“Me siento un hombre realizado”

Agustín Ferreira. Empresario

Comenzó desde  muy chiquito aprendiendo el oficio.
Con 12 años, saliendo Agustín recién de la primaria, pensó su mamá, que era lo mejor concurrir a UTU, para aprender un oficio. Surge en aquel momento una beca, con la posibilidad de viajar y estudiar en los Talleres  Don Bosco de Montevideo.
Se la ofrecen, su mamá no lo dudó, y el primer lunes de Febrero del año 1949, viaja Agustín a Montevideo como pupilo al mencionado taller, para así comenzar su vínculo con el torno.
Actualmente, lleva un feliz matrimonio con Sara. Tiene tres hijos, José Luis, María Liliana y María Margarita, que es quien cumple la función de secretaria en su empresa. Terminan de conformar esa hermosa familia, nueve nietos.
Una historia por demás interesante, que deseamos compartirla con ustedes, de un hombre empresario- docente, que dedicó buena parte de su vida a brindárnosla a los salteños, con su labor.
Así charlamos:
¿Cuénteme sobre
la beca?
Viajé a Montevideo y estuve allí 5 años consecutivos, donde aprendí todo el oficio. Prensa, torno, soldadura, y mecánica en general.
Salí de allí, con un nivel de estudio, muy bueno.
Vuelvo a Salto y por medio de doña Ada Fernández, ingreso a trabajar en Barbieri y Leggire. Comencé allí como oficial tornero en un enorme taller donde se trabajaba con la empresa Internacional Arbester y estuve durante cinco años.
Mi superior, jefe de taller, el señor Gregorio La forcada, un hombre muy preparado en la mecánica, se retira de Barbieri y Leggire, vino a trabajar justamente en este local y en el otro casi continuo a este.
Este señor, me alquila parte del salón y otra vez, conectado con talleres Don Bosco, me comunico con el director y sacerdote. Le comento que iba a instalarme con un taller y me hace la pregunta de rigor, si había cumplido los cinco años  definitivos.
Eran cinco años de estudios y cinco de práctica, para conocimientos de clientes, la forma y el medio de cómo se trabajaba.
Todo estaba planificado en los módulos de estudios.
¿Cuándo comienza
a trabajar?
Compro un torno alemán en Paysandú y me instalo trabajando aquí. Fue en Abril del año 59.
Trabajé seis meses probando y en el año 60, abrí en forma oficial el taller, donde aún estoy. Tenía muchísimo trabajo. Todos los clientes que La Forcada había traído para acá, me conocían de Barbieri y Leggire y se quedaban con nosotros.
Empezó el trabajo continuo con productores rurales, y toda la gente de campo. El buen relacionamiento también estaba incluido en la enseñanza del oficio. El aprendizaje fue completo.
¿Recuerda particularmente alguna empresa en la que haya trabajado?
Sí. Editorial Sarandí S. A. El hoy actual Diario EL PUEBLO.
El director en ese entonces era Silva Delgado. Acosta y Pablito Masa, eran los colaboradores con los que manteníamos un contacto más fluido.
Al comenzar a trabajar con ellos, hacía todas las partes de tornerías, de la roto plana, de las Hilerberg, y de las linotipos.
Al poco tiempo, el director era Cesio, pero seguíamos trabajando con ellos, hasta que llegó la tecnología con sus máquinas automáticas y sus computadoras,  se terminaron las linotipos, la parte de plomo, ya no se empastaban más  las máquinas, las moto planas eran de mucho trabajo.
Tuve el privilegio de darle los primeros colores a Diario EL PUEBLO, ya que viajé a Montevideo visitando Diario EL PAIS, conociendo cómo era la temática del color, conociendo las maquinarias y a los dos meses, se realizó una prueba y el encabezamiento en diario EL PUEBLO fue para comenzar, en color azul.
Fue todo hecho en este taller. Se le puso cilindros nuevos a la maquinaria, se desvió el enrollamiento del papel, para que saliera el diario a color.
