“La formación es un patrimonio que nadie nos puede quitar”

“estudiá para asegurarte un buen futuro”, es la frase latente que escuchamos en el entorno familiar y que a diario le recordamos a nuestros hijos o a las jóvenes generaciones, porque con el tiempo nos vamos convenciendo, cada vez más, que es la acción que nos va abriendo puertas en el camino de la vida y del crecimiento integral del ser humano.
Pero cuando esta decisión de volver al aula en edad adulta, cuando ya tenemos una familia formada o ha pasado demasiado tiempo, supone un gran desafío y surgen algunos temores.
Ana Silveira (37) es madre de cuatro hijos y durante años cumplió con su labor de madre y ama de casa, hasta que un día tomó la decisión de retomar la dinámica estudiantil, motivada por el deseo de brindarle  a su familia una mejor calidad de vida y ampliar el horizonte del conocimiento.
-¿Cómo vivió su etapa infantil?
-“Mi etapa de niña fue bastante normal a pesar de que mis padres se divorciaron cuando tenía 10 años… mi madre salió a trabajar y bueno yo tuve que aprender a cocinar para ayudarla. En el Liceo cuando llegué a tercero tuve un grupo de amigas que no les gustaba estudiar y nos íbamos de paseo al cementerio porque ahí nadie nos iba a ver… ese año repetí obviamente. Después del sermón volví a hacer tercero
¿Luego cómo siguió el proceso?
-“En quinto hice biológica, después humanística, por seguir a una amiga y ahí quedaron mis intentos de hacer psicología que era mi idea de carrera. A los 20 años quedé embarazada de mi primera hija que tiene ahora tiene 17 años. Me dediqué a mi casa, a mi familia y por las cosas de la vida conocí a una gran persona, Alejandra Sassón en el 2006. Fuimos entablando una relación de amistad poco a poco y un día conversando me preguntó por mis estudios y me comenzó a convencer de a poco de volver a estudiar”.
“HOY ENCONTRÉ MI LUGAR… EN EL QUE QUIERO ESTAR”
-¿Cuándo dio el puntapié inicial?
-“Hasta que en el 2012 me animé y comencé haciendo materias de quinto biológica casi todas porque no había dado exámenes y debía casi todas menos matemáticas y filosofía. Yo creí que no me iba a adaptar a los jóvenes que son los que más asisten a clases…no son muchas las personas de mi edad o más que van al nocturno  – más allá que está pensado para las personas que trabajan o tienen familia. Pero la verdad me gustó el grupo conocí jóvenes muy centrados y maduros”.
Es más hasta ahora sigo en contacto con un grupo de allí. Uno de ellos me impulsó a hacer Magisterio y estamos juntos en la carrera. Después la gran duda era si me iba a dar la cabeza.
Pero ese año solo quedé a examen de química lo demás exoneré todo. Y en sexto me fue mejor exoneré todas las materias”.
-¿Y cómo se organizó a
nivel familiar?
-“Nos organizamos bien porque yo entraba a las ocho de la noche al Liceo Nocturno. Mi esposo salía a las cinco de la tarde de trabajar y se quedaba con los niños.
-¿Y qué rescate hace
de la experiencia?
-“Sin dudas que la experiencia de la edad te ayuda mucho a la hora de comprender para estudiar.
Nos trazamos una meta marcada y te concentras de otra manera, que al ser joven si bien es muy capaz de comprender no le damos el valor que tiene realmente.
Al principio la meta era terminar y ser bachiller, pero le tomé gusto a estudiar.
Hasta que llegó el comienzo de clases y bueno siempre me gustaron los niños y me decidí por Magisterio. Hoy encontré mi lugar… es aquí donde quiero estar”.
“MI OBJETIVO ES SER
MAESTRA PARA BRINDARLE
UN MEJOR FUTURO A MI
FAMILIA”
-¿Cómo fue ello de convivir
con estudiantes de todas las
franjas etarias?
“Al principio me costó bastante socializar ya que de por sí era bastante introvertida. Pero de a poco, primero con los que se sentaban cerca charla va y charla viene formamos un lindo grupo…nos ayudábamos mucho. Yo los ayudaba con los números y otros nos ayudaban con las letras.
-¿En qué actitudes cambió
luego de vivir esta etapa?
“Aprendí a socializar. Con mi esposo un día íbamos entrando a una reunión donde no conocíamos a nadie y yo naturalmente saludé, me senté y comencé a charlar. Cuando salimos me dijo ¿Y desde cuándo sos tan sociable? Creo que el hecho de estudiar nos abre otros caminos que sin estudios no se podrían abrir. Más allá de cualquier carrera el saber es el único bien que nadie te puede quitar”
-¿Qué expectativas futuras
tiene, ahora que está
transitando el camino
de la docencia?
-“En primer lugar comencé como desafío personal, como algo pendiente. Pero ahora que estoy en marcha, es un ejemplo para mis hijos. Sobre todo,  si uno se lo propone lo puede lograr. Y espero sobre todo ejercer como maestra… para darle a mi familia un mejor futuro”.
¿Qué mensaje le transmitirías
a quienes están en edad adulta y
están en la duda de volver a
estudiar?
“Que sin dudas vale la pena el esfuerzo..porque cuesta sí y mucho pero al final el regocijo es enorme y la satisfacción que se siente es lo mejor”
¿Cómo vivió y vive  su familia
todo el proceso?
Y… es difícil. Al principio les costó bastante tanto a los nenes como a mi marido. Para todo estaba yo y de buenas a primeras tuvieron que arreglarse solos. Hubo momentos que casi tiro la toalla, pero siempre hay un buen amigo que te da para adelante”.
-¿En algún momento flaqueó?
-“El año pasado había decidido abandonar porque la mayor se quedó con cinco materias a examen.
La chiquita repitió primero. Y me entró la culpa…porque no estuve porque no dediqué tanto a ellos y muchas cosas que te pasan por la mente.
Que a la grande le ligué responsabilidades que eran mías.
Pero bueno…mi buena amiga Alejandra me hizo reflexionar y hablando con la maestra de este año de la chica también me hizo ver que tal vez le faltaba madurar y este año estoy en la escuela 5 donde van ellas”.
-¿Qué rescata de todo esto?
Son vivencias que te hacen crecer. Y querer superarse. Por uno y por los hijos. Brindarles una enseñanza cuesta, pero vale la pena… porque ellos viven conmigo todo esto. Es un logro que se vive a nivel familiar.
Tengo un compañero en la vida que es de fierro, que desde el principio me dio para adelante”.

