“Diario El Pueblo me ha brindado mucho”

La convocatoria para trabajar en El pueblo, comienza mientras trabajaba en Tribuna Salteña.
Diciembre del año 1986, cuando todavía el Escribano Enrique  Cesio se encontraba al frente de la administración.
Coincidió que me había tomado cinco días de licencia allí, y El Pueblo, organizaba un suplemento para fin de año.
Mi tarea comienzó en horario de la tarde, y cuando finalizó ese primer día, me ofrecieron el trabajo en horas de la noche. Lo tomé, seguí trabajando para finalizar el suplemento, y cuando esto ocurrió, me brindaron la posibilidad de quedarme trabajando de forma permanente.
A partir de allí, mi tarea fue de tipografía, haciendo el armado de la página, con mucha dedicación.
Seguí, en días en que no concurría la persona encargada de hacerlo, en la tarea de linotipo. A partir de allí, ya comienza la segunda etapa de diario El Pueblo.
A este segundo comienzo, lo vi muy bien. Siendo un cambio importante para todos, tanto para el diario, como para el trabajador.
Fue una etapa difícil, de mucho sacrificio para el empleado, el cual  le llevó un tiempo tomarle la mano al trabajo y a la maquinaria. Era como que todo  el tiempo estábamos aprendiendo.
Al principio la viví digamos que un poco desde afuera, porque se designó al personal para cada sección y me quedé a disposición para lo que hiciera falta realizar. Comencé en el corte del papel, y al mes  de cambiar la administración, mi compañero que estaba en la tarea de técnico en fotomecánica, me brindó la posibilidad de que fuera  aprendiendo, para luego ocupar su lugar.
En todos estos años el me ha regalado mucho. Solo han sido satisfacciones.
Me brindaron mis superiores muchas  oportunidades, como la posibilidad de poder cuidar a mis hijos, ya que mi señora estudió después de casada, y podía estar yo durante el día en casa para quedar con los niños, mientras ella lo hacía.
Tengo la satisfacción del nacimiento de una hija: Eugenia,  en ese mes de diciembre que comienza esta nueva administración, la cual hoy trabaja conmigo en el diario, en la tarea de diagramación.
Esto para mí significa mucho, es una enorme satisfacción, de que se encuentre actualmente, realizando tareas a mi lado.
Fue muy bueno el compañerismo que siempre existió dentro de la empresa, en aquella época, y hasta hoy. Será motivo por el cual mi trabajo nunca me pareció sacrificado. Venía y vengo a realizar una tarea que me encanta y fue un placer siempre.
Tratando de hacerlo con la máxima responsabilidad, e intentando no tener inconvenientes, ni cometer errores. Así mismo, he cometido varios.   Lo importante, es que me  encuentro a diez años de jubilarme, esperando que todo transcurra como hasta hoy, porque mi mayor alegría, sería poder hacerlo retirándome desde esta gran casa.

La convocatoria para trabajar en El pueblo, comienza mientras trabajaba en Tribuna Salteña.

Diciembre del año 1986, cuando todavía el Escribano Enrique  Cesio se encontraba al frente de la administración.

Coincidió que me había tomado cinco días de licencia allí, y El Pueblo, organizaba un suplementoSergio Santurio para fin de año.

Mi tarea comienzó en horario de la tarde, y cuando finalizó ese primer día, me ofrecieron el trabajo en horas de la noche. Lo tomé, seguí trabajando para finalizar el suplemento, y cuando esto ocurrió, me brindaron la posibilidad de quedarme trabajando de forma permanente.

A partir de allí, mi tarea fue de tipografía, haciendo el armado de la página, con mucha dedicación.

Seguí, en días en que no concurría la persona encargada de hacerlo, en la tarea de linotipo. A partir de allí, ya comienza la segunda etapa de diario El Pueblo.

A este segundo comienzo, lo vi muy bien. Siendo un cambio importante para todos, tanto para el diario, como para el trabajador.

Fue una etapa difícil, de mucho sacrificio para el empleado, el cual  le llevó un tiempo tomarle la mano al trabajo y a la maquinaria. Era como que todo  el tiempo estábamos aprendiendo.

Al principio la viví digamos que un poco desde afuera, porque se designó al personal para cada sección y me quedé a disposición para lo que hiciera falta realizar. Comencé en el corte del papel, y al mes  de cambiar la administración, mi compañero que estaba en la tarea de técnico en fotomecánica, me brindó la posibilidad de que fuera  aprendiendo, para luego ocupar su lugar.

En todos estos años el me ha regalado mucho. Solo han sido satisfacciones.

Me brindaron mis superiores muchas  oportunidades, como la posibilidad de poder cuidar a mis hijos, ya que mi señora estudió después de casada, y podía estar yo durante el día en casa para quedar con los niños, mientras ella lo hacía.

Tengo la satisfacción del nacimiento de una hija: Eugenia,  en ese mes de diciembre que comienza esta nueva administración, la cual hoy trabaja conmigo en el diario, en la tarea de diagramación.

Esto para mí significa mucho, es una enorme satisfacción, de que se encuentre actualmente, realizando tareas a mi lado.

Fue muy bueno el compañerismo que siempre existió dentro de la empresa, en aquella época, y hasta hoy. Será motivo por el cual mi trabajo nunca me pareció sacrificado. Venía y vengo a realizar una tarea que me encanta y fue un placer siempre.

Tratando de hacerlo con la máxima responsabilidad, e intentando no tener inconvenientes, ni cometer errores. Así mismo, he cometido varios.   Lo importante, es que me  encuentro a diez años de jubilarme, esperando que todo transcurra como hasta hoy, porque mi mayor alegría, sería poder hacerlo retirándome desde esta gran casa.

Sergio Santurio







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