Una pausa a la pausa

La semana pasada iniciábamos nuestros “Apuntes…” aprovechando “la planicie en la que ha entrado la campaña electoral esta semana en lo que todo parece repetirse, acusaciones y destrezas físicas por doquier entre los que mejor rankean en las encuestas, nos tomamos una pausa para compartir algunas disquisiciones existenciales”, decíamos casi inocentemente.
Pero en campaña electoral no te podés tomar una pausa para intentar reflexionar sobre temas más familiares que públicos, aunque de última lo que nos va a salvar el día va a ser siempre la familia y no algún político de turno.
Sin embargo, siempre nos tira la política en general, en abstracto, sin camisetas ni apasionamientos aunque con bastante subjetivismo, porque de eso se trata el periodismo que intentamos llevar adelante desde hace más de 16 años.
Una vez más aclaro mi posición, no creo en aquellos que se autoproclaman periodistas objetivos porque la objetividad en toda actividad humana no existe. Como alguien alguna vez dijo, “hay tantos puntos de vista como la vista de cada punto”. Valga el juego de palabras para significar que cada persona siempre tendrá su opinión sobre el tema que fuere porque eso nos hace personas y no autómatas.
Cuando alguien elige qué informar y qué no, cómo presentar la noticia, cómo titularla y cómo redactarla, con mayor carga adjetiva o sin ella, es tomar una decisión, y eso es ser subjetivo, no objetivo.
Luego de dichas salvedades, las que realizamos una vez más porque siempre aparece alguien acusándonos de falta de objetividad y debo explicar de nuevo el punto de vista que defendemos, al extremo de animarnos humildemente a desafiar a cualquier vecina o vecino a que nos dé el nombre que prefiera dentro del periodismo salteño sosteniendo que es objetivo y con mucho gusto demostraremos lo contrario. Y nos ponemos primero en la fila.
No se trata de hacer periodismo de periodistas, a esta altura no nos interesa.
Tampoco creemos en quienes se autoproclaman periodistas independientes porque en realidad siempre se “depende” de alguien, a no ser que se sea dueño del medio de comunicación. Por eso siempre hablo medio en broma y medio en serio de “periodismo dependiente”.
Va de suyo que el solo hecho de mencionar la palabra “periodismo”, lo de independiente va incluido en la misma ya que es una característica y condición para ejercer el periodismo. Cuando veo a alguien haciendo malabarismos -como los malabaristas rusos que hicieron maravillas sobre el hielo en su reciente visita a nuestra ciudad- intentando explicar a la gente qué es periodista independiente y que en todo caso son los otros y no él quien se vendió al mejor postor, dan ganas de reír porque en estas lides el que se ataja pierde.
Algo similar ocurre en el periodismo deportivo que por lo general, se tienen pruritos en confesar públicamente de qué cuadro son hinchas. Enseguida la mayoría elige cuadros chicos o de otras divisiones para ocultar que en realidad son hinchas de Peñarol o de su tradicional adversario.
Un baño de honestidad bruta ante nuestros auténticos jefes, los lectores (para el caso de EL PUEBLO), televidentes o radioescuchas nos hará más creíbles a todos. Empiezo yo, haber quién más se anima. Soy de Peñarol y Círculo Sportivo.
La semana pasada iniciábamos nuestros “Apuntes…” aprovechando “la planicie en la que ha entrado la campaña electoral esta semana en lo que todo parece repetirse, acusaciones y destrezas físicas por doquier entre los que mejor rankean en las encuestas, nos tomamos una pausa para compartir algunas disquisiciones existenciales”, decíamos casi inocentemente.
Pero en campaña electoral no te podés tomar una pausa para intentar reflexionar sobre temas más familiares que públicos, aunque de última lo que nos va a salvar el día va a ser siempre la familia y no algún político de turno.
Sin embargo, siempre nos tira la política en general, en abstracto, sin camisetas ni apasionamientos aunque con bastante subjetivismo, porque de eso se trata el periodismo que intentamos llevar adelante desde hace más de 16 años.
Una vez más aclaro mi posición, no creo en aquellos que se autoproclaman periodistas objetivos porque la objetividad en toda actividad humana no existe. Como alguien alguna vez dijo, “hay tantos puntos de vista como la vista de cada punto”. Valga el juego de palabras para significar que cada persona siempre tendrá su opinión sobre el tema que fuere porque eso nos hace personas y no autómatas.
Cuando alguien elige qué informar y qué no, cómo presentar la noticia, cómo titularla y cómo redactarla, con mayor carga adjetiva o sin ella, es tomar una decisión, y eso es ser subjetivo, no objetivo.
Luego de dichas salvedades, las que realizamos una vez más porque siempre aparece alguien acusándonos de falta de objetividad y debo explicar de nuevo el punto de vista que defendemos, al extremo de animarnos humildemente a desafiar a cualquier vecina o vecino a que nos dé el nombre que prefiera dentro del periodismo salteño sosteniendo que es objetivo y con mucho gusto demostraremos lo contrario. Y nos ponemos primero en la fila.
No se trata de hacer periodismo de periodistas, a esta altura no nos interesa.
Tampoco creemos en quienes se autoproclaman periodistas independientes porque en realidad siempre se “depende” de alguien, a no ser que se sea dueño del medio de comunicación. Por eso siempre hablo medio en broma y medio en serio de “periodismo dependiente”.
Va de suyo que el solo hecho de mencionar la palabra “periodismo”, lo de independiente va incluido en la misma ya que es una característica y condición para ejercer el periodismo. Cuando veo a alguien haciendo malabarismos -como los malabaristas rusos que hicieron maravillas sobre el hielo en su reciente visita a nuestra ciudad- intentando explicar a la gente qué es periodista independiente y que en todo caso son los otros y no él quien se vendió al mejor postor, dan ganas de reír porque en estas lides el que se ataja pierde.
Algo similar ocurre en el periodismo deportivo que por lo general, se tienen pruritos en confesar públicamente de qué cuadro son hinchas. Enseguida la mayoría elige cuadros chicos o de otras divisiones para ocultar que en realidad son hinchas de Peñarol o de su tradicional adversario.
Un baño de honestidad bruta ante nuestros auténticos jefes, los lectores (para el caso de EL PUEBLO), televidentes o radioescuchas nos hará más creíbles a todos. Empiezo yo, haber quién más se anima. Soy de Peñarol y Círculo Sportivo.
LEONARDO SILVA.