“Mundo Nuevo”, la idea de contribuir a transformar muchas cosas

Margarita Baldassini nos recibió en su lugar de trabajo, en el Instituto Mundo Nuevo, del que no solo es docente y Directora, sino también su fundadora, un 1º de setiembre de 1973, por lo que dentro de unos días se estarán festejando sus primeros 36 años de vida. La encontramos preparando una clase que daría en la tarde a pocas horas de viajar a la capital. Nos atendió con gran amabilidad y con ganas de conversar, cosa que hicimos por espacio de hora y media y paradójicamente, sentimos que terminamos haciendo dos entrevistas en una, lo que pasamos a compartir con nuestros lectores.

– 36 años del Instituto Mundo Nuevo, ¿cómo surgió la idea de la necesidad de llenar un espacio que no estaba contemplado en nuestra sociedad?.
– No recuerdo si en aquel tiempo tenía ésta dimensión que tú me preguntas hoy, pero si tenía la idea de lo que era capacitar. Yo había sido formada en un centro educativo que me llegó muchísimo, que fueron los salesianos, en donde se trabajaba mucho con el sistema preventivo. Me interesó mucho su filosofía, prevenir antes que castigar, me parece que es tan de actualidad, y como que me llegó. Después continué estudiando y siempre uno busca alternativas laborales, y me interesaba la enseñanza, me gustaba llegar a la gente y tuve muy buenas personas que llegaron a mí que me transmitieron aspectos de la vida claves que hicieron cambiar mi vida, mi mentalidad, mis paradigmas, hoy diríamos el “chip”. Entonces vi que a través de la enseñanza se podía ir transformando, haciendo cambios, pero a su vez también tenía muy claro desde el primer momento que la educación, la capacitación, la formación abre puertas, no que solucione problemas, pero te abre puertas, te da muchas más alternativas.

– ¿Por qué Mundo Nuevo?
– Ese nombre no fue puesto al azar, lo pensé muchísimo. 36 años atrás tenía la misma dimensión que tiene ahora, que este fuese un lugar que el que entrara a Mundo Nuevo, no tenía que interesarme el por qué entraba, si a averiguar, si a preguntar, a curiosear o a capacitarse, no interesa para qué entra, pero si que sienta que hay un mundo nuevo, un mundo diferente donde la calidad humana marque la diferencia. Quizás yo lo había sufrido siendo del interior yendo a estudiar a Montevideo, y en ese entonces los miedos, la timidez cuando iba por primera vez, el trato en el centro donde estudiaba no era el mejor, y estudiaba psicología. Entonces dije, esto no va a suceder en mi lugar de trabajo. De ahí lo del nombre Mundo Nuevo.

– ¿Se acuerda cómo fue ese primer día de trabajo?.
– Sí, con una máquina de escribir que me la había regalado un hermano que había viajado, y la segunda junté unos pesitos con mucho sacrificio, trataba de tejer, de hacer flores y vender y decorar alguna torta.

– ¿Con cuántos alumnos?.
– Tenía uno solo porque tenía una máquina sola, entonces comenzaba la mañana, se iba y a las 7 y media tenía que terminar porque tenía que ir corriendo al nocturno, siempre salía corriendo recuerdo porque si faltabas a la primera clase te ponían falta todo el día.

– Se emocionó con el recuerdo.
– Me emociona sobre todo el haber comenzado con tan poquito pero tan segura de lo que hacía y el haber tenido tanto apoyo de Salto, de la gente, y de mi familia en primer lugar. La contención que tuve de mi familia y de ayudarme a comprar más máquinas, de tener hermanos y cuñados de salir a buscarme el dinero para pagarme las máquinas que yo había comprado, por eso estoy eternamente agradecida con mi familia. Luego mi esposo que me ha apoyado y me apoya muchísimo, de hecho paso muchas horas acá, y bueno, esa contención que te espera siempre, llegás a tu casa y te espera con todo pronto. También el equipo de gente con la que he trabajado estos 36 años.

– ¿Siempre en la misma casa?.
– Siempre acá, nunca nos mudamos, nada más que en un momento acá vivía mi madre, que disfrutó mucho del instituto también. Luego expandimos todo y acondicionamos de manera que se sientan cómodos con los salones iluminados, con música, con aire, porque consideramos que el alumno tiene que estar en un lugar agradable para que rinda, como el trabajador en las empresas.

