“No tenemos sentimiento de venganza sino el deseo de que se haga justicia y que estas cosas no ocurran más”

“No tenemos sentimiento de venganza  sino el deseo de que se haga justicia y  que estas cosas no ocurran más”
Una familia con el corazón desgarrado por la pérdida de un ser querido no encuentra sosiego hasta que la verdad salga a la luz… en una sociedad que sigue haciendo oídos sordos y tomando como fútil el valor de la vida.
Un hecho trágico más que nos sacude en estos días, es el que vive la familia Rodríguez – Moreira, luego de que Mirta Moreira, humilde jefa de hogar, trabajadora y madre de siete hijos perdiera la vida al ser embestida por una moto conducida por un adolescente de 16 años.
En la sala de entrevistas una niña de apenas 3 años intenta jugar y su mirada se pierde… mientras su padre que ha quedado viudo desde hace pocos días busca fuerzas en su fe para contar lo ocurrido.
Washington Rodríguez (44) el esposo de Mirta, su madre Catalina Torres. Olga su hermana mayor, Rosario De Souza una amiga íntima de la familia junto a la pequeña Priscila comparte el angustioso momento que están viviendo y reclaman que se haga justicia, dado a que el joven que conducía la moto ha quedado en libertad sin perjuicio de volver a ser emplazado por el juez de la causa, con la posibilidad de que sus padres también puedan ser eventualmente conducidos en esa misma calidad.
“No pasa por un sentimiento de venganza, sino un deseo de justicia, de que estas cosas no vuelvan a pasar” – reflexionó Olga Moreira.
Siete hijos se han quedado sin su madre. La familia de Mirta se acercó a nuestro medio para dar su testimonio y hallar la forma de seguir adelante.
Viven en el barrio Don Atilio en una modesta vivienda que Washington y Mirta fueron construyendo con miles de sacrificios, vendiendo productos de limpieza casa por casa.
“Su marido fabricaba los productos caseros mientras que Mirta se encargaba de venderlos llevándolos en un carrito a vender por el barrio… al no contar con trabajo fijo, esta changa les servía para sustentar a toda la familia” – manifestó Olga, hermana mayor de la víctima del siniestro.
UN MENSAJE QUE NUNCA
FUE CONTESTADO
“Somos evangélicos y mi mujer era diaconisa de la iglesia – reveló Washington y continuó – estábamos esperando en la parada el ómnibus para ir a Chapicuy y ella me dijo amor, voy a poner una recarga y vuelvo enseguida.
Pasaron los minutos, le envié un mensaje al  que no respondió”.
En un primer momento pensó que Mirta se había entretenido en los puestos de venta de ropa, hasta que llegó a la parada un desconocido en una camioneta, diciendo que una señora se había accidentado.
Alguien nos dijo que el chico que la atropelló, podría haber frenado aunque venía a alta velocidad”.
Al llegar al lugar, se encontró con la ambulancia, la presencia de las autoridades policiales y su esposa que era atendida por los paramédicos.
“Me dijeron que no podía ir en la ambulancia, que me llevaría la policía al hospital… estaba lleno de gente y no entiendo como nadie vio nada” – dijo visiblemente destrozado el hombre.
Nunca pensaron que la situación era tan grave hasta conocer el parte de los médicos, tuvo un serio derrame cerebral a causa del gran impacto que la dejó en coma hasta su muerte.
No pudo ser trasladada al tomógrafo debido a su estado desesperante y a la tardecita dejó de existir.
Se hace un silencio… cada miembro de la familia debe hacer un esfuerzo sobrehumano para poder traducir en palabras el desconsuelo porque Mirta ya no está.
Olga – teniendo en su poder la declaración del adolescente en la Jefatura de Policía – entiende que no se dice toda la verdad. “Cuando leí la declaración, me puse a llorar en la puerta de Jefatura… se pinta al chico como que solo en esa oportunidad agarró una moto y que fue una tentación de momento.
El que el parte demostrara que fue una moto armada de a pedazos, me da a cuestionarme con qué propósitos estaba armada esta moto… recibimos comentarios de que al chico lo vieron más de una vez corriendo en ese vehículo
Sabemos que el padre tiene un desarmadero, parte del trabajo que consideramos totalmente respetable.
El dolor más grande es el no poder entender como una jueza deja en libertad a un chiquilín sin ni siquiera que alguien lo trate, que un profesional lo haga tomar conciencia de que no se puede circular de esa forma por las calles
Queremos apelar a la conciencia de los padres que viven alrededor… a la conciencia de las madres, de las hermanas… de la gente trabajadora como nosotros.
Si alguien vio algo que tenga la generosidad de declarar a fin de rever esta sentencia”.
Ya hemos señalado que la familia Rodríguez Moreira es humilde y se han quedado sin el ingreso de Marta que trabajaba a la par de su esposo.
Washington, aferrado a sus creencias religiosas asegura que vive por fe… aunque evidentemente se le hace muy cuesta arriba estar sin ella. Pero más allá de todas las necesidades, desea fervientemente que se haga justicia.
Son siete hijos que necesitan salir adelante y tener la mejor calidad de vida posible.
Quienes deseen y puedan colaborar con la familia pueden comunicarse a los tels – 099 496 919 – 473 31556 – 099 09 62 47 o concurrir a  Diagonal 13 No. 1160, Barrio Don Atilio.