Ana Silveira comparte la experiencia de volver a estudiar en su etapa adulta

“Estudiá para asegurarte un buen futuro”, es la frase latente que escuchamos en el entorno familiar y que a diario le recordamos a nuestros hijos o a las jóvenes generaciones, porque con el tiempo nos vamos convenciendo, cada vez más, que es la acción que nos va abriendo puertas en el camino de la vida y del crecimiento integral del ser humano.

Pero cuando esta decisión de volver al aula en edad adulta, cuando ya tenemos una familia formada o ha pasado demasiado tiempo, supone un gran desafío y surgen algunos temores.

Ana Silveira (37) es madre de cuatro hijos y durante años cumplió con su labor de madre y ama de casa, hasta que un día tomó la decisión de retomar la dinámica estudiantil, motivada por el deseo de brindarle  a su familia una mejor calidad de vida y ampliar el horizonte del conocimiento.

-¿Cómo vivió su etapa infantil?

-“Mi etapa de niña fue bastante normal a pesar de que mis padres se divorciaron cuando tenía 10 años… mi madre salió a trabajar y bueno yo tuve que aprender a cocinar para ayudarla. En el Liceo cuando llegué a tercero tuve un grupo de amigas que no les gustaba estudiar y nos íbamos de paseo al cementerio porque ahí nadie nos iba a ver… ese año repetí obviamente. Después del sermón volví a hacer tercero

¿Luego cómo siguió el proceso?

-“En quinto hice biológica, después humanística, por seguir a una amiga y ahí quedaron mis intentos de hacer psicología que era mi idea de carrera. A los 20 años quedé embarazada de mi primera hija que tiene ahora tiene 17 años. Me dediqué a mi casa, a mi familia y por las cosas de la vida conocí a una gran persona, Alejandra Sassón en el 2006. Fuimos entablando una relación de amistad poco a poco y un día conversando me preguntó por mis estudios y me comenzó a convencer de a poco de volver a estudiar”.

“HOY ENCONTRÉ MI LUGAR… EN EL QUE QUIERO ESTAR”

-¿Cuándo dio el puntapié inicial?

