- Diario El Pueblo - http://www.diarioelpueblo.com.uy -

Una responsabilidad que paga poco

La Universidad de la República es la casa de estudios más importante que tiene el país por su influencia, magnitud y alcance, no quedan dudas. Pero es además un centro de referencia en el manejo de la cosa pública en algunos aspectos. En otros, como en todos los casos, no lo es, claro está, debido a que en todos los órdenes de la vida y también en estos casos lo que pesa a la hora de actuar son las limitaciones humanas y en esa casa de estudios vaya si hay hombres limitados, que han llegado hasta allí como un premio consuelo, luego que han perdido elecciones y deben ocupar algún cargo. COLUMNA [1]
Después claro está, los disfrazan como concursos. “Yo dI concurso para estar acá”, te dicen como atajándose cuando uno les pregunta cómo fueron a parar allí algunos fenómenos que ocupan cargos en la OPP, en el Mides y en la propia Universidad estatal. Esa de la que era un honor integrar sus cuadros del cogobierno, pero que ahora, con todo esto, demuestran que a veces pueden llegar a ser una agencia de colocaciones.
Sin embargo, hay una reserva moral que aún queda en ese lugar y es el caso de algunas de sus autoridades, las cuales deben hacer que todos los habitantes del país tengan la posibilidad de acceder a la educación terciaria.
Esa educación ha pasado a ser en los últimos tiempos un desafío importante para los jóvenes de recursos medios, con aspiraciones de superación personal, donde estudiar una carrera, especializarse en una profesión y poder brindar un servicio importante a la sociedad, que a su vez le reditúe económicamente para generar una movilidad social ascendente, es parte del corolario de todo este asunto.
Pero el otro día conversando con un destacadísimo investigador y científico que ha logrado captar la casa de estudios a través del sistema nacional de investigación, que apuntaba a subsidiar a científicos uruguayos de primer nivel para que vuelvan a casa y apliquen sus conocimientos en el paisito, porque estos ya habían emigrado y se estaban destacando en el extranjero, me comentaba que su visión sobre la Universidad de la República y el apoyo irrestricto que alguna vez comenzaron a tener del gobierno, ha cambiado sustancialmente, al punto que ha generado flancos importantes que determinan una serie de problemas para la casa de estudios y sus programas de investigación, algo que finalmente la Universidad estatal había empezado a tener con propiedad en los últimos años, luego que solamente la investigación figurara más como uno de sus principales cometidos por la Ley Orgánica del 58, que una aplicación seria y constante.
Es que tanto para este gobierno (y con ello me refiero al del Frente Amplio), como para los anteriores a este, cuando los números en general asustan y hay que cerrar la canilla del Estado, el primer lugar donde poner coto, es en la educación pública. Y en este caso, la Universidad ha sido siempre la hija de todos los recortes.
Cuando en el año 2002, la crisis económica golpeaba con dureza al país y hubo que manotear lo poco que le quedaba en caja al Estado, el presidente de la época, Jorge Batlle (hoy fallecido y a quien lejos de criticar, lo que hacemos es dar una lectura de una realidad puntual), se vio en el brete de tener que subsidiar al sistema financiero para que el sistema económico uruguayo no cayera en default y el problema fuera aún peor (a nivel macro, porque en las economías domésticas la situación ya era insostenible) y meterle mano para eso al magro presupuesto de la educación y en este caso de la Universidad de la República, o de lo contrario debían dejar que cayeran los bancos y mantenerle a la casa de estudios terciarios los dos pesos que le daban en ese momento para su funcionamiento.
Entonces Batlle y compañía optaron por subsidiar al sistema financiero, entre ellos a los desaparecidos Banco de Crédito y La Caja Obrera, y recortarle el 30 por ciento del ya precario presupuesto que tenía la Universidad de la República. Me acuerdo bien de la tétrica situación ya que en ese entonces integraba la Asamblea del Claustro en Regional Norte y en la Facultad de Derecho y el secretariado ejecutivo del Centro Estudiantes de Derecho y el entonces director, Julio Irigoyen, después de una reunión a puertas cerradas tomó la decisión de entregarle la llave de la Regional Norte a quien era el rector de ese momento, Rafael Guarga, porque para empezar a funcionar nuestra sede local de la universidad estatal, arrancaba cada día con menos diez pesos en caja y así era imposible que cualquier cosa funcione.
Pero los tiempos cambiaron, hubo una evolución sustantiva que tuvo a directores, decanos y rectores de parabienes, porque el período en el que Rodrigo Arocena fue rector y Alejandro Noboa director en Salto, fue quizás el más próspero económicamente para la Universidad.
Si así habrá sido, que para que no se perdiera un fondo ya asignado, Arocena gastó 200 mil dólares en sillas para renovar las del Paraninfo en la sede central en Montevideo, ¿se acuerdan? Y la Regional Norte tuvo un crecimiento exponencial, lo que quiere decir que Noboa, no sé como será administrando, pero tuvo la suerte de que le llenaron la caja y posibilidades de hacer las tenía. Quizás el mayor mérito, fue haber hecho y adquirido, y no dejar pasar la oportunidad quedándose con la plata en la caja fuerte de la Regional Norte.
Todo esto, para decir que mientras el rector de la Universidad de la República actualmente maneja un presupuesto quinquenal de 420 millones de dólares, era tres veces menos hace 15 años y el señor Roberto Markarián, otrora opositor a la descentralización universitaria, lo sabe bien, mientras por sus manos pasa ese volumen de dinero, él gana apenas (y reafirmo el apenas) un tercio de lo que recibe un senador de la República o la mitad de lo que recibe un diputado, que no tienen ni por asomo la responsabilidad de manejar un monstruo burocrático, problemático y ensordecedor como lo es la institución Universidad de la República en su conjunto.
Sería buena cosa que para dar una muestra de republicanismo, quienes alguna vez defendieron a la educación pública desgarrándose la camiseta y dijeron que la Universidad debía ser la casa del pueblo, que su conocimiento debía ser irradiado por todos los rincones de la patria y que sus aulas debían llenarse de saberes para defender los intereses de la gente, propusieran que un senador o un diputado ganaran la mitad de lo que percibe un rector y que la Universidad de la República manejara más presupuesto que el Poder Legislativo en su conjunto.
De esa forma, podríamos estar seguros que la prioridad de una vez por todas para un gobierno será la educación, la investigación y la extensión (esto es brindar servicios volcando el conocimiento a la gente), como siempre se han jactado muchos y no el tener que subsidiar empresas públicas fundidas o gastar en políticas que no dan resultados, manteniendo estructuras que solamente generan clientelismo a la vieja usanza.
Hay que repensar qué país queremos y para ello, también debemos pensar que la Universidad pública es un actor fundamental para poder terminar con el país de la desidia y darle lugar al país de la inclusión, ese que muchos soñaron pero que ahora se quedaron con ese recuerdo bajo la almohada.

HUGO LEMOS