Una familia con el corazón desgarrado por la pérdida de un ser querido no encuentra sosiego hasta que la verdad salga a la luz… en una sociedad que sigue haciendo oídos sordos y tomando como fútil el valor de la vida.

Un hecho trágico más que nos sacude en estos días, es el que vive la familia Rodríguez – Moreira, luego de que Mirta Moreira, humilde jefa de hogar, trabajadora y madre de siete hijos perdiera la vida al ser embestida por una moto conducida por un adolescente de 16 años.

En la sala de entrevistas una niña de apenas 3 años intenta jugar y su mirada se pierde… mientras su padre que ha quedado viudo desde hace pocos días busca fuerzas en su fe para contar lo ocurrido.

Washington Rodríguez (44) el esposo de Mirta, su madre Catalina Torres. Olga su hermana mayor, Rosario De Souza una amiga íntima de la familia junto a la pequeña Priscila comparte el angustioso momento que están viviendo y reclaman que se haga justicia, dado a que el joven que conducía la moto ha quedado en libertad sin perjuicio de volver a ser emplazado por el juez de la causa, con la posibilidad de que sus padres también puedan ser eventualmente conducidos en esa misma calidad.

“No pasa por un sentimiento de venganza, sino un deseo de justicia, de que estas cosas no vuelvan a pasar” – reflexionó Olga Moreira.

Siete hijos se han quedado sin su madre. La familia de Mirta se acercó a nuestro medio para dar su testimonio y hallar la forma de seguir adelante.

Viven en el barrio Don Atilio en una modesta vivienda que Washington y Mirta fueron construyendo con miles de sacrificios, vendiendo productos de limpieza casa por casa.

“Su marido fabricaba los productos caseros mientras que Mirta se encargaba de venderlos llevándolos en un carrito a vender por el barrio… al no contar con trabajo fijo, esta changa les servía para sustentar a toda la familia” – manifestó Olga, hermana mayor de la víctima del siniestro.

UN MENSAJE QUE NUNCA

FUE CONTESTADO

“Somos evangélicos y mi mujer era diaconisa de la iglesia – reveló Washington y continuó – estábamos esperando en la parada el ómnibus para ir a Chapicuy y ella me dijo amor, voy a poner una recarga y vuelvo enseguida.

Pasaron los minutos, le envié un mensaje al  que no respondió”.

En un primer momento pensó que Mirta se había entretenido en los puestos de venta de ropa, hasta que llegó a la parada un desconocido en una camioneta, diciendo que una señora se había accidentado.

Alguien nos dijo que el chico que la atropelló, podría haber frenado aunque venía a alta velocidad”.

Al llegar al lugar, se encontró con la ambulancia, la presencia de las autoridades policiales y su esposa que era atendida por los paramédicos.

“Me dijeron que no podía ir en la ambulancia, que me llevaría la policía al hospital… estaba lleno de gente y no entiendo como nadie vio nada” – dijo visiblemente destrozado el hombre.

Nunca pensaron que la situación era tan grave hasta conocer el parte de los médicos, tuvo un serio derrame cerebral a causa del gran impacto que la dejó en coma hasta su muerte.

No pudo ser trasladada al tomógrafo debido a su estado desesperante y a la tardecita dejó de existir.

Se hace un silencio… cada miembro de la familia debe hacer un esfuerzo sobrehumano para poder traducir en palabras el desconsuelo porque Mirta ya no está.

Olga – teniendo en su poder la declaración del adolescente en la Jefatura de Policía – entiende que no se dice toda la verdad. “Cuando leí la declaración, me puse a llorar en la puerta de Jefatura… se pinta al chico como que solo en esa oportunidad agarró una moto y que fue una tentación de momento.

El que el parte demostrara que fue una moto armada de a pedazos, me da a cuestionarme con qué propósitos estaba armada esta moto… recibimos comentarios de que al chico lo vieron más de una vez corriendo en ese vehículo

Sabemos que el padre tiene un desarmadero, parte del trabajo que consideramos totalmente respetable.

El dolor más grande es el no poder entender como una jueza deja en libertad a un chiquilín sin ni siquiera que alguien lo trate, que un profesional lo haga tomar conciencia de que no se puede circular de esa forma por las calles

Queremos apelar a la conciencia de los padres que viven alrededor… a la conciencia de las madres, de las hermanas… de la gente trabajadora como nosotros.

Si alguien vio algo que tenga la generosidad de declarar a fin de rever esta sentencia”.

Ya hemos señalado que la familia Rodríguez Moreira es humilde y se han quedado sin el ingreso de Marta que trabajaba a la par de su esposo.

Washington, aferrado a sus creencias religiosas asegura que vive por fe… aunque evidentemente se le hace muy cuesta arriba estar sin ella. Pero más allá de todas las necesidades, desea fervientemente que se haga justicia.

Son siete hijos que necesitan salir adelante y tener la mejor calidad de vida posible.

Quienes deseen y puedan colaborar con la familia pueden comunicarse a los tels – 099 496 919 – 473 31556 – 099 09 62 47 o concurrir a  Diagonal 13 No. 1160, Barrio Don Atilio.