– ¿En qué momento tomó conciencia que esta propuesta se comenzaría a expandir a las dimensiones que hoy tiene?.
– Fue algo que se fue dando paulatinamente, fui dando pasos seguros por mi forma de ser. Observo mucho y cuando tengo que dar el paso, no lo dudo. Por ahí me lleva un tiempo la elaboración en cuanto a observar, pero cuando lo doy, lo doy segura. Eso me fue llevando a ver las necesidades de Salto o del entorno de la región. Mientras tenía el instituto, durante muchos años viajé toda la semana a Montevideo o a Argentina para capacitarme y volver, siempre tuve gente acá que me cuidaba el instituto y yo informándome de cómo iba, entonces fui viendo las necesidades del medio y del mercado, escuchando muchísimo a los alumnos y a los ex alumnos.
– Me contaba que su primer alumno tomaba clases de dactilografía, ¿cómo fue evolucionando luego el instituto?.
– Después agregamos contabilidad. Teníamos un salón solo donde en una parte habían dos maquinitas y una mesita, y teníamos que hablar despacio para no molestarnos. Ya después ahí fue todo un proceso cuando incorporamos otro salón, veíamos que venía mucha gente, siempre trabajamos con un público ávido de aprender y quizás nosotros también marcamos esa diferencia, calidad humana y profesional, exigimos puntualidad y los alumnos hoy también nos la exigen, es mutuo, crecemos juntos.
Luego fui viendo las realidades del mercado, y una de las cosas que desde el primer momento observé fue la necesidad de lo que hoy se llama recursos humanos. Desde ese entonces comenzamos en los cursos a las personas que venían a darles algo más que solo la clase de digitación, les hablábamos de los valores, del respeto.

– 36 años después, ¿cuántos docentes y alumnos tiene el instituto?
– Nosotros oscilamos con los docentes por los cursos, porque hay momentos en que hay más. Hoy estamos en un promedio de 15 profesionales trabajando. Personal fijo cuatro o cinco en la parte administrativa, Leticia y Alba son prácticamente mi mano derecha, imposible trabajar y llegar a esto sin tener secretarias como tengo, así como también sería imposible si no tuviese los profesores que tengo. Los alumnos oscilan porque hay cursos cortos y cursos anuales, tenemos entre 150 y 180, se trabaja con muchas empresas de Salto que nos piden capacitación en el área de recursos humanos, en el área de los valores, en la parte de ventas, en la parte de atención al cliente.

– En pocos días el Instituto Mundo Nuevo cumple 36 años, ¿cómo proyecta los primeros 40?
– Pienso que en un mundo sumamente globalizado, donde el mundo pasó a ser una aldea, esto supone que la capacitación tiene que cambiar, no podemos estar capacitando únicamente para un nicho sino que tenemos que estar capacitando a personas para un mundo, abrirles el mapa mental, tenemos que proyectarnos con programas actualizados y de vanguardia y eso puedo asegurar que Mundo Nuevo lo tiene, adelantándonos al mercado, a mí me gusta muchísimo desafiar al futuro y estar a la vanguardia. De ahí que a los 40 años tenemos que apostar a la capacitación, a los valores en este mundo que tan controvertido es, con tanta agresividad, revertir –por lo menos desde esta institución- esa realidad sabiendo que los valores existen y que hay personas de una pieza sola. Fomentar la confiabilidad, vivimos en un mundo completamente desconfiado, estamos viendo quien me va a tocar la cartera o golpear la puerta, pero eso también lo transmitimos cuando estamos hablando con el otro, y me parece que nosotros podemos brindar en Mundo Nuevo un espacio diferente, de confiabilidad y de respeto.

– Mundo Nuevo además de ser una institución de enseñanza, es una empresa privada que da trabajo y que en 36 años ha tenido que sobrevivir con las altas y bajas de la economía del país. ¿Cómo se ha logrado sostener durante tanto tiempo? ¿Cómo se logra ese necesario equilibrio entre las altas y las bajas de la economía de un país?
– El sentido común ha tallado mucho y lo que tiene que ver con la información. Siempre traté de observar mucho, y así como la naturaleza es cíclica –invierno, primavera, verano, otoño…-, en lo laboral es lo mismo. Quizás una de las cosas que más me ayudó fue no dar pasos en falso o como dice el refrán, dar un paso más grande de lo que uno puede dar. Trabajé siempre sobre lo seguro, por ahí mucha gente me dijo, “¿por qué no hiciste otro piso para arriba?”, a lo que respondía que nunca quise perder la calidad de lo que daba pero tampoco mi tranquilidad porque no se puede llevar una empresa adelante si uno no tiene paz interior. Por otro lado, la ambición no sirve en una empresa, el enemigo más grande de un empresario es la ambición.

Entonces, esos tiempos que fueron bravos, quizás también se ha notado por nuestro trabajo, pero no de una manera tan significativa. Miro estadísticamente estos 36 años y nos hemos mantenido, quizás por la oferta que brindamos.

