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“No quiero agredir a nadie: lo que quiero es agradecer a todos los que han venido a visitarme, que son muchos”

Las del título, fueron las primeras palabras de Teodoro Bustamante, el chofer de la camioneta escolar que el pasado 31 de octubre protagonizó un siniestro de tránsito (en barrio Ceibal), en donde falleció una niña de 4 años que cayó al abrirse la puerta del vehículo.
Bustamante fue procesado con prisión por el delito de homicidio culposo el 2 de noviembre, pero en virtud de una descompensación a raíz de lo sucedido, fue internado en una sala de psiquiatría de un sanatorio local, donde permanece hasta la actualidad debido a que los médicos no consideran oportuno concederle el alta.
LOS QUE SIEMPRE ESTÁN
En diálogo con EL PUEBLO Bustamante destacó la atención que recibe en el sanatorio donde está privado de libertad, “no tengo quejas”. Además se refirió a su familia: “Siempre ha venido, nunca me ha dejado solo. Ha venido mi mamá, mis hermanas, mi señora. Nunca me ha faltado nada. También los compañeros de trabajo a quienes les agradezco un montón. Hicieron una colecta, me trajeron lo que consiguieron, han venido a verme”.
Bustamante trabaja en el “Garaje Uruguay” desde hace 20 años, como chofer y lavador de coches. “Mis compañeros siempre han venido, me traen agua o refresco, yerba y han hecho una colecta”. También agradeció a los funcionarios de Agencia Central (empresa que se surte de combustible en el Garaje), que le hicieron una colecta y se la entregaron.
¿La presencia de sus compañeros le ha hecho bien?
Sí. Cuando hemos hablado del tema del accidente, me han comentado que esté tranquilo, que está todo bien, que los comentarios en la calle son buenos. Los compañeros vienen y me traen agua, refresco y se han puesto siempre a las órdenes.
-¿Otras personas a quien quisiera agradecer?
A los papás de los niños que yo llevaba a la escuela. La mayoría han venido y me han apoyado, y me han dicho que lo que precise están a las órdenes. Me traen fruta, yerba, etc.
-¿Han venido niños junto con los padres?
Sí, (nombra algunos).
-¿Ha venido alguna otra persona que no esté vinculada con los niños?
-Sí, ha venido una señora que era cliente  del Garaje y al no verme trabajar preguntó que había pasado, le contaron y vino a verme. Yo la atendía de madrugada antes de ir a trabajar a su lugar habitual. Vino a decirme que “no me sienta culpable, que no me entregue, que fue un accidente. Por eso vine a ofrecerle mi apoyo”.
MOMENTOS FUERTES
-¿Cómo ha sido ese momento?
Recordó como un momento fuerte el que tuvo cuando habló con uno de los niños que lo visitó junto a su mamá, porque él iba en el momento del accidente. “Quedamos los tres solos, hablamos, le dije, vos no tenés nada escondido acá (se señala el pecho), toda la culpa es de Teodoro, Teodoro es responsable de lo que ha pasado. Si hay algo que sabes, que viste, tenés que decirle a tu mamá y tu mamá diga a la jueza, no te quedes con nada adentro. Teodoro es responsable de todo lo que pasó. Era el más grande que iba en ese momento (tiene 11 o 12 años).
La madre de la niña (que falleció) le dice que no sienta culpa; que fue un accidente, ¿ha venido ella?
Vino un día, yo ya estaba acostado, me agarró dormido que yo no me daba cuenta. Capaz vino muy enseguida del accidente, y me dijo: yo soy la mamá de Clarita”, y como son cien niños más o menos,  lo que menos pensé que era ella. Yo la miraba… “la mamá de Clarita”, aclaró.
¿A qué esuela iba? Le pregunté. Y se arrimó a la cama, me agarró la mano, y me dijo; “de la nena que cayó del micro”.
Y cuando me dijo eso me puse a llorar, no aguanté, porque no sabía que decir… ¿qué le digo? Un millón de disculpas señora, perdí a su hija, pero eso  no alcanza.
