Una semana diferente

Entramos a vivir una semana donde el ánimo es diferente, el espíritu con el que vamos a trabajar por las mañanas y con el que desarrollamos las tareas serán distintos y la esperanza por tener una buena semana donde estemos principalmente en paz con nosotros mismos y podamos convivir así con el resto, es algo que nos late todo el tiempo. Porque queremos estar tranquilos, sin problemas, sin agobios y sin el estrés que nos acompaña por lo general cada día y todo el año.
Recuerdo que cuando era niño veía la Navidad con ilusión, con alegría y con mucho entusiasmo. Claro, era un niño sin responsabilidades y no me ocupaba de hacer que la cosa ande, solamente me divertía y esperaba como el resto de mis congéneres, que llegara la hora de la diversión, del encuentro con los seres queridos y sobre todas las cosas, esperaba el abrazo de mi madre, deseándome una Feliz Navidad. Después de eso, vivía el resto de las jornadas con el manto de ilusiones y esperanzas que nos dan los sueños de la niñez.
Si bien hay un montón de temas importantes para hablar en esta columna, creo que estamos viviendo una semana donde no dejamos de lado los hechos destacados, no hacemos caso omiso a la realidad que nos circunda, pero sabemos que las horas que estamos atravesando son cruciales para vivir momentos de paz, armonía, buscando equilibrio emocional y hacer una retrospectiva de lo que hemos pasado para llegar hasta acá.
Más allá de las creencias religiosas que tengamos cada uno de nosotros, la Navidad tiene un solo significado para cada uno y es el compartir ese momento con nuestros seres queridos, con los que nosotros elijamos que sean, con nuestra familia, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, con los vecinos, es decir, con quienes nosotros pensemos que son las personas indicadas para que pasemos junto a ellos momentos de alegría, paz y celebrando el estar vivos, el estar sanos, el poder compartir nuestra presencia, nuestra risa, nuestras palabras, nuestros sentimientos más profundos, recordando incluso a esas personas cuya presencia física no la tenemos, pero sí nos late su recuerdo en cada momento y que sabemos que algún día volveremos a encontrarnos, creo que de eso se trata y no de otra cosa.
Está muy bien el hecho de que en el mundo existe un significado comercial de todo esto, porque el capitalismo debe transformar cada creencia en una celebración y esa celebración la debe poner en clave de fiesta, para que la gente se sintonice con eso, se contagie de alegría y quiera comprar lo que el mercado le ponga delante, lo que la publicidad le haga entrar por los ojos y quizás no vea que hay otras cosas que nos ayuden a ver mejor las cosas.
Las personas tienen distintas necesidades. Pero hay un denominador común que es la paz y alegría que todos queremos sentir en esa noche especial que se nos avecina y que solamente es una muestra de cuán felices podemos ser si estamos todos juntos, si nos respetamos, si nos valoramos y si nos toleramos en cada jornada.
Sin embargo, Salto está viviendo horas difíciles, sus costas están inundadas por una crecida que no da tregua y viene con mucha fuerza porque los fenómenos climáticos no esperan y arrasan con lo que tienen que arrasar. Así es que es ayer muchas más gentes se vieron afectadas por la crecida del río Uruguay y tendrá que pasar por estos días, con sus casas bajo agua, con la poca ayuda que puedan recibir del Estado, viviendo en grandes campamentos a la intemperie o en algunos casos bajo techo, pero lejos de sus hogares, de sus rincones, comiendo lo que les den y vistiendo lo que les haya quedado.
En muchos casos, hay niños pequeños que no entienden nada de lo que está pasando y festejan felices con los más grandes el día a día, y eso se vuelve parte del alimento diario que los mayores necesitan para poder seguir adelante y superar estos momentos de angustia, donde se quedan sin casa y no les es fácil irse a otro lado, donde vivan al menos sin estas preocupaciones de verse perjudicados por la subida del río y deban abandonar sus casas, algo que en Salto se reitera cada cuatro o cinco años.
Además, la ciudad no está en buenas condiciones y esas cosas apenan a los lugareños, que no queremos ver el lugar donde vivimos de esta manera. Más allá de que la responsabilidad de ese mal estado proviene de muchos años atrás de abandono del cuidado de la ciudad, el tema ahora es poder resolverlo cuanto antes y más que de un puñado de hombres y mujeres que están en el gobierno, la responsabilidad de lograrlo también es nuestra, la de los ciudadanos que vivimos en estas tierras, que somos los que debemos cuidar cada rincón del lugar donde vivimos.
Porque creo que eso es valorar las cosas que tenemos, los espacios donde deambulamos y la vida que llevamos. Y si en vez de esto no mantenemos una conducta adecuada, lo único que vamos a generar es más caos y suciedad, en una ciudad que supo ser el orgullo de todos los que vivimos en ella, hayamos nacido o no acá, pero que ahora es símbolo de suciedad, desprolijidad y mal estado.
Es por eso que en esta semana que comienza debemos pensar qué podemos hacer para aportar, para contribuir a que las cosas sean diferentes, a que todo sea nuevo, distinto y posible. Todo en la medida de nuestras posibilidades.
Debemos valorar lo que tenemos, luchar por lo que queremos y ser implacables con nosotros mismos en las exigencias que nos autoimponemos para superarnos en la vida, pero debemos pensar que esa superación no debe ir atada de resultados económicos o de adquisiciones materiales, sino que debe ir acompañado de lo que sintamos como logros personales, que es algo mucho más importante que cualquier otra cosa que pensemos que por poder tocarla, debe hacernos felices y generar el sentir que alegre nuestras vidas.
La Navidad no es solamente una celebración cristiana, claro que para quienes creemos en Cristo tiene un significado especial, sino que es una festividad abierta, que apela al sentido de reivindicar el valor del amor, de la familia y de los amigos, la celebración del milagro de estar vivos, de ver a nuestros hijos sanos y fuertes, y a todo lo que está a nuestro alrededor desarrollándose cada día.
Por esto, es que apelo a que celebremos en cada uno de nosotros aquello que nos haga sentir bien, lo que nos guste, lo que nos reconforte, lo que pensemos que ha sido positivo.
Entonces la Navidad tendrá un significado mucho más especial que una celebración religiosa, mucho más profunda que el emblema comercial de un Papá Noel y de tener que comprar un obsequio para nuestros seres queridos casi como una obligación, mucho más importante que lo que compremos para comer y para regalarnos ese día, sino que será algo que nos llene el alma y nos ayude a pensar que lo que hacemos cada día con nosotros mismos, vale la pena, y que quienes tengamos a nuestro lado, en nuestra mente o nuestros corazones, serán algo mucho más importante que cualquier otra cosa. Y es a ellos a los que debemos dedicarles nuestro mensaje de Feliz Navidad, porque al hacerlo nos estaremos llenando el alma. Por todo esto, es que les deseo a ustedes, estimados lectores, Muy Feliz Navidad.
HUGO LEMOS