“El periodista tiene que estar alejado del poder y tiene que resistir las tentaciones que el poder le puede facilitar”

“El periodista tiene que estar alejado  del poder y tiene que resistir las  tentaciones que el poder le puede facilitar”
Leonardo Haberkorn es periodista, trabajó en los semanarios Aquí y Búsqueda. Fue editor de la revista Punto y Aparte, secretario de Redacción de la Revista Tres. Fundó y dirigió entre 2000 y 2006 el suplemento Qué Pasa del diario El País. También trabajó en la agencia de noticias Reuters y en el diario Plan B. Fue responsable de los textos del programa televisivo Memorias de la Costa. Es autor de los libros «Historias tupamaras» «Crónicas de sangre, sudor y lágrimas», «Pablo Bengoechea: la clase del profesor», «9 historias uruguayas» y «Preguntas y respuestas sobre animales del Uruguay». Participó de un curso sobre “Periodismo y Niñez” de Unicef dictado en nuestra ciudad, luego del cual accedió gentilmente a dialogar con EL PUEBLO.
- ¿Se nace o se hace uno periodista?
- Creo que las dos cosas. La vocación es muy importante en el periodismo pero formarse también. Formarse siempre ayuda y te hace ser mejor, ahora, sin vocación no se puede.
- ¿Es fácil ser periodista en estos tiempos?
- No, el periodismo es la profesión más linda del mundo, es lo que más me gusta, pero también soy consciente que existen una cantidad de sacrificios, y a quien no le gusta no los soporta, abandona, porque hay una cantidad de cosas a las que hay que estar dispuesto, que no son dramáticas, no es como ir a la guerra pero bueno, se paga derecho de piso, es una carrera de largo aliento, uno no entra ganando grandes sueldos, cuesta hacerse un nombre, el mercado es chico, en fin, todas esas cosas las tolera el que tiene vocación.
- ¿Quién se destaca en los medios de comunicación, el que cumple la línea editorial que le indica la empresa periodística o aquel que tiene perfil propio?
- Yo creo que hay que tener un perfil propio sin que eso signifique ir contra el medio que uno trabaja. Pero veo que hay mucha autocensura en el periodismo uruguayo, mucha gente que dice que está en tal medio y que no va a hacer tal cosa porque dicen que no lo van a dejar antes de intentarlo, hay como una cosa de escudarse en que se trabaja en un medio de tal tendencia para no hacer nada. Y no, hay que buscar siempre dar la información, conseguir cosas, sorprender a los editores, a los dueños y a los jefes.
- ¿Hay espacio para la investigación periodística en nuestro país?
- Lamentablemente cada vez menos, pero ojo, yo me refiero a la realidad que vivo a diario en Montevideo, no conozco la realidad del resto del país. Hay poco espacio, hay algunos, pero lamentablemente los dueños de los medios valoran poco la investigación. Investigar supone tiempo y horas hombre, una investigación no se hace en cinco minutos, hay que decirle a un periodista “esta semana no hagas notas chicas, dedicate a investigar este tema”, y son pocos los jefes que están dispuestos a hacer eso. Es una pena porque después cuando una investigación da resultado, da mucho prestigio a los medios y es una pena que no lo comprendan.
- ¿Se trata de un problema de costos o de molestia al poder de turno?
- Las dos cosas, creo que es un problema de costos y también investigar trae problemas, porque cuando uno investiga algo a fondo pueden aparecer cosas que no están en la superficie y que pueden molestar a alguien. Conozco casos de los dos, conozco medios que no investigan por costos y medios que teniendo posibilidades no investigan para no generarle problemas al poder.
- El periodista, como toda persona, tiene sus preferencias tanto en el fútbol como en la política, ¿está bien ocultarlo?
- Los periodistas tenemos que atenuar al máximo nuestras pasiones, no podemos ser apasionados de ningún sector político, por supuesto que todos votamos a algo o a alguien y es ingenuo pensar que no, pero tenemos que verlo de la forma menos militante posible porque si no, nos compromete mucho en el ejercicio. Sé que hay gente que piensa distinto, esta es mi posición y yo me manejo así, y manejándome así pienso que si bien alguien puede entender como más honesto decir que vota tal cosa y quiere que la gente lo sepa para que todo el mundo evalúe su trabajo sabiendo eso, creo que en Uruguay eso no es muy comprendido. El periodista en esa posición puede perder mucho crédito, es mejor entonces que aleje sus pasiones. Es mejor el periodista que es independiente, que en cada elección vota lo que le parece y no está en un partido, yo me manejo así.

Leonardo Haberkorn es periodista, trabajó en los semanarios Aquí y Búsqueda. Fue editor de la revista Punto y Aparte, secretario de Redacción de la Revista Tres. Fundó y dirigió entre 2000 y 2006 el suplemento Qué Pasa del diario El País. También trabajó en la agencia de noticias Reuters y en el diario Plan B. Fue responsable de los textos del programa televisivo Memorias de la Costa. Es autor de los libros «Historias tupamaras» «Crónicas de sangre, sudor y lágrimas», «Pablo Bengoechea: la clase del profesor», «9 historias uruguayas» y «Preguntas y respuestas sobre animales del Uruguay». Participó de un curso sobre “Periodismo y Niñez” de Unicef dictado en nuestra ciudad, luego del cual accedió gentilmente a dialogar con EL PUEBLO.