Entonces ella me habló, me abrazó, me dio un beso, me dijo yo no vengo a reprocharte nada, no vengo a echarte la culpa, vengo a apoyarte y a decirte que la nena está donde le deparó el destino, era su destino terminar así. No por eso te sientas culpable, no te sientas mal, no vengo a pelear con vos. No vengo a decirte que sos una mala persona, porque una de las cosas que me acuerdo es que te bajabas, abrías la puerta, agarrabas mi nena de la mano, me la llevabas a la puerta de mi casa y me la entregabas en la mano, y otros no lo hacían, eso para mi eso era muy importante, veía seguridad y tranquilidad en vos. Te vengo a agradecer”.
EL TRABAJO CON
LOS NIÑOS
Teodoro nos relata que por circunstancias un día buscando trabajo me dijeron que precisaban un chofer para llevar niños a la escuela, pregunte la dirección, fui, me explicaron. Hice una prueba, y estuve de acuerdo. El primer año empecé porque se fue un chofer. El segundo año también, pero no quise trabajar todos los turnos. El tercer año pasó lo mismo, en agosto faltó uno y empecé, en algunos recorridos iba acompañado.
Me encantaba el trabajo. Me comunico más con los niños, converso más, hago chistes, bromas más con niños que con los mayores. Me sentía querido por los gurises, y trataba de cuidarlos; tengan cuidado con la calle, con el semáforo, (les decía).
“Siempre trataba de bajarme, porque tenía escalones, y a veces la puerta quedaba para el lado de la calle, ahí pedía por favor: no toquen la puerta hasta que yo me baje. Bajaba, abría y los que se bajan, pasan por delante de la camioneta para llegar a la vereda. Esa era mi idea, tomaba precaución.
Hacía muchas cosas. “Teodoro, queremos caramelos y bombones” le decían los niños. Si me decían el martes o miércoles les traía los viernes, ustedes durante miércoles, jueves, viernes,  no me hacen rezongar, no dicen malas palabras, van sentados, y no se pegan entre ustedes, con esas condiciones compro una caja de bombones y traigo.
Algunos padres me decían eso, que los niños querían ir conmigo porque les regalaba bombones, a cambio que se portaran bien. También hacia regalos a los que cumplían años”.
YA ESTOY ARREPENTIDO
-¿Se siente un poco mejor?
De  estos dos meses que estoy acá, hoy puedo hablar sin llorar, pero me quebraba. Las tres veces que fui al psiquiatra me quebré. No pude terminar de relatar ante la jueza, no pude hablar. Me hicieron un tratamiento con el psiquiatra.
Respecto del accidente “capaz hubiera pasado lo mismo, pero bueno, yo no hice lo que tenía que haber hecho, por eso me siento culpable, por eso me duele. Aparte maté a una criatura de 4 años, no maté a una persona grande, con rabia, con bronca, que vos matás y después te arrepentís.
Desde el momento que me enteré, ya estoy arrepentido, y sufro todos los días, bajo medicamentos, tomo 5 pastillas por día, tres de noche para dormir.
Cada vez que tengo que relatar (el hecho)  ante un juez termino llorando, no puedo hablar, no puedo decir lo que siento.
Cada vez que me dicen que tengo que ir al juez pienso lo peor, pienso en la cárcel. Me dicen que a la cárcel no voy a ir, no sos culpable, fue un accidente, vas a la chacra, o a domicilio, tenés el apoyo del pueblo. Pero igual, llego al juzgado y empiezo a pensar, de aquí salgo encadenado, de aquí salgo esposado, de aquí voy a la cárcel, por más que me digan que esté tranquilo, eso te trabaja la cabeza.
-Esto ¿le ha cambiado la vida?
-Sí. Mi vida cambió y lo que más me duele es que destruí una familia, una mamá soltera, destruí la mía, porque ellos están allá y yo acá. Y todavía no tengo una condena, no sé cuando voy a salir. Estoy en tratamiento hace dos meses, tomando pastillas, parece que ahora estoy más estable. Puedo contar todo con detalles, sin llorar.
Quiero agradecer desde el principio a todos mis compañeros del Garaje Uruguay, a Agencia Central por su colecta, a los padres de los niños que han venido a visitarme al sanatorio, a mi familia y a las personas que me han venido a saludar, reiteró.

