Usted no tiene una emergencia

La mujer caminaba sola junto a sus cinco hijos por el centro, la vida no le ha tocado fácil y eso está a la vista. Se ha tenido que enfrentar a cientos de dificultades desde siempre, poniéndole el hombro a la vida y a las circunstancias que se generaron a su alrededor. Sin embargo, en los últimos tiempos, con el advenimiento de su último hijo que ahora tiene meses de vida y cuyo padre se ocultó detrás de una pensión alimenticia como ocurre a diario con los cobardes, las cosas le han ido peor.Por un lado está el caso del abandono paternal como en muchísimas historias repetidas, el resto de los niños tampoco ve al suyo desde hace tiempo, enfrentar la cotidianeidad es una quijotada para todos, porque no es lo mismo ser madre de cinco hijos soltera, que serlo con padres que apoyan, con esposos que acompañan y están presentes, con familiares que dan una mano y no permiten que se flaquee, con un entorno que está detrás y que no deja que nada falte. Pero a esto, la mujer de la que hablo, de unos cuarenta y pocos años ahora, algo cabizbaja por los problemas propios de la pobreza económica, tiene que sumarle a todo esto algo no menos importante, que vive en un lugar donde la inseguridad campea y la mayor parte de tiempo esa zona ubicada en Salto, a pocas cuadras de su casa y de la mía, se vuelve tierra de nadie. Por allí pasan ladrones de baja estofa con motos robadas, objetos que acaban de sustraer de casas y comercios y con lo peor de todo, la firme intención de seguir haciendo daño al que se le cruce. Entonces todo esto se vuelve un problema, porque además de las situaciones complejas que a diario le tocan vivir, debe lidiar con la falta de seguridad para ella y los suyos, ya que son flanco débil para la delincuencia que les ataca cuando quiere y siente que puede hacerlo. Y si bien desde las instituciones no se la han hecho fácil con una asistencia debida a una madre con hijos, los hechos se complicaron aún más en las últimas horas cuando tras sufrir un nuevo embate de la delincuencia, recibió un mensaje de texto luego de haber llamado reiteradas veces al 911, por sufrir un apedreo a su precaria casa, en la que vive con sus niños pequeños. Desde ese mismo número, no solo dijo que no le atendieron, sino que además comentó que le comunicaron que como registra una serie de llamados hacia el servicio de emergencia que han sido de manera reiterada, desde la central entendieron que su llamado “no obedecía a una emergencia”, por lo cual ante la falta de disponibilidad de personal decidían no acudir hasta su casa. Señaló que el mensaje terminaba con un “Atte: Ministerio del Interior”. Asalto
Entre indignada y asustada, la mujer lamentó la situación y sintió cómo el desamparo de las instituciones le golpeó a la cara sin titubear. Dijo que sintió cómo se violaban todos sus derechos como ciudadana y cómo con decisiones como estas, se estaba desamparando a sus hijos y despojándolos además de toda protección que puedan llegar a tener ante un hecho infortunado por el que espera no tener que atravesar. No pude ver el mensaje de texto, pero esta persona es la misma que brindó su testimonio cuando resultó víctima de las inundaciones que la dejaron a ella y a sus hijos sin hogar, remitiendo todos sus datos personales e información sobre su situación, que pudo ser contrastada como veraz por este periodista. Por lo cual sus expresiones, que fueron vertidas en un casual encuentro en el centro de la ciudad y ante mi consulta para saber si había podido superar alguna de las adversidades con las que contaba al momento que la entrevisté, me dejaron helado. No puedo concebir que en un país donde el Estado tiene la obligación de prestar seguridad a todas las personas, como cumplimiento de uno de los principales postulados constitucionales, ya que el derecho a la seguridad está previsto en el artículo 7º de la Carta Magna, y si bien esto no implica que deba ponerse un policía por cuadra, sí quiere decir que debe garantizarse la prestación del servicio de seguridad a la población cada vez que así lo requiera, sin poner peros ni catalogar las llamadas en más o menos urgentes.Pero a todo esto, una madre soltera con cinco hijos a cargo que pide a la Policía que la ayude a ahuyentar a los delincuentes o malvivientes que le hacen la vida imposible ¿no es un tema importante a ser atendido? ¿O desde una computadora pueden catalogar qué es importante y qué no? Y si esta mujer o una de sus hijas aparecía muerta o violada en su casa, al día siguiente ¿harían una marcha? ¿Y la inacción del Estado en qué quedaría? Lamentablemente la seguridad, como tantos otros de los grandes temas que importan al país, son banalizados según el lugar desde el que se los mire. Y el divisionismo generalizado que hoy vive la sociedad, donde por un lado están los buenos y los que tienen la razón, y del otro lado están los malos y los que “quieren hacerle mal a este pobre buen gobierno que hace lo que puede para ayudar a la gente”, están distorsionando el merecimiento de una discusión seria, analítica y profunda sobre los temas que importan.
Así quedó demostrado en la convocatoria fallida, a mi juicio, realizada por el Centro Comercial e Industrial de Salto, donde querían ver las caras de los referentes sociales en una reunión para escuchar propuestas y planteos que surjan de la sociedad civil con el fin de frenar la inseguridad. Pero allí concurrieron en su mayoría una pléyade de políticos que solo fueron a dar discursos sin sentido y a estar solo para la foto, los que luego de dejarles la cabeza llena de dudas a quienes los convocaron y hasta a la propia Policía, todos quedaron en ascuas y sin algo concreto en sus manos que pueda aportarle un sustento a una alicaída policía que ya no puede más con la serie de robos que se vienen dando a diario en nuestra ciudad y siguen peleando con dos escarbadientes para intentar frenar una tormenta que requiere mucho más que un paraguas. Pero ese divisionismo absurdo es el que también se plasmó en las dos movilizaciones que se realizaron este fin de semana, similares ambas en concurrencia, donde los que sí asistieron a la ocurrida el sábado, que fue convocada por las instituciones que integran la Coordinadora Departamental de Género, por el Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra la Mujer, no fueron y además desconocieron la movilización que se llevó a cabo al día siguiente (ayer domingo) donde otra cantidad de personas, que son tan salteños como los que marcharon el sábado, protestaron por la inseguridad que estamos viviendo en nuestra sociedad y que en cierta medida es también contra los hacedores de los horrendos hechos que terminaron promoviendo la marcha del día anterior. Por lo que si bien los que marcharon el sábado no fueron a la calle este domingo, los que lo hicieron ayer domingo tampoco fueron el sábado y así se generaron dos grupos que pelean por lo mismo, pero de manera diferente y en ese enfrentamiento tan silencioso y sutil como absurdo, ninguno de los dos prosperan en sus reclamos. Unos lo hicieron sin pedir más que el cese de la violencia contra las mujeres y los otros lo hicieron exigiéndole al gobierno que tenga mano dura contra la delincuencia.
Por lo que ambas manifestaciones sociales han sido legítimas, pero divididas y enfrentadas sin sentido.Mientras tanto, gente como la mujer con la que me encontré días pasados en el centro, la que fue víctima de la omisión estatal, donde en ese momento nadie veló por su seguridad y la de su familia, y en ese aspecto violaron todos sus derechos humanos y los de los niños que están a su lado, siguen esperando que ese entramado social que está dividido por el odio, la mezquindad, el egocentrismo de los referentes políticos y la imbecilidad aguda de algún otro, pueda terminar con soluciones de fondo que contemple una realidad objetiva y en función de ello busque darnos las soluciones que todos de una vez necesitamos.

HUGO LEMOS







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