¿Tiene muchas anécdotas de su trabajo en Diario EL PUEBLO o Editorial Sarandí S. A?
Sí. ¡Muchísimas!
Estaba una madrugada durmiendo en mi casa, me viene a buscar Pablito Masa, preocupadísimo, que me necesitaban porque a un operario de una máquina automática, se le había trabado el brazo y no se lo podían quitar.
Cuando llegamos, estaba el operario en compañía del Dr. Revetria, con su brazo todo azul. Con un cuerpo de bomberos y la policía.
Había que desarmar la máquina. Logramos hacerlo y el hombre por fin pudo quitar su brazo. ¡No lo perdió!
Otra anécdota, es cuando se incendia una noche Diario EL PUEBLO, y como a las 3.30 de la mañana, viene pablito a buscarme, porque habían ido los bomberos a apagar el fuego y mojaron toda la maquinaria en el intento de sofocar el fuego. Entonces se atasca un cilindro principal, oxidado por el agua que no quería marchar.
Tuvimos que aceitar toda la máquina para que funcionara todo con normalidad.  ¡Pero lo logramos!
¿Cuántos años trabajó
en EL PUEBLO?
Más de veinte años.
¿Cómo se hace
docente?
Llega un día, casi terminando el año 61, Homero Guglielmone, Director de la Escuela Industrial, y me propone trabajo como maestro de tornería y de ajuste. La verdad, en la parte teórica, me sentía capacitado para dictar clases, debido al aprendizaje que recibí, además nunca me quedé, y siempre seguí estudiando.
Me presento para el examen de admisión, con el Maestro Ricardo Nieves, el Ingeniero Chiesa y el Arquitecto Alfredo Peyrano.
A la semana me avisan que fui admitido y allí trabajé desde el 62 al 92. Treinta años enseñando en UTU.
¿Qué sigue
después de allí?
Cuando surge Salto Grande, dábamos clase de práctica de tornería a los futuros ingenieros que ingresaban a la empresa. Como vera tuve una vida bastante entretenida, me siento muy conforme con ella. Porque en el taller, estuve todo el tiempo dedicándome a una parte de la mecánica, concentrándome en una sola cosa: tecnificar todo lo que podía, para la reparación y construcción  de piezas, que muchas veces, no la quieren hacer otros.
Hice un estudio de mercado, compré maquinaria adecuada para ese tipo de trabajo: reparaciones de piezas en general y buenas soldaduras.
¿Qué opina su familia
sobre su dedicación
al trabajo?
No. Eso no se discutía. Lo tenía que hacer y punto.
No podía incluir a mi señora en el taller. Decidimos que ella se dedicara a criar a los chicos y mi obligación era mi trabajo.
Repartimos esa parte y salió todo bien. Nos dio resultado. Tenemos tres hijos maravillosos y nueve nietos que son la prioridad. ¡Mejor es lujo! Más no podemos pedir.
¿Qué asignatura
tiene pendiente?
Amo a mi señora, pero amo también mi oficio. Dedique toda mi vida a esto y no tengo nada pendiente. Me siento un hombre realizado. En cuanto a mi familia, mi trabajo y a mi vida en general.
¿Cuáles son sus planes?
Los planes son de seguir siempre trabajando. Poder dejarles este espacio a los muchachos que aquí trabajan, que lo sigan haciendo.
Y si un día falto, va a venir el escribano y va a dar la orden de que los muchachos siguen trabajando, y el taller no se cierra.
¿Un mensaje a
los colegas?
A mis colegas torneros les envío el mensaje de que estudien y no se dejen estar. La tecnología avanza y avanza,  no nos podemos quedar. Tenemos que hacer reparaciones mejores, actualizadas y no con contornos obsoletos, que tienen sus desgastes y que sus piezas salen mal.
Hay que tratar estudiando para tener buenos talleres en Salto como los hay. Tengan cuidado con las herramientas. Tenemos que modernizarnos. Estudiando fundamentalmente. No hay ningún tornero Dios. Los diablitos que estamos en las tornerías, son los que andamos sueltos y aprendemos de todos lados.
¡Estudien y progresen!

