Ya no es nuestra plata

Cuando en el año 2012 estaba haciendo un curso en Montevideo sobre economía para periodistas, una de las charlas las dio el entonces ministro de Economía, Fernando Lorenzo. banca
El mismo que después fue procesado por el caso Pluna, implicado en la venta ficticia que se pretendió hacer al grupo del empresario argentino propietario de Buquebús, López Mena, lo que se cayó todo tras la reveladora foto de El Observador, cuando todos juntos celebraban la transacción en un bar pituco de los que pululan en la Ciudad Vieja.
Bueno, el mismo Lorenzo, fue el que nos dijo en ese momento, que luego de haber viajado por cuatro países diferentes antes de llegar a darnos esa charla, en el único que había necesitado efectivo para hacer una compra había sido Uruguay, pero advirtió ya en aquel entonces, que estaban trabajando junto a los legisladores del Frente Amplio para darle forma una ley que incluiría todo lo financiero en un sistema de pagos electrónicos.
Todo eso pareció maravilloso, bárbaro, muy positivo para todo el mundo, porque también él apelaba a la inseguridad reinante y al hecho de tener que llevar dinero en el bolsillo, evitándolo con mecanismos como el pago electrónico.
Sin embargo, lo que no dijo Lorenzo en ese momento fue que para implementar la ley, lo que iban a hacer era un negocio fabuloso con los bancos, donde los mismos se adueñaban de las ganancias de la gente, los hacían clientes forzados de sus entidades y en función de su capacidad económica, que se la iban a manejar ellos porque la ley los mandataba, les ofrecerían “servicios”.
Esos servicios son básicamente préstamos y tarjetas de crédito, que las entidades bancarias les expiden a sus nuevos miles de clientes con el fin de poder ganar dinero por manejarles su plata. Plata que ganan con su trabajo pero que ahora están obligados en cobrarlas por ahí, en recibirlas por ese medio, por esa institución, sin que pase antes por ellos.
Entonces mucha gente, sin comerla ni beberla de la noche a la mañana pasó a ser cliente del banco tal o cual. Ese banco es el que te dice qué capacidad de economía tenés y en función de eso te alienta a sacar un préstamo o a darte una tarjeta de crédito, para que gastes un poquito más y así siempre vas a tener una obligación pendiente que cancelar con ese banco, y el mismo siempre te va a seguir diciendo cómo y en qué debes gastar tu dinero, es decir, el poco que te va a quedar después de pagarles a ellos, claro.
Esa manera que tienen los bancos de haber apropiado de los dineros de la gente es responsabilidad de la ley 19.210, la ley de inclusión financiera, esa que Lorenzo dijo que nos iba a poner en el primer mundo a los uruguayos, que ahora cada vez que necesitemos algo de dinero, tengamos que pasar por el cajero y con eso le estamos dando de ganar porque al pasar la tarjeta por la ranura, el sistema siempre gana.
Aunque no nos dijo eso Lorenzo, sino que nos dijo que era una ley que nos iba a incluir a todos, y que nos iba a permitir saber cuánto dinero tenemos y cómo manejarlo sin movernos de nuestra casa.
Pero eso no es lo que quieren muchos, que sienten que han perdido su libertad y sobre todo la capacidad de manejo de sus fondos.
Sino que mucha gente quiere volver a sentir que no tiene porqué avisarle al banco tal o cual cuánto gana y porqué gasta lo que gasta.
Pero eso ya no pasa ni va a pasar más.
Además la ley de inclusión financiera ha hecho que haya gente que ya no pueda elegir si paga toda la cuota o la mitad y empieza a refinanciar una deuda, sino que espera a que le descuenten derecho nomás el dinero que quizás no tiene o es emes lo precisa para algo más importante, como un tema de salud por ejemplo, pero no puede decir sobre su dinero, porque ahora es el banco el que decide.
El sistema no nos cuida, nos obliga a darle nuestra información, a darle nuestro patrimonio y a darle todo lo que ellos necesitan como para seguir haciendo del negocio bancario, el más rentable del mundo, mientras tanto, gracias a personas como el exministro Lorenzo, nosotros ahora somos gente que va al cajero a sacar lo que le queda de su dinero y contar las miserias el resto del mes.
Pero lo bueno, es que estamos dentro del sistema, y encima nos quejamos.

HUGO LEMOS