Las del título, fueron las primeras palabras de Teodoro Bustamante, el chofer de la camioneta escolar que el pasado 31 de octubre protagonizó un siniestro de tránsito (en barrio Ceibal), en donde falleció una niña de 4 años que cayó al abrirse la puerta del vehículo.

Bustamante fue procesado con prisión por el delito de homicidio culposo el 2 de noviembre, pero en virtud de unaBustamante1 [1]descompensación a raíz de lo sucedido, fue internado en una sala de psiquiatría de un sanatorio local, donde permanece hasta la actualidad debido a que los médicos no consideran oportuno concederle el alta.

LOS QUE SIEMPRE ESTÁN

En diálogo con EL PUEBLO Bustamante destacó la atención que recibe en el sanatorio donde está privado de libertad, “no tengo quejas”. Además se refirió a su familia: “Siempre ha venido, nunca me ha dejado solo. Ha venido mi mamá, mis hermanas, mi señora. Nunca me ha faltado nada. También los compañeros de trabajo a quienes les agradezco un montón. Hicieron una colecta, me trajeron lo que consiguieron, han venido a verme”.

Bustamante trabaja en el “Garaje Uruguay” desde hace 20 años, como chofer y lavador de coches. “Mis compañeros siempre han venido, me traen agua o refresco, yerba y han hecho una colecta”. También agradeció a los funcionarios de Agencia Central (empresa que se surte de combustible en el Garaje), que le hicieron una colecta y se la entregaron.

¿La presencia de sus compañeros le ha hecho bien?

Sí. Cuando hemos hablado del tema del accidente, me han comentado que esté tranquilo, que está todo bien, que los comentarios en la calle son buenos. Los compañeros vienen y me traen agua, refresco y se han puesto siempre a las órdenes.

-¿Otras personas a quien quisiera agradecer?

A los papás de los niños que yo llevaba a la escuela. La mayoría han venido y me han apoyado, y me han dicho que lo que precise están a las órdenes. Me traen fruta, yerba, etc.

-¿Han venido niños junto con los padres?

Sí, (nombra algunos).

-¿Ha venido alguna otra persona que no esté vinculada con los niños?

-Sí, ha venido una señora que era cliente  del Garaje y al no verme trabajar preguntó que había pasado, le contaron y vino a verme. Yo la atendía de madrugada antes de ir a trabajar a su lugar habitual. Vino a decirme que “no me sienta culpable, que no me entregue, que fue un accidente. Por eso vine a ofrecerle mi apoyo”.

MOMENTOS FUERTES

-¿Cómo ha sido ese momento?

Recordó como un momento fuerte el que tuvo cuando habló con uno de los niños que lo visitó junto a su mamá, porque él iba en el momento del accidente. “Quedamos los tres solos, hablamos, le dije, vos no tenés nada escondido acá (se señala el pecho), toda la culpa es de Teodoro, Teodoro es responsable de lo que ha pasado. Si hay algo que sabes, que viste, tenés que decirle a tu mamá y tu mamá diga a la jueza, no te quedes con nada adentro. Teodoro es responsable de todo lo que pasó. Era el más grande que iba en ese momento (tiene 11 o 12 años).

La madre de la niña (que falleció) le dice que no sienta culpa; que fue un accidente, ¿ha venido ella?

Vino un día, yo ya estaba acostado, me agarró dormido que yo no me daba cuenta. Capaz vino muy enseguida del accidente, y me dijo: yo soy la mamá de Clarita”, y como son cien niños más o menos,  lo que menos pensé que era ella. Yo la miraba… “la mamá de Clarita”, aclaró.

¿A qué esuela iba? Le pregunté. Y se arrimó a la cama, me agarró la mano, y me dijo; “de la nena que cayó del micro”.

Y cuando me dijo eso me puse a llorar, no aguanté, porque no sabía que decir… ¿qué le digo? Un millón de disculpas señora, perdí a su hija, pero eso  no alcanza.

