YO, FIRMÉ

Por Dr. Adrián Báez
Estimados lectores. Lo vivido el pasado martes en el hermosísimo Teatro Larrañaga, habla a las claras de una sociedad consciente del poder que tiene la unión, por encima de las diferencias existentes en su seno.
Ver a representantes de las más diversas instituciones sociales y a políticos de todas las colectividades presentes en esa convocatoria ciudadana, nos deja pensando en la posibilidad latente que tenemos los uruguayos a la mano, de poder resolver muchísimos de los problemas que padecemos, bastando para ello, con que haya voluntad.
El ejemplo que Salto ha dado a lo largo de su historia al respecto, debe de servir inclusive para nosotros mismos, los salteños. La Represa de Salto Grande; las Universidades, tanto la pública como las privadas; los institutos de formación docente; los complejos termales; son en si mismos una evidencia de que cuando se quiere, se puede. Ahora vamos por el IMAE; objetivo que de alcanzarse, una vez más beneficiará, como los ejemplos mencionados, no solamente a los coterráneos, sino que también a la región.
Que en menos de una semana se alcanzaran las 50.000 firmas deseadas, las que al llegar a los 7 días del lanzamiento de la campaña de recolección mañana martes, pasarán con creces dicho piso, es un preciso mensaje que el gobierno nacional no puede desoír, ni mucho menos descartar, sin caer en el penoso y peligroso ejercicio de un accionar soberbio y por qué no, antidemocrático.
Hemos escuchado voces que reclaman el seguimiento de procesos administrativos necesarios para la habilitación del centro cardiológico, y no nos oponemos a que se sigan; lo que decimos, y en eso creemos estar todos de acuerdo, inclusive muchos de quienes apoyan la postura oficialista, de que esas cuestiones deben de ser resueltas por quienes tienen competencias en ello, y que no pueden ser impedimento y menos aun una excusa para denegarle a buena parte de la ciudadanía, herramientas necesarias para garantizarles una mejor calidad de vida, o el aliciente de saber que, si por desgracia, sufren una insuficiencia cardiaca tal que amerite un tratamiento que solamente un IMAE puede brindar, y con el cual haya reales y mayores posibilidades de obtener un buen resultado, tienen un acceso rápido y al alcance de la mano.
Los vericuetos burocráticos que tanto limitan y demoran los pasos del progreso en todos los aspectos de la vida, ya no sirven de pretexto y está en nosotros, los ciudadanos de éste maravilloso país, recordárselo a los dirigentes sociales y políticos de todas y cada una de las ideologías latentes en Uruguay.
Tampoco podemos ni debemos tolerar que se nos menosprecie intelectualmente y se nos tome de tontos, esgrimiendo perimidos discursos oportunistas en los que se defiende un sistema en el que para que las cosas funcionen o sean “igualitarias”, deben de ser propiedad del Estado. Poco importa si la inversión es privada y las ganancias serán usufructuadas o disfrutadas por dicho sector; importa sí y mucho, por cuestiones básicas de humanidad, que miles de compatriotas puedan intentar salvar sus vidas, y decimos intentar, pues un IMAE no asegura con su sola presencia que la misma sea salvada, pero sí ofrecerá una alternativa menos alarmante o preocupante, que contar los kilómetros transitados, especulando con una llegada a una asistencia en la capital de la República, a la que se podrá llegar o no.
Sabemos que los intereses ocupan un lugar preponderante en dicha cuestión, pero en cuál no. Por lo tanto, si el gobierno y los prestadores privados de salud deben arreglar cosas, que las arreglen; si deben de sellar acuerdos, que los sellen; si deben de pasarse facturas, cuentas o reproches, que se los pasen; no es asunto nuestro ni nos interesa.
Hoy por hoy, el norte del Río Negro tiene un espacio físico con los elementos suficientes para evitar muertes y salvar vidas; eso es lo que nos impulsa a apoyar ésta causa, y no es poca cosa.
Señores, a las cosas. Gobierno, escuche a su pueblo; ciudadanos, continuemos en la marcha por el IMAE Cardiológico en el Litoral Noroeste, que no por ardua, deja de ser la más justa. Yo firmé.







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