¿Y SI ENSEÑAMOS A LOS NIÑOS AQUELLO DE LOS TALENTOS Y VIRTUDES?

Por Dr. Adrián Báez

Estimados lectores. Ayer nos enteramos de una noticia que nos dejó desconcertados. En el afán que ha surgido en los últimos tiempos de disputarse el descubrimiento de la pólvora, se han propuesto varios cambios en el ambiente educativo, principalmente en el escolar.
La semana pasada, padres de alumnos sugirieron que se cambiara el color de la histórica, distintiva y democrática túnica blanca con su incondicional moña azul, por un verde que representara la defensa del medio ambiente y su conservación, palabras más, palabras menos. Afortunadamente, tanto las autoridades de la educación, como el mismísimo Presidente de la República, salieron al cruce, argumentando en contra de la idea, lo que nos tranquilizó, más allá de que es loable de vez en cuando, la discusión de si la moña, hoy, en pleno siglo XXI, cumpliría alguna otra función que la mera decoración para muchos pasada de moda y de época.
Lo nuevo, y también desconcertante por todo lo que significa, viene del lado de esas mismas autoridades que tuvieron buen tino, a nuestro entender, en el asunto de la túnica y la moña. La inspección de Primaria, propone pasar de la meritocracia a la democracia; quieren que el abanderado sea el más popular y no el mejor alumno. Sin palabras.
Se argumenta a favor de la propuesta, que la democracia y no la meritocracia es la guía del sistema político uruguayo. ¿Acaso la escuela no debería seguir la misma lógica para elegir a sus abanderados? Esa fue la pregunta que se hizo el equipo de Primaria y que llevó a una propuesta de cambio de la normativa. “La nueva concepción, como sucede en la vida real, es que todo alumno pueda ser elector y elegible”, explicó Milka Shannon, inspectora técnica.
Hoy los alumnos que llegan a quinto de escuela con calificaciones de muy bueno para arriba, con buena asistencia y conducta son candidatos a abanderado. Y a partir de esa selección se abre a la votación. Así lo dispuso una circular de 1990 que continúa vigente.
La nueva propuesta, en cambio, establece que la elección se haga en la primera quincena de marzo con todos los escolares que llegaron a sexto; sin importar sus notas ni su asistencia. Los alumnos votan y en base a los resultados se genera el ordenamiento. Luego se reparten las tres banderas —el Pabellón Nacional, la de Artigas y la de los Treinta y Tres Orientales— para cada acto.
Supongamos que hay seis actos en el año; “los seis niños más votados se alternarán sucesivamente para portar el Pabellón Nacional”, ejemplifica el tercer artículo del nuevo reglamento que está a estudio de los maestros. Los siguientes seis más votados llevarán la de Artigas y así sucesivamente. Salvo que en la clase haya muy pocos estudiantes, un mismo niño no puede repetir el rol. Cuando se agota el listado, se vuelve a empezar. Y cuando ni siquiera se llega al mínimo de abanderados de sexto año, típicamente en las escuelas rurales, pueden ser portadores los niños de otras generaciones. También hay excepciones para las escuelas que llevan el nombre de un país con el que Uruguay mantiene relaciones: agregarán tres abanderados para portar ese pabellón.
Así será la elección si prospera la iniciativa oficial: cuando un niño llega a sexto de escuela tiene que declarar si quiere ser abanderado o no. Entre aquellos que pretenden serlo, se arma la lista de votación. Un día la maestra establece un “cuarto secreto”. Cada alumno ingresa, toma el listado con los nombres y señala a tres compañeros que quiere como abanderados. Luego dobla la hoja y la coloca en un sobre “debidamente firmado por el presidente y secretario”; cierra el sobre y lo deposita en una urna “a la vista del presidente”. El reglamento señala que “si hubiera niños que no obtuvieron votos o en caso de empate, se los ordenará por sorteo”. El orden de votación es alfabético y por clase: 6°A, 6°B… Cuando termina la votación se realiza el escrutinio ante los delegados. Habrá dos actas: “Una por orden alfabético de los niños en cuyo margen se irán marcando los votos; y otra, la definitiva, en que se ordenarán los nombres según el resultado de la votación en orden decreciente”. Aunque suene a un juego de niños, la inspección técnica le ordena a la dirección de cada escuela que preste atención a que se cumplan debidamente todas las etapas y el justo procedimiento. En fin.
Para la inspectora Shannon “en la sociedad actual no debemos funcionar por premios”. Así como “cualquier persona tiene el derecho a ser presidente, todo alumno puede ser elector y elegible”, explicó. Ni siquiera la conducta, dijo, “debe ser un impedimento para el reconocimiento, porque en la práctica los propios compañeros no suelen apoyar a quien se porta mal”; confundiendo, la jerarca, absolutamente una cosa con otra, y desvirtuando lo que significa la imprescindible enseñanza de que ante el trabajo, el esfuerzo y la responsabilidad, se puede acceder a recompensas que estimulen la sana competencia, que el mundo real, y no el ficticio que parecería querer hacerse primar, le impondrá al hoy estudiante y mañana adulto, a fuerza de golpes, y para lo que debe estar preparado.
En tal sentido, hacemos nuestras las palabras del Diputado del Partido Colorado Ope Pasquet, quien al respecto manifestó que “la idea central de la figura de los abanderados es reconocer a quienes se destacan por su calificación, pero la iniciativa de Primaria abandona la idea de premiar el mérito; se quiere emparejar para abajo”.
Creemos que en la escuela se deben forjar ciudadanos que, en su adultez, sepan y puedan, con mejores herramientas, defender a esa democracia que hoy, siendo niños, poco entienden. Sería bueno que nos preguntemos, ¿y si enseñamos a los niños aquello de los talentos y virtudes?







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