Entonces ella me habló, me abrazó, me dio un beso, me dijo yo no vengo a reprocharte nada, no vengo a echarte la culpa, vengo a apoyarte y a decirte que la nena está donde le deparó el destino, era su destino terminar así. No por eso te sientas culpable, no te sientas mal, no vengo a pelear con vos. No vengo a decirte que sos una mala persona, porque una de las cosas que me acuerdo es que te bajabas, abrías la puerta, agarrabas mi nena de la mano, me la llevabas a la puerta de mi casa y me la entregabas en la mano, y otros no lo hacían, eso para mi eso era muy importante, veía seguridad y tranquilidad en vos. Te vengo a agradecer”.

EL TRABAJO CON

LOS NIÑOS

Teodoro nos relata que por circunstancias un día buscando trabajo me dijeron que precisaban un chofer para llevar niños a la escuela, pregunte la dirección, fui, me explicaron. Hice una prueba, y estuve de acuerdo. El primer año empecé porque se fue un chofer. El segundo año también, pero no quise trabajar todos los turnos. El tercer año pasó lo mismo, en agosto faltó uno y empecé, en algunos recorridos iba acompañado.

Me encantaba el trabajo. Me comunico más con los niños, converso más, hago chistes, bromas más con niños que con los mayores. Me sentía querido por los gurises, y trataba de cuidarlos; tengan cuidado con la calle, con el semáforo, (les decía).

“Siempre trataba de bajarme, porque tenía escalones, y a veces la puerta quedaba para el lado de la calle, ahí pedía por favor: no toquen la puerta hasta que yo me baje. Bajaba, abría y los que se bajan, pasan por delante de la camioneta para llegar a la vereda. Esa era mi idea, tomaba precaución.

Hacía muchas cosas. “Teodoro, queremos caramelos y bombones” le decían los niños. Si me decían el martes o miércoles les traía los viernes, ustedes durante miércoles, jueves, viernes,  no me hacen rezongar, no dicen malas palabras, van sentados, y no se pegan entre ustedes, con esas condiciones compro una caja de bombones y traigo.

Algunos padres me decían eso, que los niños querían ir conmigo porque les regalaba bombones, a cambio que se portaran bien. También hacia regalos a los que cumplían años”.

YA ESTOY ARREPENTIDO

-¿Se siente un poco mejor?

De  estos dos meses que estoy acá, hoy puedo hablar sin llorar, pero me quebraba. Las tres veces que fui al psiquiatra me quebré. No pude terminar de relatar ante la jueza, no pude hablar. Me hicieron un tratamiento con el psiquiatra.

Respecto del accidente “capaz hubiera pasado lo mismo, pero bueno, yo no hice lo que tenía que haber hecho, por eso me siento culpable, por eso me duele. Aparte maté a una criatura de 4 años, no maté a una persona grande, con rabia, con bronca, que vos matás y después te arrepentís.

Desde el momento que me enteré, ya estoy arrepentido, y sufro todos los días, bajo medicamentos, tomo 5 pastillas por día, tres de noche para dormir.

Cada vez que tengo que relatar (el hecho)  ante un juez termino llorando, no puedo hablar, no puedo decir lo que siento.

Cada vez que me dicen que tengo que ir al juez pienso lo peor, pienso en la cárcel. Me dicen que a la cárcel no voy a ir, no sos culpable, fue un accidente, vas a la chacra, o a domicilio, tenés el apoyo del pueblo. Pero igual, llego al juzgado y empiezo a pensar, de aquí salgo encadenado, de aquí salgo esposado, de aquí voy a la cárcel, por más que me digan que esté tranquilo, eso te trabaja la cabeza.

-Esto ¿le ha cambiado la vida?

-Sí. Mi vida cambió y lo que más me duele es que destruí una familia, una mamá soltera, destruí la mía, porque ellos están allá y yo acá. Y todavía no tengo una condena, no sé cuando voy a salir. Estoy en tratamiento hace dos meses, tomando pastillas, parece que ahora estoy más estable. Puedo contar todo con detalles, sin llorar.

Quiero agradecer desde el principio a todos mis compañeros del Garaje Uruguay, a Agencia Central por su colecta, a los padres de los niños que han venido a visitarme al sanatorio, a mi familia y a las personas que me han venido a saludar, reiteró.