¿Y YO, PARA CUÁNDO?

Por Dr. Adrián Báez.
Estimados lectores. No cabe duda alguna que los criterios políticos y el ejercicio de ese arte de hacer posible lo imposible, o por lo menos el arte de intentarlo, es disímil dependiendo del grado de compromiso y de entendimiento que profese quien lo practica.
Lo sucedido la semana pasada en la Junta Departamental, donde la mayoría de los curules le negó al gobierno del intendente Lima el presupuesto quinquenal con el cual llevar adelante el programa prometido en su campaña, y que mal que le pese a quien le pese, fue el favorito y por ende el elegido por los salteños, es un tremendo acto de irresponsabilidad y de pequeñísima visión política.
Entendemos el juego político, pues a pesar de ser jóvenes aún, hace ya 20 años que transitamos en la militancia; sabemos a conciencia que las reglas no siempre comprendidas y muchas veces difíciles de explicar, pero que hacen a la cosa, forman parte esencial para el desarrollo de la política; lo que no significa, la inexistencia de una fina línea entre ese juego al que hay que someterse, y la irresponsabilidad política, en la que si caemos, y creamos que hemos caído lamentablemente, puede darnos bastante de lo que arrepentirnos y menos que la misma deba de ser pasada.
Nos equivocamos de gran manera si por ventura nos convencemos de que al negarle el presupuesto al Gobierno Departamental, se lo negamos a Lima y lo perjudicamos específicamente a él; todo lo contrario, lo que estamos haciendo es demostrar la inmensa mezquindad que nuestros representantes llevan dentro de sí y lo expulsan con actitudes tan viles, sometiendo y colocando el futuro del Departamento en una encrucijada, en nombre de ese mismo futuro que dicen defender, bloqueando los recursos con los que el momentáneo intendente de una colectividad determinada, en éste caso del Frente Amplio, puede y debe utilizar para el progreso de nuestro terruño, por un lado y la constante victimización, por el otro.
Las cosas no se vienen haciendo bien; el Ejecutivo ha demostrado una incoherencia e incapacidad alarmante y sorprendente al no saber o querer transar con propios y ajenos, nada más y nada menos que el abc de su futura gestión; inexplicablemente ha hecho todos los deberes para que peligrara y hasta el momento lo ha conseguido.
Deseamos creer que no actúa de forma tan tonta para tener argumentos postreros con los cuales excusar su aparente ineficacia; de hacerlo sería una estafa moral.
En cuanto a la oposición; nos entristece ver lo rápido que se han olvidado los tiempos en los que nos quejábamos desde esa misma Junta que hoy se utiliza para llevar adelante maneras políticas que tanto daño nos causó y que tanto cuestionamos en su momento, de la falta de respeto a la población; colocando por encima de los intereses de Salto, los de tal o cual colectividad y sector; hoy, lo que ayer denostábamos, lo tomamos como nuestro modus operandi, lo que no compartimos, ni avalamos.
Mientras el oficialismo, que tendrá que resolver él mismo sus dilemas internos, en los que por sí sólo se metió; y la oposición, que hasta no hace mucho era gobierno, miden fuerzas en las pseudos escaramuzas a las que nos someten; una sociedad entera espera cansada que sus dirigentes pongan manos a la obra y hagan lo que deben: gobernar cada cual desde su lugar.
No le dolerá a Lima, ni a su gabinete, ni a su Partido, ni a los disidentes, ni a la oposición, ni a los hinchas fanáticos de un bando y del otro, las consecuencias dañinas que pueden llegar a surgir por lo que no se logre concretar, o lo que se concrete a medias, por no contar con un presupuesto acorde a los tiempos que corren con los precios aplicables, creyendo lógico, algo que no lo es, como el sobrellevar una administración con los mismos recursos que hace 5 años; cosa que no lo puede conseguir usted, ni yo, ni los protagonistas de ésta historia en sus propios hogares; será como de costumbre: a Salto y a los Salteños.
No votarlo por el sólo hecho de no hacerlo; no votarlo por revanchismo; no votarlo sin antes estudiarlo, discutirlo, negociarlo, quitarle tal o cual artículo, ponerle tal o cual ítems, etc.; es la más errática de las faltas que el espectro político podía regalarle a la ciudadanía. Y una vez más Salto se pregunta: ¿y yo, para cuándo?