¿Y el legado de Varela?

Cuando José Pedro Varela pensó en universalizar la educación pública, para que todas las personas alcancen al menos un nivel mínimo de instrucción hace más de un siglo y medio atrás en Uruguay, era sin lugar a dudas todo un adelantado para su época. No solo porque pensó en algo que muchos en ese momento ni siquiera se atrevían a soñar, que lo veían como una locura, como un sinsentido, como algo descabellado, sino porque además de pensarlo, luchó hasta que lo llevó a la práctica.
El pensamiento de Varela, como el de todo masón (aunque los masones dicen que el que pertenecía a la Logia era su hermano y no él) tenía una visión profundamente democrática y libertaria, la que le daría a todos aquellos que así lo quisieran, el derecho de poder alcanzar un nivel de conocimiento adecuado con el fin de salir a defenderse en la vida, porque tanto en aquella época como en la era actual, el poder del conocimiento es insustituible.
El valor del conocimiento es lo más importante, es la herramienta que nos enseña a ser libres, primero que nada, a saber aprovechar nuestro tiempo y a no dejarnos mandar por inútiles, sino a hacer nuestro propio camino. A través de la educación podemos acceder, saber, conocer, pensar, crear y generar cosas nuevas y positivas para nosotros mismos. Y ese valor, en una sociedad libre y democrática debe estar en todas las personas.
Pero ese acceso a la educación debe tener un valor agregado muy importante, la laicidad. No tanto en lo religioso, porque eso responde a sentires y puede haber gente que concurra a los mejores colegios del país, que muchos de ellos tienen un signo religioso y no ser fervientes creyentes de esa misma religión o nada adeptos a la misma, o por el contrario haber sido incluso hasta bautizados en la misma religión que se profesa en su centro de estudios, pero ni siquiera responder un rezo porque su espíritu no lo siente de esa manera.
Por eso la mayor laicidad es la que acaba con el dogma político, el que combate las doctrinas que se imparten en determinadas sociedades donde se dice que las mismas brindan acceso a la educación a sus ciudadanos, sí, ¿pero a qué precio? ¿Al del quitarles la libertad de pensamiento y adoctrinarlos para que salgan repitiendo como loros que el régimen de gobierno que tienen instaurados a manos de unos locos sueltos (que en realidad son unos flores de vivos porque se quedan con todo el poder para ellos y sus familias) es algo bueno y debe perdurar por siempre? Como es el caso de los regímenes totalitarios que no permiten elecciones libres entre su población, ni la diversidad de partidos políticos, solo un partido único y es “porque el pueblo (recontra oprimido de por cierto) así lo quiere”. No, nada de eso.
José Pedro Varela, el flaco barbudo, que aparece en todos los cuadros que hay en las escuelas públicas del país y en los billetes de 50 pesos para aquellos que van a colegios privados, era un genio. Estaba diez pasos adelante que los demás tipos de su época. El hombre pensó que si todo el mundo iba a la escuela y aprendía aunque sea lo básico, a leer y a escribir, sin tener que pagar el precio de convertirse a algún dogma, sea religioso o político, la gente iba a alcanzar otro nivel de educación que les permitiría lo más importante, romper las cadenas con el mundo de la esclavitud que les imponía la pobreza y el analfabetismo que campeaba en ese momento y el país se volvería entonces una nación más, próspera, avanzada y desarrollada.
Porque tanto en aquella época como ahora, las naciones son más o menos desarrolladas según el nivel de conocimiento de sus sociedades. Y ahí tenemos a los países escandinavos, que de las últimas cinco letras no tienen nada y son superinteligentes. Países como Dinamarca, que son una punta de la Europa más fría, son exportadores de conocimiento, de inteligencia, venden conocimiento al mundo. Sí, también todos tienen acceso a la educación pública estatal que es laica al igual que acá, solo que allá es buena, muy buena, súper avanzada. ¿Son de otro planeta que inventaron algo que acá no lo sabemos aún? No. Para nada.
¿Entonces cuál es la receta de ellos? Es que son serios, responsables y que han asumido un compromiso con la educación que trasciende el sueldo que puedan llegar a ganar. La casita que tienen, el autito que tienen, la motito que tienen. Ellos piensan todo el día en la educación que le van a impartir a sus alumnos y no están faltando a clases por un dolor de cabeza y esas clases no quedan sin profesores porque no pueden sustituir a los mismos, a no ser que tengan una licencia médica por tanto tiempo y así siguen y siguen con otras mañas que hemos adquirido en el país de la “viveza criolla”, donde lo único que seguimos evitando con todo esto, es el desarrollo que tanto anhelaba Varela para su pueblo, cuando luchó contra el establishment de la época para alcanzar su patriada de la educación, laica, gratuita y obligatoria para todas las personas.
Vivimos en un país donde evocamos a Varela en sus monumentos y sus bustos, le ponemos ofrendas florales, hasta una canción le hicimos y le enseñamos a nuestros niños con falso orgullo que la educación pública en el país, es de las mejores y que la moña azul no hace otra cosa que ser un factor de igualación hacia arriba de los más pequeños de todos los estratos sociales.
Pero al igual que los cuatro presidentes post dictadura (con excepción de Mujica que no tuvo hijos, pero sí Sanguinetti, Lacalle, Batlle y Vázquez) mandaron a sus hijos y actualmente a sus nietos a colegios privados siempre, nunca a la escuela vareliana, porque la sienten desprestigiada por las mismas políticas que ellos han creado y defendido en sus respectivos procesos de gestión.
Se han encargado de bastardear el sueño de Varela, primero haciendo de la educación pública una muy carente de exigencias a los alumnos, sobre todo a los denominados de contexto crítico ¿total?, a esos en sus casas, si es que las tienen, ni los deberes les controlan. En cambio si se trata de un alumno del colegio privado, seguramente se van a cuidar con lo que le mandan a estudiar porque el padre les va a leer el cuaderno y se les puede venir al humo.
Todo esto, es algo que realmente se da y ocurre en nuestra ciudad y en nuestro país, hay una fragmentación social cada vez más acentuada en función de la inequidad existente en el acceso al sistema educativo y de ahí partimos y trasladamos el problema al resto de la sociedad.
Por lo tanto, la idea de José Pedro Varela, al que muchas escuelas celebrarán hoy, pese a que fue ayer, su aniversario, debe estar plasmada en el accionar diario. En ese sentido, el sindicato de maestros debería evocarlo con acciones, no con actos y pancartas, sino con una autocrítica sobre qué es lo que están haciendo para seguir su legado.
Uruguay padece de un problema estructural por la caída estrepitosa del nivel educativo de su población, sobre todo en los estratos más bajos, este es un dato objetivo de la realidad. Lo peor que se ha acentuado en los últimos tiempos y a esto nadie lo reconoce echándole toda la culpa a la crisis del 2002, claro, eso es más fácil.
Encima tenemos una ministra del educación, que tuvo el tupé de decir que Wilson Netto (el presidente del Codicen) era el “Varela de este quinquenio”. Pobre flaco barbudo, lo compararon con un petiso, regordete y pelado, que ni en eso se parece al reformador de la escuela, que está dejando de ser tan gratuita por su avanzada falta de laicidad. Lamentable.
varela

HUGO LEMOS







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