco República denota la falta de personal para algunas tareas que agilizarían bastante la atención al cliente.
Pero eso bueno, vaya y pase, y que sus administradores que tanta plata ponen para hacer los festejos por el aniversario del Banco País, que es de todos porque lo mantenemos con nuestros impuestos, reordenen la casa y mejoren sus recursos humanos para brindar una mejor atención al público, más eficiente y con mayor compromiso.
Porque lo que me dejó perplejo fue otra cosa. En varias de las columnatas del edificio de la calle Uruguay y Zorrilla había un cartelito, hecho con una hoja A 4 e impreso con las herramientas de trabajo que son para uso del Brou y que por supuesto pagamos todos. La hoja decía “por orden gremial…”, algo que ya no cierra “…el último cliente será atendido a las 18 horas” o algo así.
Primero que nada, lo de orden gremial ya me cayó mal, porque más bien no lo entendí, no me quedó claro cómo un gremio puede dar órdenes que las mismas incluso trasciendan el funcionamiento de una institución, que además es pública y que debe ceñirse a sus normas internas porque afectan directamente a sus clientes que son los que mantienen a la institución. Y eso que yo siempre defendí y defiendo a los sindicatos cuando los mismos cumplen con su función y cometido, porque siempre integré y soy parte de uno, pero no entiendo cómo el sindicato da las órdenes de funcionamiento a los funcionarios de una institución estatal, porque los mismos deberían acatar lo que dicen sus autoridades, pero en este caso deben hacer lo que dice el gremio y por lo tanto, en ese planteo pseudo anarquista le tiene que quedar claro a la gente que los trabajadores del Banco van a hacer lo que el sindicato mande.
El sindicato debe defender los intereses de los trabajadores y si hay problemas con el pago de las horas extras o de cualquier índole en una institución como esa, por ejemplo, algo que no se justificaría nunca por el volumen de ingresos que maneja la entidad, los representantes de los trabajadores de ese sector tendrían que adoptar medidas de negociación, de diálogo y hacer manifestaciones públicas para dar a conocer una situación así ante la opinión pública. Y no cortar por el hilo más fino que en este caso se traduce en la limitación de la atención al público.
Lo digo por el respeto que le deben a la gente de saber qué es lo que pasa con su propio banco, porque la población que paga sus impuestos cada mes, ya que el sistema tributario instaurado desde el 2007 se encarga de no perder un solo peso, tiene derecho a saber cómo se administra el mismo. Entonces no puede venir el sindicato a cortar la atención a la gente, porque lo único que hace es generar más problemas.
Y lo otro es que si el último cliente del Banco, como dice el cartel, deberá ser atendido a las 18 horas, quiere decir que los funcionarios deberán cerrar antes las puertas, porque el que entra un minuto antes de las seis de la tarde y saca número o hace fila, y espera que lo atiendan, alguien deberá explicarle que no pierda tiempo porque cuando llega la hora, se tendrá que ir sin que nadie le pregunte a qué fue. Sin importar si lo suyo es urgente o no, sin importar el tiempo que lo hayan hecho perder, sin importar si es joven o jubilado, si le tomó dos minutos o tres horas llegar allí, si gastó el último peso que tenía en el ómnibus o si se vino en su auto particular, la persona se tendrá que ir porque no lo van a atender por orden del gremio.
No por orden del gerente del banco, ni por ordenanza del directorio, jerarcas públicos a los cuales los uruguayos todos, incluso a los que echan de sus instalaciones a las seis de la tarde, les pagamos un muy buen sueldo que está por encima del que cobramos la mayoría de nosotros, sino por orden del sindicato, la gente se tiene que ir a las seis y listo.
Así las cosas, considero que más allá del aspecto puntual que rodea este asunto, lo más importante es ir al fondo del mismo. Y es que si los funcionarios públicos generan medidas de esta índole, donde solamente van a ir a contrapelo de los intereses de la gente, puede ser que consigan lo que quieran, que el directorio al verse presionado por las quejas del público le conceda las peticiones a los funcionarios, más allá de que las mismas terminen siendo favorables a la población, lo único que ganan con estas medidas son la antipatía del público y eso lamentablemente a los dirigentes sindicales, al menos a muchos de ellos, no les interesa sino que entienden que son costos que tienen que pagar.
Pero siguen estando equivocados, porque con esa medida solo denotan soberbia y arrogancia, ya que se irrogan el derecho de la gente a recibir un servicio por el que ya estamos pagando para recibir y más allá de que consigan lo que se proponen con esta medida, solo se ganarán la antipatía de quienes les pagamos el sueldo, algo que al parecer a los que tomaron la medida, no les interesa.

HUGO LEMOS







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