Votar por la institucionalidad

Cuando los problemas son graves, no se pueden barrer e intentar ocultarlos debajo de la alfombra, por la sencilla razón que cuando son realmente importantes, empieza a hacerse un bulto que se nota a la legua y entonces ya no hay como tapar absolutamente nada. Eso fue lo que hizo, o al menos intentó hacer el gobierno la última semana, cuando para enmendar un error, que por lo que se sabe, comenzó en la propia Presidencia de la República, llevaron al Senado una propuesta del Poder Ejecutivo, para destituir a los seis generales pasados a retiro de manera sorpresiva hace algunas semanas, por el presidente de la República.  desparecidos
Pero al final, más allá del resultado de la votación, lo más preocupante es lo que subyace, lo que quedó en el aire, esa atmósfera espesa que hace difícil digerir todo lo que ha pasado, pero que sobre todas las cosas, muestra con claridad que sigue habiendo un divisionismo en la sociedad que aumenta la brecha entre los uruguayos.
La decisión del Senado de votar divididos, no porque unos creyeran en la democracia y otros en los golpes de Estado, sino porque unos le echan la culpa al otro de haberse mandado una tremenda macana y ahora no quieren ser responsables de los errores de los otros, y así, el cruce de dardos de un lado y del otro, trasladó al parlamento nacional, símbolo de la expresión republicana y de la democracia, el divisionismo que se traduce en nuestra sociedad con este tipo de casos.
Cuando el entonces comandante en jefe del Ejército y ahora precandidato a la Presidencia, Guido Manini Ríos, le entrega al ahora fallecido ministro de Defensa Jorge Menéndez (que murió inesperadamente), la única copia del Tribunal de Honor del Ejército, donde el represor Gavazzo confesaba nuevos crímenes de lesa humanidad, y el entonces secretario de Estado, tomando conocimiento de los hechos se los traslada a la Secretaría de la Presidencia de la República, el Sr. Secretario debió poner en conocimiento de los hechos de manera inmediata al Fiscal de Flagrancia.
Ahí, al no hacer nada, comienza a verse el primer error, luego el mismo se completa con el peor de todos, que es que el Presidente de la República refrenda el fallo aparentemente sin leerlo y sin tener que haber hecho semejante cosa, de firmar algo sin saber lo que dice adentro. “No puedo leer más de 50 expedientes por día”, enfatizó el primer mandatario cuando fue cuestionado de porqué había firmado algo así, sin saber de qué se trataba.
Es el Presidente, no hay superior posible como para darle un reto, o como para pedirle que no lo vuelva a hacer. Si el presidente se equivoca, entonces ¿quién va detrás a reprenderlo o decirle que no vuelva a hacer lo que hizo? Pero para muchos ese no es el problema y los generales que le tomaron la declaración a Gavazzo y pusieron todas sus confesiones en las actas, para que los mandos superiores (entiéndanse tres personas, el comandante en jefe del Ejército, el Ministro de Defensa nacional y el presidente de la República) sean los que tomen cartas en el asunto, pasaron a ser los únicos responsables y entonces exculparon al resto y la estrategia cambió, todos dicen ¡qué mal que se portaron los generales! Y en su defecto, aplaudimos al Presidente.
Pero no todos se comieron esa pastilla. Y quisieron dejar en claro en el parlamento esto mismo. Entre ellos, hubo una acertada intervención del senador salteño Germán Coutinho, que pidió que antes de votar la destitución de los generales, el tema sea tratado en la Comisión de Defensa del Senado que él mismo integra, con el fin de que el caso sea estudiado más a fondo, porque cuando ocurrieron los hechos, dijo en Sala que ninguno de los legisladores que integran con él esa Comisión, ni siquiera los del Frente Amplio, tenían información certera de lo que estaba pasando y por eso pidió más tiempo para enfrentar las cosas con otra madurez, y que no se mande a la guillotina a los jerarcas castrenses sin tener una visión más amplia de lo ocurrido.
Allí falta un eslabón muy importante que aún hoy no fue aclarado, y es: ¿qué hizo Miguel Ángel Toma, el secretario de la Presidencia de la República, con el expediente que incluía el fallo del Tribunal de Honor después que el exministro de Defensa se lo entregó para que lo leyera informándole de lo sucedido?
Al final, en esa maratónica sesión del Senado, en la que no se alcanzaron las mayorías como para que se votara la destitución de los generales, los partidos fundacionales no acompañaron la moción que vino del gobierno, por entender que el mismo estaba haciendo una jugada política, y entonces los legisladores oficialistas comenzaron a insultarlos, generando así una división de la clase política a la vista de todos, algo que tienta a una fractura de la democracia.
La oposición debió respaldar, a mi juicio, la institucionalidad, votando la destitución. Estuvo bien la solicitud de que el tema pase a estudio de la Comisión del Senado, estuvo bien lo que les dijeron, al menos en parte, a los legisladores del oficialismo acerca de que el gobierno también tuvo tremendas responsabilidades en este caso al no actuar cuando fueron informados por el entonces comandante en jefe del Ejército primero y por el exministro de Defensa después. Pero igual deberían haber dado al final del día, el voto favorable para respaldar la institucionalidad.
Porque justo hoy, un 20 de mayo, cuando se cumple otra Marcha del Silencio, en recuerdo del asesinato de Zelmar Michelini y Gutiérrez Ruiz por parte de los represores argentinos, esa circunstancia habría quedado como una reafirmación democrática, más allá de las responsabilidades políticas que después, en forma justa, se reclamen. Pero lo más importante es que de esto se aprenda y que no nos sigamos fracturando más como sociedad de lo que ya estamos.

HUGO LEMOS







Recepción de Avisos Clasificados