– ¿Se nace o se hace uno periodista?

– Creo que las dos cosas. La vocación es muy importante en el periodismo pero formarse también. Formarse siempre ayuda y te hace ser mejor, ahora, sin vocación no se puede.

– ¿Es fácil ser periodista en estos tiempos?

– No, el periodismo es la profesión más linda del mundo, es lo que más me gusta, pero también soy consciente que existen una cantidad de sacrificios, y a quien no le gusta no los soporta, abandona, porque hay una cantidad de cosas a las que hay que estar dispuesto, que no son dramáticas, no es como ir a la guerra pero bueno, se paga derecho de piso, es una carrera de largo aliento, uno no entra ganando grandes sueldos, cuesta hacerse un nombre, el mercado es chico, en fin, todas esas cosas las tolera el que tiene vocación.

– ¿Quién se destaca en los medios de comunicación, el que cumple la línea editorial que le indica la empresa periodística o aquel que tiene perfil propio?

– Yo creo que hay que tener un perfil propio sin que eso signifique ir contra el medio que uno trabaja. Pero veo que hay mucha autocensura en el periodismo uruguayo, mucha gente que dice que está en tal medio y que no va a hacer tal cosa porque dicen que no lo van a dejar antes de intentarlo, hay como una cosa de escudarse en que se trabaja en un medio de tal tendencia para no hacer nada. Y no, hay que buscar siempre dar la información, conseguir cosas, sorprender a los editores, a los dueños y a los jefes.

– ¿Hay espacio para la investigación periodística en nuestro país?

– Lamentablemente cada vez menos, pero ojo, yo me refiero a la realidad que vivo a diario en Montevideo, no conozco la realidad del resto del país. Hay poco espacio, hay algunos, pero lamentablemente los dueños de los medios valoran poco la investigación. Investigar supone tiempo y horas hombre, una investigación no se hace en cinco minutos, hay que decirle a un periodista “esta semana no hagas notas chicas, dedicate a investigar este tema”, y son pocos los jefes que están dispuestos a hacer eso. Es una pena porque después cuando una investigación da resultado, da mucho prestigio a los medios y es una pena que no lo comprendan.

– ¿Se trata de un problema de costos o de molestia al poder de turno?

– Las dos cosas, creo que es un problema de costos y también investigar trae problemas, porque cuando uno investiga algo a fondo pueden aparecer cosas que no están en la superficie y que pueden molestar a alguien. Conozco casos de los dos, conozco medios que no investigan por costos y medios que teniendo posibilidades no investigan para no generarle problemas al poder.

– El periodista, como toda persona, tiene sus preferencias tanto en el fútbol como en la política, ¿está bien ocultarlo?

– Los periodistas tenemos que atenuar al máximo nuestras pasiones, no podemos ser apasionados de ningún sector político, por supuesto que todos votamos a algo o a alguien y es ingenuo pensar que no, pero tenemos que verlo de la forma menos militante posible porque si no, nos compromete mucho en el ejercicio. Sé que hay gente que piensa distinto, esta es mi posición y yo me manejo así, y manejándome así pienso que si bien alguien puede entender como más honesto decir que vota tal cosa y quiere que la gente lo sepa para que todo el mundo evalúe su trabajo sabiendo eso, creo que en Uruguay eso no es muy comprendido. El periodista en esa posición puede perder mucho crédito, es mejor entonces que aleje sus pasiones. Es mejor el periodista que es independiente, que en cada elección vota lo que le parece y no está en un partido, yo me manejo así. Ahora, si un periodista trabaja en un partido y vota siempre lo mismo es mejor que lo diga para que quede claro.

– ¿Hay periodistas militantes?

– Hay algunos, sí.

– ¿Eso le hace mal al periodismo?

– No diría que le hace mal si la situación está clara, lo que hace mal es la mentira o el engaño…

– ¿Qué opere a favor o en contra de…?

– Exacto, el operador hace mal, no el que es honesto con la gente. Yo no soy así, pero bueno, entiendo y comprendo a la gente que es así, y si no hay un engaño al público no lo veo mal.

– ¿Cree en el periodismo objetivo?

– La objetividad cien por ciento no existe, ni siquiera los que no tenemos un partido tampoco somos cien por ciento objetivos porque tenemos una manera de ver las cosas, una ideología, así que no, cien por ciento la objetividad no existe. No es cierto aquello que transmitimos la realidad como si fuéramos una máquina, somos personas.

– ¿Cuándo habla de intentar atemperar los apasionamientos refiere a que el periodista debe reducir la carga adjetiva en las informaciones que da?

– Por supuesto, o intentar entender que la razón está repartida, que no es patrimonio de nadie, que la cosa no es en blanco y negro, que entremedio hay muchos grises.

