URUGUAY NOS ESPERA

Estimados lectores. El próximo Domingo, los Orientales estamos convocados una vez más, a ejercer el más sublime de los derechos que como ciudadanos nos otorga nuestro sistema político, republicano y democrático: el sufragio.
Será una instancia que debemos tomarla con seriedad y compromiso; veámosla como una gran oportunidad de decidir respecto a quienes deseamos que conduzcan los destinos de nuestro Uruguay a través del Poder Legislativo, sin mayorías partidarias, que obligue a consensuar políticas de estado, y un Ejecutivo abierto al diálogo y al entendimiento entre los actores que representan a la sociedad; ámbitos de poder, que decidirán qué futuro nos tocará en suerte.
Hemos visto con sorpresa, la poca militancia de quienes en otros momentos demostraron ser una máquina fabulosa de movilidad electoral; también presenciamos una interna tranquila y sin sobresaltos, más allá de algunos improperios fuera de lugar, por parte de algún candidato; pero en general, ha sido una campaña austera en lo combativo  y en la discusión de temas centrales, quizás por el descreimiento en el sistema, culpa pura y exclusiva de la dirigencia, o tal vez por la poca voluntad de plasmar las propuestas e ideas, en un franco debate que le permitiera al ciudadano, cotejar el peso de las mismas, ante preguntas directas y firmes, sobre temas concretos y problemáticos.
Lo cierto es, que con sus carencias y menudencias, no deja de ser un momento único, que sólo podemos repetir cada cinco años, y que muchas veces desearíamos fuese antes de tiempo, pues nos decepcionamos de nuestra dirigencia; por lo tanto, debemos saber aprovechar esta herramienta esencial, para que seamos nosotros los responsables por la dirección política, y otorguemos a quienes, ciudadanos también como nosotros, creemos más capaces y con mejor preparación, las potestades necesarias, para que nos devuelvan la esperanza y la confianza.
Algunos sostienen que en aquéllos casos en los que la diferencia entre los candidatos es grande, no es necesario concurrir a apoyarlos, pues los resultados están a la vista; otros prefieren intervenir en la interna de otro Partido, para incidir de forma negativa en contra de un candidato específico, o a favor de aquél que creemos más factible de que venza a quien no queremos que gane, y así surgen entretelones, con los que podemos estar de acuerdo o no, pero que no dejan de ser en sí mismo, una manifestación del deseo popular.
Lo importante realmente, es que comprendamos la grandeza que tiene nuestra participación en los destinos de los Partidos Políticos con los que comulgamos, ya que conforman la mejor manera que conocemos de convivencia democrática, y el mejor camino para influir directa o indirectamente, en el rumbo que nos gustaría darle a nuestro futuro y al de nuestros hijos.
Los que estamos convencidos de que debemos participar, sea como fuere, ya desde la militancia, o desde el anonimato seguido del voto silencioso, exhortamos a cumplir con ésta tarea, que más que obligación, es una gran responsabilidad, que no debería de requerir de un mandato constitucional, para hacernos enterar, de que las urnas nos reclaman, y el Uruguay nos espera.
Estimados lectores.
El próximo Domingo, los Orientales estamos convocados una vez más, a ejercer el más sublime de los derechos que como ciudadanos nos otorga nuestro sistema político, republicano y democrático: el sufragio.
Será una instancia que debemos tomarla con seriedad y compromiso; veámosla como una gran oportunidad de decidir respecto a quienes deseamos que conduzcan los destinos de nuestro Uruguay a través del Poder Legislativo, sin mayorías partidarias, que obligue a consensuar políticas de estado, y un Ejecutivo abierto al diálogo y al entendimiento entre los actores que representan a la sociedad; ámbitos de poder, que decidirán qué futuro nos tocará en suerte.
Hemos visto con sorpresa, la poca militancia de quienes en otros momentos demostraron ser una máquina fabulosa de movilidad electoral; también presenciamos una interna tranquila y sin sobresaltos, más allá de algunos improperios fuera de lugar, por parte de algún candidato; pero en general, ha sido una campaña austera en lo combativo  y en la discusión de temas centrales, quizás por el descreimiento en el sistema, culpa pura y exclusiva de la dirigencia, o tal vez por la poca voluntad de plasmar las propuestas e ideas, en un franco debate que le permitiera al ciudadano, cotejar el peso de las mismas, ante preguntas directas y firmes, sobre temas concretos y problemáticos.
Lo cierto es, que con sus carencias y menudencias, no deja de ser un momento único, que sólo podemos repetir cada cinco años, y que muchas veces desearíamos fuese antes de tiempo, pues nos decepcionamos de nuestra dirigencia; por lo tanto, debemos saber aprovechar esta herramienta esencial, para que seamos nosotros los responsables por la dirección política, y otorguemos a quienes, ciudadanos también como nosotros, creemos más capaces y con mejor preparación, las potestades necesarias, para que nos devuelvan la esperanza y la confianza.
Algunos sostienen que en aquéllos casos en los que la diferencia entre los candidatos es grande, no es necesario concurrir a apoyarlos, pues los resultados están a la vista; otros prefieren intervenir en la interna de otro Partido, para incidir de forma negativa en contra de un candidato específico, o a favor de aquél que creemos más factible de que venza a quien no queremos que gane, y así surgen entretelones, con los que podemos estar de acuerdo o no, pero que no dejan de ser en sí mismo, una manifestación del deseo popular.
Lo importante realmente, es que comprendamos la grandeza que tiene nuestra participación en los destinos de los Partidos Políticos con los que comulgamos, ya que conforman la mejor manera que conocemos de convivencia democrática, y el mejor camino para influir directa o indirectamente, en el rumbo que nos gustaría darle a nuestro futuro y al de nuestros hijos.
Los que estamos convencidos de que debemos participar, sea como fuere, ya desde la militancia, o desde el anonimato seguido del voto silencioso, exhortamos a cumplir con ésta tarea, que más que obligación, es una gran responsabilidad, que no debería de requerir de un mandato constitucional, para hacernos enterar, de que las urnas nos reclaman, y el Uruguay nos espera.
ADRIAN BAEZ