Comenzó desde  muy chiquito aprendiendo el oficio.

Con 12 años, saliendo Agustín recién de la primaria, pensó su mamá, que era lo mejor concurrir a UTU, para aprender un oficio. Surge en aquel momento una beca, con la posibilidad de viajar y estudiar en los Talleres  Don Bosco de Montevideo.

Se la ofrecen, su mamá no lo dudó, y el primer lunes de Febrero del año 1949, viaja Agustín a Montevideo como pupilo al mencionado taller, para así comenzar su vínculo con el torno.

Actualmente, lleva un feliz matrimonio con Sara. Tiene tres hijos, José Luis, María Liliana y María Margarita, que es quien cumple la función de secretaria en su empresa. Terminan de conformar esa hermosa familia, nueve nietos.

Una historia por demás interesante, que deseamos compartirla con ustedes, de un hombre empresario- docente, que dedicó buena parte de su vida a brindárnosla a los salteños, con su labor.

Así charlamos:

¿Cuénteme sobre la beca?

Viajé a Montevideo y estuve allí 5 años consecutivos, donde aprendí todo el oficio. Prensa, torno, soldadura, y mecánica en general.

Salí de allí, con un nivel de estudio, muy bueno.

Vuelvo a Salto y por medio de doña Ada Fernández, ingreso a trabajar en Barbieri y Leggire. Comencé allí como oficial tornero en un enorme taller donde se trabajaba con la empresa Internacional Arbester y estuve durante cinco años.

Mi superior, jefe de taller, el señor Gregorio La forcada, un hombre muy preparado en la mecánica, se retira de Barbieri y Leggire,agusvino a trabajar justamente en este local y en el otro casi continuo a este.

Este señor, me alquila parte del salón y otra vez, conectado con talleres Don Bosco, me comunico con el director y sacerdote. Le comento que iba a instalarme con un taller y me hace la pregunta de rigor, si había cumplido los cinco años  definitivos.

Eran cinco años de estudios y cinco de práctica, para conocimientos de clientes, la forma y el medio de cómo se trabajaba.

Todo estaba planificado en los módulos de estudios.

¿Cuándo comienza a trabajar?

Compro un torno alemán en Paysandú y me instalo trabajando aquí. Fue en Abril del año 59.

Trabajé seis meses probando y en el año 60, abrí en forma oficial el taller, donde aún estoy. Tenía muchísimo trabajo. Todos los clientes que La Forcada había traído para acá, me conocían de Barbieri y Leggire y se quedaban con nosotros.

Empezó el trabajo continuo con productores rurales, y toda la gente de campo. El buen relacionamiento también estaba incluido en la enseñanza del oficio. El aprendizaje fue completo.

¿Recuerda particularmente alguna empresa en la que haya trabajado?

Sí. Editorial Sarandí S. A. El hoy actual Diario EL PUEBLO.

El director en ese entonces era Silva Delgado. Acosta y Pablito Masa, eran los colaboradores con los que manteníamos un contacto más fluido.

Al comenzar a trabajar con ellos, hacía todas las partes de tornerías, de la roto plana, de las Hilerberg, y de las linotipos.

Al poco tiempo, el director era Cesio, pero seguíamos trabajando con ellos, hasta que llegó la tecnología con sus máquinas automáticas y sus computadoras,  se terminaron las linotipos, la parte de plomo, ya no se empastaban más  las máquinas, las moto planas eran de mucho trabajo.

Tuve el privilegio de darle los primeros colores a Diario EL PUEBLO, ya que viajé a Montevideo visitando Diario EL PAIS, conociendo cómo era la temática del color, conociendo las maquinarias y a los dos meses, se realizó una prueba y el encabezamiento en diario EL PUEBLO fue para comenzar, en color azul.

Fue todo hecho en este taller. Se le puso cilindros nuevos a la maquinaria, se desvió el enrollamiento del papel, para que saliera el diario a color.

¿Tiene muchas anécdotas de su trabajo en Diario EL PUEBLO o Editorial Sarandí S. A?