– ¿Cómo debe ser el relacionamiento entre el periodista y el poder?

– El periodista tiene la obligación de interpelar al poder, sea cual sea ese poder, por eso se le complica a los periodistas militantes porque cuando su partido está en el poder se les complica interpelarlo. El periodista tiene que estar alejado del poder y tiene que resistir las tentaciones que el poder le puede facilitar, ya sea dinero, vinculaciones, noticias.

– En tantos años de periodista, ¿cómo logró pararse frente al poder?

– Por un lado no me ha costado ningún esfuerzo porque como no soy de ningún partido no tengo que disimular y me he sentido siempre libre de criticar al que le toque. El poder no solo son los políticos, también son las empresas, y muchas veces en algún medio de prensa en que me ha tocado trabajar han venido a pedirme cosas, que levante tal nota o que no la haga. Lo que uno tiene que sopesar ahí es si lo que le piden a uno está dentro de lo razonable o si violenta condiciones éticas de uno o lo que para uno es la profesión, y cuando me ha parecido que violenta, que me ha pasado más de una vez, he dicho que no, que eso que me piden no lo voy a hacer, que si me quieren despedir pueden hacerlo.

Esa ha sido la manera de conducirme en ese sentido, no hacer lo que creo que está mal, es decir, es una profesión a la que quiero mucho y para hacer con esta profesión lo opuesto a lo que creo que es correcto preferiría dejarla y dedicarme, no sé, a atender un comercio o algo, no usar al periodismo para hacer lo que creo es incorrecto. Siempre me he mantenido firme en eso.

– ¿Cómo se resuelve el conflicto interno del periodista cuando los principios chocan con la necesidad de mantener a una familia?

– Sí, es verdad, es un dilema. Por eso decía que hay que ver cuando las cosas tocan las convicciones más íntimas de cada uno, hay cosas que uno de repente puede decir que no es de vida o muerte, no es fundamental, cuando se trata de un matiz que me gustaría darlo pero la empresa piensa que no y en verdad sería algo opinable. Uno a veces debe estar dispuesto a tranzar y escuchar la voz de la empresa, pero cuando de verdad toca las convicciones éticas de uno, las más profundas y uno piensa que está haciendo el mal a través del periodismo, tengo claro qué camino voy a tomar.

También existe un camino intermedio, que es trabajar sin poner la firma por ejemplo, para mantener así un empleo y salvar el nombre de uno. Pero bueno, entiendo a la gente que a veces por una necesidad económica tiene que mantener un empleo con el que no está de acuerdo. Es complicado.

– ¿Cómo surgió la idea de hacer docencia en el periodismo?

– Llegué a la docencia un poco de casualidad porque no tengo una experiencia pedagógica, no estudié, llegué como periodista. En realidad lo que estudié fue comunicación, lo que no estudié fue profesorado. La mayoría de los periodistas llegamos a la docencia a través de que somos periodistas…

– Por la experiencia.

– Exacto. Probé y me gustó, y ya van muchos años, no quiero sacar la cuenta (risas) de hace cuanto doy clases. Empecé en la Universidad Católica, luego tuve un pequeño período en el que no di clases y después reenganché en la ORT, de la cual ahora además de dar clases soy el coordinador académico. Es muy gratificante, te devuelve mucho, es algo que te enriquece porque tenés que estudiar permanentemente, lo que te permite estar siempre actualizado.

– ¿De dónde surge la idea de escribir libros?

– Estando en el diario El País trabajando en el (suplemento) “Qué Pasa”, publiqué un libro que era una recopilación de artículos míos, que fue el primero. Pero libros que tengan un contenido cien por ciento original, como han sido los últimos que he sacado, en parte surgió porque me topé con historias que me parecían dignas de contar en un libro, pero en parte también de no tener un espacio donde volcar investigaciones, es decir, no tener un trabajo como en una época tuve en revistas que permitieran publicar trabajos de largo aliento. Entonces, al faltar ese espacio el libro se termina transformando en una alternativa, y creo que hay muchos periodistas que les está pasando lo mismo, porque hay buena parte, sobre todo en Montevideo, del mercado periodístico que se ha volcado a los libros por falta de espacios donde hacer trabajos profundos de investigación, que hoy faltan.

– ¿Está bien etiquetar al periodista en un determinado estilo de trabajo?

– A mí no me gusta, creo que hay buen y mal periodismo. Por ejemplo, he publicado en revistas extranjeras lo que se llama periodismo narrativo, que son informes largos contados con los instrumentos de la literatura, y me gusta mucho hacerlo. Ahora en España me han publicado esos artículos en una antología que salió de ese tipo de periodismo. También hay algunos periodistas que hacen eso y menosprecian a los periodistas que hacen noticias, y yo no soy de esa idea, pienso que todo sirve, no tiene que ser investigación para que sea lo único que sirva, o que solo lo narrativo sirve. Por otro lado conozco a gente que está detrás de la noticia en semanarios que se dedican a eso que menosprecian todo lo otro también, que creen que lo único que sirve es lo que hacen ellos. No es así.