Una transformación para todos los gustos

En el entonces arenoso patio de la Escuela Nº121 (local donde en la tarde funciona la Escuela Nº2) uno de los juegos favoritos de mis compañeros de clase era la Rayuela. Habían dibujado una grande, con todos los números en colores y la habían hecho al lado de la puerta de la cocina, donde Don Cabrera cocinaba con su esposa para el comedor al que asistían cada mediodía decenas de niños.
También había otros juegos que eran los que practicábamos la mayoría de los varones, un poco más rudo y para el que no había que tener tanta destreza sino más bien ganas de aguantar algunas patadas. Le llamábamos “el 25” y era un picado grande, de esos en los que íbamos todos contra todos y había que hacer goles. Pero no errarle al arco porque te tocaba ir. Y cuando se anotaba el gol 25, el que oficiaba de golero en ese momento sufría las consecuencias. Lo castigábamos haciéndolo pasar por el medio de la fila donde los golpes eran la sanción.
Pero más allá de esto, en todos los casos había interacción. Todos nos hablábamos, nos mirábamos a los ojos y conversábamos. Sabíamos a qué jugábamos, quiénes lo estábamos haciendo y hasta en cierta medida hacíamos ejercicio físico, porque practicábamos un deporte.
Aunque ahora las cosas cambiaron, el avance de la tecnología y el consumo masivo de la misma al punto de incorporarla como una necesidad de la vida cotidiana, porque nadie puede arrancar el día sin tener activa participación en la aldea virtual usando el whatsapp, redes sociales y ya como último recursos mensajes de texto, todo eso genera una forma de vivir, establece una conducta determinada y nos dice que vivimos en este presente donde las comunicaciones están al alcance de la mano.
Y si bien esto ayuda a la vida en sociedad, no son tan así los programas nuevos que se cuelan por ahí como los juegos cibernéticos que tienen de la pata a más de uno y que se han impuesto como un mandato social.
El Pokémon Go, no es un juego, es una actividad absurda que se impone por el uso del celular en la aldea virtual de la que hablamos, generando una idiotización de las personas en busca de algo que no existe, para que un desconocido que tiene todos los derechos reservados de esa actividad se levante una torta de plata con el uso de esa aplicación por parte de los millones de giles que andan como a ciegas buscando vaya a uno a saber qué, con la excusa de que entretiene a la gente y en realidad lo que hace es reportar el grado de estupidez mental que tenemos adentro y de cómo podemos salir corriendo detrás de lo que nos dice el equipo celular, al que ya no se le puede decir teléfono porque es mucho más que eso.
En el mundo en el que vivimos todo cambió, las cosas que antes no pensábamos que podrían suceder, ocurren, como el hecho de participar de un juego donde los premios y las metas no son tangibles, sino que son por efecto virtual y nos tienen en solitario, sin hablar con el de al lado, sin mirarlo a los ojos, sin ver qué siente al estar entretenido junto a mi en la misma tarea.
Estas prácticas, que además son peligrosas por el nivel de adicción que generan, ya que se han reportado el registro de varios accidentes porque las personas no sé cómo hacen, pero se concentran en este juego y no miden consecuencias, son perjudiciales para la salud mental y para el desarrollo cerebral que todos necesitamos para pensar bien, actuar bien y comunicarnos bien.
Aunque vivimos en un presente donde las cosas son distintas y muy inimaginables a cómo era la sociedad hace algunas décadas atrás. Nadie se imaginaría que nada más y nada menos que en el Salón de Honor del Ministerio de Defensa de nuestro país, se estuviera velando a un Ministro con guardia de honor y autoridades con uniforme de gala y en el medio del acto, luciera una bandera Tupamara como si fuera un símbolo patrio más.
Ese quizás fue el hecho político más importante de lo ocurrido ese triste día en el que el país despidió a uno de sus ministros, más allá de estar o no de acuerdo con él, sus expresiones y su forma de ver la vida, esa autoridad era quien dirigía a las Fuerzas Armadas y era nuestra autoridad. Pero esa misma persona con relevante jerarquía, a la que hacemos referencia, fue un prisionero de guerra de la dictadura, fue uno de los rehenes claves que amenazaba con fusilar la dictadura comandada por el Ejército y terminó siendo sepultado con honores militares por las fuerzas armadas, con las que tantas veces se sentó a hablar y hasta con el Comandante en Jefe del Ejército hablando de su persona emocionado hasta las lágrimas, despidiéndolo como un “Quijote” que había dado sus vida por la institución.
Esas contradicciones históricas, o cambios abruptos de la vida del país van asociadas a los cambios drásticos que enfrenta la sociedad actual, a los mismos cambios que vive la gente con cosas como las que mencionábamos anteriormente, como el Pokémon Go y esas cuestiones que generan un comportamiento que hacen a un presente donde no todo es tan bueno, sino que te da ejemplos donde por un lado se dan hechos históricos que pueden ser positivos en la medida que los tomemos como un paráte al odio que se generó en su momento de unos contra otros, lo que es positivo, y por otra parte, tenemos un acto de aberración en el que la idiotización de las personas a través de un juego virtual hacen que los cambios se asimilen de otra manera.
Lo importante es saber que si la sociedad se transforma a pasos agigantados, hay toda una vorágine que corre rápido, muy rápido y si no le seguimos el tren para saber dónde estamos parados, corremos el riesgo de quedar como ausentes de un mundo que nos determina, nos orienta y nos direcciona a su manera, pero somos nosotros los que tenemos que ser conscientes de que debemos tomar el toro por las astas y ser quienes gobernemos nuestro andar, practiquemos nuestro propio camino y nos plantemos frente a la realidad de una manera que la misma no nos asuste, sino que lejos de eso, nos sintamos parte e intentemos mejorarla.
Los ejemplos mencionados tienen un solo objetivo, demostrar que por un lado las cosas de la vida pueden tener un giro impensable y que nos pueden llevar a vivir experiencias jamás pensadas. Y que por otro lado, debemos saber que nosotros valemos mucho como para que alguien determine nuestro andar, nos marque un camino y nos imponga cosas fútiles como si fueran importantes para dedicarles nuestro valioso tiempo, en vez de usar ese preciado momento, en buscar la forma de crear algo que nos impacte a nosotros y nos hagan sentir vivos, sin pokemones y sin cosas raras que nos anclen más a un sistema, al que nosotros no le interesamos para nada.

HUGO LEMOS







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