Sí. ¡Muchísimas!

Estaba una madrugada durmiendo en mi casa, me viene a buscar Pablito Masa, preocupadísimo, que me necesitaban porque a un operario de una máquina automática, se le había trabado el brazo y no se lo podían quitar.

Cuando llegamos, estaba el operario en compañía del Dr. Revetria, con su brazo todo azul. Con un cuerpo de bomberos y la policía.

Había que desarmar la máquina. Logramos hacerlo y el hombre por fin pudo quitar su brazo. ¡No lo perdió!

Otra anécdota, es cuando se incendia una noche Diario EL PUEBLO, y como a las 3.30 de la mañana, viene pablito a buscarme, porque habían ido los bomberos a apagar el fuego y mojaron toda la maquinaria en el intento de sofocar el fuego. Entonces se atasca un cilindro principal, oxidado por el agua que no quería marchar.

Tuvimos que aceitar toda la máquina para que funcionara todo con normalidad.  ¡Pero lo logramos!

¿Cuántos años trabajó en EL PUEBLO?

Más de veinte años.

¿Cómo se hace docente?

Llega un día, casi terminando el año 61, Homero Guglielmone, Director de la Escuela Industrial, y me propone trabajo como maestro de tornería y de ajuste. La verdad, en la parte teórica, me sentía capacitado para dictar clases, debido al aprendizaje que recibí, además nunca me quedé, y siempre seguí estudiando.

Me presento para el examen de admisión, con el Maestro Ricardo Nieves, el Ingeniero Chiesa y el Arquitecto Alfredo Peyrano.

A la semana me avisan que fui admitido y allí trabajé desde el 62 al 92. Treinta años enseñando en UTU.

¿Qué sigue después de allí?

Cuando surge Salto Grande, dábamos clase de práctica de tornería a los futuros ingenieros que ingresaban a la empresa. Como vera tuve una vida bastante entretenida, me siento muy conforme con ella. Porque en el taller, estuve todo el tiempo dedicándome a una parte de la mecánica, concentrándome en una sola cosa: tecnificar todo lo que podía, para la reparación y construcción  de piezas, que muchas veces, no la quieren hacer otros.

Hice un estudio de mercado, compré maquinaria adecuada para ese tipo de trabajo: reparaciones de piezas en general y buenas soldaduras.

¿Qué opina su familia sobre su dedicación al trabajo?

No. Eso no se discutía. Lo tenía que hacer y punto.

No podía incluir a mi señora en el taller. Decidimos que ella se dedicara a criar a los chicos y mi obligación era mi trabajo.

Repartimos esa parte y salió todo bien. Nos dio resultado. Tenemos tres hijos maravillosos y nueve nietos que son la prioridad. ¡Mejor es lujo! Más no podemos pedir.

¿Qué asignatura tiene pendiente?

Amo a mi señora, pero amo también mi oficio. Dedique toda mi vida a esto y no tengo nada pendiente. Me siento un hombre realizado. En cuanto a mi familia, mi trabajo y a mi vida en general.

¿Cuáles son sus planes?

Los planes son de seguir siempre trabajando. Poder dejarles este espacio a los muchachos que aquí trabajan, que lo sigan haciendo.

Y si un día falto, va a venir el escribano y va a dar la orden de que los muchachos siguen trabajando, y el taller no se cierra.

¿Un mensaje a los colegas?

A mis colegas torneros les envío el mensaje de que estudien y no se dejen estar. La tecnología avanza y avanza,  no nos podemos quedar. Tenemos que hacer reparaciones mejores, actualizadas y no con contornos obsoletos, que tienen sus desgastes y que sus piezas salen mal.

Hay que tratar estudiando para tener buenos talleres en Salto como los hay. Tengan cuidado con las herramientas. Tenemos que modernizarnos. Estudiando fundamentalmente. No hay ningún tornero Dios. Los diablitos que estamos en las tornerías, son los que andamos sueltos y aprendemos de todos lados.

¡Estudien y progresen!







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