– En este nuevo aniversario del instituto, han de quedar algunas palabras por decir a tanta gente.
– Realmente siento que necesito agradecer a todos los que han pasado por Mundo Nuevo porque todos nos han ayudado a crecer. Agradecer también a todos los profesores que han pasado en el transcurso de estos 36 años porque sin ellos, Mundo Nuevo jamás hubiese llegado. Pero también tengo que destacar que sería imposible hacer lo que estamos haciendo si no existiese el equipo, la coordinación que tenemos. Siempre hemos trabajado desde el disfrute, por eso siempre les digo a nuestros alumnos y a los profesores –y me lo digo a mí misma-, nuestro lugar de trabajo tiene que ser un lugar de realizaciones y no de pesadillas cotidianas.

PERFIL DE MARGARITA BALDASSINI

Es del signo de Géminis (2 de junio), pero no cree en el horóscopo. Cuando se le pregunta si cree en Dios, responde con una sensación de paz que “es lo que le da sentido a mi vida”. Es hincha de Peñarol, aunque lo reconoce con timidez, “y cuando vivía afuera era hincha de Libertad, que no sé si existe, ahí jugaban mis hermanos. El fútbol me encanta, y ahora con mi marido descubrí lo que es la Fórmula 1”.

Luego de pensar un instante ante la pregunta si le queda alguna asignatura pendiente, responde que “casi diría que no, pero algo me gustaría, visitar –y lo voy a hacer si Dios quiere- algunas universidades afuera de Uruguay”.

Cuando se le pregunta si le queda tiempo para algún hobby, su rostro se transforma en una amplia sonrisa con una mirada cómplice. “Sí, sí. Si voy afuera toco algo de las plantas, tejer y lo que sea en manualidades y si no jugar al Genio”. El “Genio” es un juego que conoció en la casa de sus suegros y luego de múltiples explicaciones, preferimos continuar con la entrevista sin entender demasiado en qué consiste el mismo.

“No voy a negar que soy criolla, el asado”, afirma sobre su comida preferida, aunque también reconoce que agregaría las pastas por su sangre italiana. La sinceridad es lo que más le gusta de la gente, mientras que lo que menos le gusta de las personas es la falsedad.
– ¿Cómo se conforma su familia?
– Mi pareja, que es Alejandro, que lo amo realmente y es una gran contención para mí. Nosotros no tuvimos hijos físicos, pero me siento –hablo en primera persona- que tengo muchísimos hijos, y los siento. Mi hija mayor tiene 82 años, siento a mucha gente como que son mis hijos del alma. Te puedo decir que no siento la falta del hijo físico porque me siento plenamente realizada con mi vida brindándome a los demás. También forman mi familia mis hermanos que quiero muchísimo, mis cuñados, mis sobrinos, sobrinos nietos y ahijados. O sea, mi núcleo familiar es muy grande al punto que festejar mi cumpleaños ya pasó a ser un problema (risas).
– ¿De chiquita qué quería ser?
– Cuando yo era chiquita vivía afuera, en el campo, en la chacra, en la Colonia.

– ¿Qué Colonia?
– Nueva Hespérides, Corralito. Toda mi familia era de allá. Yo no sé sí tenía claro lo que quería ser, pero si tenía claro lo que no quería hacer, no quería vivir afuera y me termino casando con un hombre de campo (risas). Era chiquita y me decía, “no voy a mirar a nadie de afuera por las dudas”. ¡Qué increíble! Pero disfruté mucho mi infancia, me gustaba jugar y soñar a ser maestra o doctora. Me encantaba el teatro, hice teatro afuera, disfruto del teatro, es como la mejor terapia.

– Algunos saben, y otros no, que durante nueve años estuve en la vida religiosa. Nunca me arrepentí, salí antes de mis votos perpetuos.

– ¿Pudo llegar a ser monja?
– Era monja, tengo fotos de monja y también tengo fotos de casada (risas), por eso estuve muchos años en Montevideo, y salí por una convicción bien personal, que no era mi vocación. Pero lo que recibí de formación no lo pago con nada. Yo fui medio novicia rebelde capaz… (piensa) rebelde no, siempre fui muy natural, muy espontánea, muy alegre. La gente me pregunta si de eso no me arrepiento, no, para nada, al contrario. Además, el haber nacido en una familia con escasos recursos económicos gracias a Dios, no nos faltaba nada, pero para los zapatos había que esperar una vez cada año cuando se vendía el citrus, y esos zapatos te los compraban un poquito grandes y te ponían algodón en la punta porque te tenían que durar. Por todo eso cada día agradezco a Dios.

Entrevista de
Leonardo Silva







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