Unos anuncios maravillosos

La semana pasada, fueron días de anuncios para los uruguayos.
Quiero decir, que tuvimos que soportar escuchar disparates de todos lados y de todo tipo.
De cualquier manera, hubo alguno más que otro que sobresalieron ante la opinión pública, sobre todo por lo increíble de los mismos. viejitos
Por un lado, tuvimos a Pablo Perna, hablando de mano Dura y Plomo y Cero Lumpen en el Hotel Salto.
Fue casi una cuestión surrealista, pero en cierta medida es un discurso que logró su cometido, alcanzar trascender a nivel departamental y tener 15 minutos de fama en la prensa nacional por lo fuertemente inverosímil para mucho de esos dichos.
Primero porque se trata de un discurso político que buscar captar la adhesión de una importante masa de gente que está enojada con la situación de inseguridad que padece el departamento.
Y por otro lado, tampoco es viable que se modifique la legítima defensa porque las instituciones perderían peso y ganaría la autotela (el ojo por ojo y eso se convertiría en un desmadre, en algo más parecido a la película La Purga, que otra cosa).
Aunque los anuncios siguieron y vino el del senador Luis Lacalle Pou, que se refirió a volver al 0,3 decigramos de alcohol para la tolerancia de la espirometría y que el conductor se pueda tomar una copa de vino.
Lo que valoro en estos casos, tanto de Lacalle Pou como de Perna, es la honestidad intelectual de ambos.
Ellos creen que así debe ser la cosa, que ese es el camino.
Uno dice que hay que permitir que si un “lumpen entra a tu casa a robar y pone en riesgo tu existencia lo puedas matar” y el otro que “te tomes una copa de vino, que te permitas ese gustito y que salgas a manejar” y en ambos casos dijeron lo mismo, “el que me quiera criticar que me critique”, eso se llama gallardía para decir una cosa que es políticamente incorrecto, pero que es lo que la mayoría piensa y quiere.
Por otro lado, para mi gusto el mejor de todos, estuvo el anuncio del gobierno, que dijo reconoce por un lado la existencia de 130 mil pasivos, entre jubilados y pensionistas que en un país de apenas 3,5 millones de personas, perciben menos de 11.500 pesos por mes. Es decir, son indigentes que ganan tres cuartos salario mínimo, un octavo de la canasta familiar básica y un cuarto de lo que dice el gobierno que gana por mes cada uruguayo. Ergo, una verdadera vergüenza.
Pero el gobierno, muy suelto de cuerpo y hasta con la presencia de autoridades como si fuera un logro o algo por el estilo, hicieron el anuncio del mes, dijeron que a esos 130 mil pasivos que deben vivir en la indigencia con lo que perciben al mes sin lugar a dudas incrementando así las tasas de pobreza de este bendito país (eso no lo dice el gobierno lo afirmo yo a ojos cerrados) tendrá el pudoroso beneficio (y la palabra pudorosa es mía) de una rebaja de 76 pesos en las garrafas de supergás de 13 kilogramos.
Así como lo leyó, y aunque no lo crea, ¡76 pesos!.
Un montón de plata (ironías aparte), con la que el pasivo podrá ahorrársela y gastarla en lo que más le guste, que puede ser tres litros de leche común, cuarto kilogramos de carne picada para un plato de comida, o tres cuartos kilos de frutillas.
Ese descuentazo, lo tendrá por el hecho de ser pobre.
Como es pobre tendrá un descuento irrisorio.
Y encima con el comentario de las focas aplaudidoras que dicen “y bueno peor es nada, en los gobiernos anteriores no te daban nada viejo quejoso”.
Yo ya no sé si la tomadura de pelo que hace el, hace el gobierno, que encima en la presentación dijeron que con esta medida estaban “incluyendo a los que menos tienen en la política energética”, es para esas pobres personas o si es para nosotros.
Porque si es para el resto de los mortales, es decir, para los que más o menos tenemos dos dedos de frente, trabajos en multiempleo y encima estudiamos para poder superarnos en la vida, les decimos muchachos que ya nos dimos cuenta de que son tremendos hijos de sus madres (aunque estas no tengan la culpa) y somos parte del grupo.
No Somos Boludos. Ya nos dimos cuenta.
Porque si se trata del mismo Estado que paga sueldos gerenciales al de República AFAP con más de 660 mil pesos, a gerentes de centrales hidroeléctricas por 300 mil pesos, a treinta senadores cuya mayoría no sirven para nada por más de 300 mil pesos, gastos para diarios y revistas a 130 legisladores para que los usen en otra cosa, y decenas de oficinas públicas dedicadas a hacer “proyectos” que no sirven y que no condicen con la realidad de la población a la que están destinados, pero que durante su elaboración y puesta en práctica se destinan millones de dólares en la contratación de tecnócratas (el 90% salidos de la Facultad de Ciencias Sociales) y funcionarios políticos para justificar esa enorme burocracia, lo que está haciendo no es solamente una vergüenza, una falta de respeto, un atropello a la razón y una verdadera tomada de pelo.
Es una muerte asistida paulatina a nuestros viejitos, que nosotros no se la tenemos que permitir.
HUGO LEMOS