-“Hasta que en el 2012 me animé y comencé haciendo materias de quinto biológica casi todas porque no había dado exámenes y debía casi todas menos matemáticas y filosofía. Yo creí que no me iba a adaptar a los jóvenes que son los que más asisten a clases…no son muchas las personas de mi edad o más que van al nocturno  – más allá que está pensado para las personas que trabajan o tienen familia. Pero la verdad me gustó el grupo conocí jóvenes muy centrados y maduros”.

Es más hasta ahora sigo en contacto con un grupo de allí. Uno de ellos me impulsó a hacer Magisterio y estamos juntos en la carrera. Después la gran duda era si me iba a dar la cabeza.

Pero ese año solo quedé a examen de química lo demás exoneré todo. Y en sexto me fue mejor exoneré todas las materias”.

-¿Y cómo se organizó a nivel familiar?

-“Nos organizamos bien porque yo entraba a las ocho de la noche al Liceo Nocturno. Mi esposo salía a las cinco de la tarde de trabajar y se quedaba con los niños.

-¿Y qué rescate hace de la experiencia?

-“Sin dudas que la experiencia de la edad te ayuda mucho a la hora de comprender para estudiar.

Nos trazamos una meta marcada y te concentras de otra manera, que al ser joven si bien es muy capaz de comprender no le damos el valor que tiene realmente.

Al principio la meta era terminar y ser bachiller, pero le tomé gusto a estudiar.

Hasta que llegó el comienzo de clases y bueno siempre me gustaron los niños y me decidí por Magisterio. Hoy encontré mi lugar… es aquí donde quiero estar”.

“MI OBJETIVO ES SER MAESTRA PARA BRINDARLE UN MEJOR FUTURO A MI FAMILIA”

-¿Cómo fue ello de convivir con estudiantes de todas las franjas etarias?

“Al principio me costó bastante socializar ya que de por sí era bastante introvertida. Pero de a poco, primero con los que se sentaban cerca charla va y charla viene formamos un lindo grupo…nos ayudábamos mucho. Yo los ayudaba con los números y otros nos ayudaban con las letras.

-¿En qué actitudes cambió luego de vivir esta etapa?

“Aprendí a socializar. Con mi esposo un día íbamos entrando a una reunión donde no conocíamos a nadie y yo naturalmente saludé, me senté y comencé a charlar. Cuando salimos me dijo ¿Y desde cuándo sos tan sociable? Creo que el hecho de estudiar nos abre otros caminos que sin estudios no se podrían abrir. Más allá de cualquier carrera el saber es el único bien que nadie te puede quitar”

-¿Qué expectativas futuras tiene, ahora que está transitando el camino de la docencia?

-“En primer lugar comencé como desafío personal, como algo pendiente. Pero ahora que estoy en marcha, es un ejemplo para mis hijos. Sobre todo,  si uno se lo propone lo puede lograr. Y espero sobre todo ejercer como maestra… para darle a mi familia un mejor futuro”.

¿Qué mensaje le transmitirías a quienes están en edad adulta y están en la duda de volver a estudiar?

“Que sin dudas vale la pena el esfuerzo..porque cuesta sí y mucho pero al final el regocijo es enorme y la satisfacción que se siente es lo mejor”

¿Cómo vivió y vive  su familia todo el proceso?

Y… es difícil. Al principio les costó bastante tanto a los nenes como a mi marido. Para todo estaba yo y de buenas a primeras tuvieron que arreglarse solos. Hubo momentos que casi tiro la toalla, pero siempre hay un buen amigo que te da para adelante”.

-¿En algún momento flaqueó?

-“El año pasado había decidido abandonar porque la mayor se quedó con cinco materias a examen.

La chiquita repitió primero. Y me entró la culpa…porque no estuve porque no dediqué tanto a ellos y muchas cosas que te pasan por la mente.

Que a la grande le ligué responsabilidades que eran mías.

Pero bueno…mi buena amiga Alejandra me hizo reflexionar y hablando con la maestra de este año de la chica también me hizo ver que tal vez le faltaba madurar y este año estoy en la escuela 5 donde van ellas”.

-¿Qué rescata de todo esto?

Son vivencias que te hacen crecer. Y querer superarse. Por uno y por los hijos. Brindarles una enseñanza cuesta, pero vale la pena… porque ellos viven conmigo todo esto. Es un logro que se vive a nivel familiar.

Tengo un compañero en la vida que es de fierro, que desde el principio me dio para adelante”.