“Si yo me guardo la historia que me tocó vivir, soy una porquería, porque si me salvé fue para ayudar”, expresó

«¿Fernández, es usted?”, dijo EL PUEBLO al entrevistado cuando al ingresar al Hotel Uruguay, un hombre sencillo y tranquilo leía un diario de espaldas a la puerta. “Sí, ¿cómo le va?”, saludó como si nada y enseguida se acomodó en un sofá de color negro al lado del termo y mate que ya estaba lavado. Con una voz baja que paulatinamente fue ganando volumen y se animó a decir muchas cosas, pero con un enfoque de vida basado en lo que la vivencia en la montaña le dejó como legado, Daniel Fernández Strauch, no tuvo reparos en hablar de todo.
Acompañado de José Luis “Coche” Inciarte, otro de los notorios sobrevivientes de la tragedia de Los Andes, ambos llegaron a Salto invitados por docentes y el equipo de dirección del Liceo Nº3 de la Zona Este, como representantes de la “Fundación Viven”, la que organizaron con la finalidad de brindar conferencias y contar lo vivido. La charla fue ayer de tarde en el Club Ferro Carril, con un importante marco de público. Con 68 años de edad y a 42 después de haber vivido una de las experiencias más importantes de todos los tiempos, Daniel Fernández habló con EL PUEBLO, mientras Inciarte pasó a saludar y dijo “hacelo hablar, que habla poco”.
-¿Qué siente cuando ve que cuatro décadas después de aquella experiencia, haya jóvenes que se encuentren interesados en conocer su historia?
-Por un lado me impresiona que tengan tanto interés en la historia. Y por otro lado, lo que me motiva a hablar con ellos es transmitirles los valores que tenemos con nuestra experiencia y transmitirles más esperanzas. Porque hoy el mundo está pasando por una etapa de pérdida de valores, pérdida de confianza, de esperanzas y yo soy de los que creen que sin esperanzas no se puede vivir. Entonces veo que se van apagando, ya en una edad cercana a los 20 años que es el entorno más problemático, los veo muy apáticos. Y es una generalidad, eso no incluye una clase social, sino que es algo general.
-Su historia, su experiencia es algo que aún hoy motiva. ¿Ese es el fin de estas charlas?
-Yo creo que esta historia a nosotros no nos pertenece y si le hace bien a la gente, la tenemos que contar. No nos podemos callar la boca como lo hicimos durante 30 años todos, porque la mayoría de nosotros ninguno hablaba. Cuando se cumplieron 30 años de esto, decidimos con todo el grupo volver a Chile. Y cuando llegué al aeropuerto de Santiago y vi la cantidad de prensa que había, y después cuando llegamos al hotel Sheraton, y vimos a las grandes cadenas de televisión del mundo interesados por nosotros, me preguntaba ¿pero al mundo todavía le interesa nuestra historia? Y allí decidimos hacer una fundación, la Fundación Viven y pusimos una página web y entonces empezamos a recibir mensajes y la mayoría son de gente joven.
-¿Y qué les dicen?
-Y es gente que no había nacido aún cuando ocurrió el accidente y nos dice que los hemos ayudado. Tengo incluso guardados algunos correos de gente que dijo que se iba a suicidar, y que me agradece la charla. Y uno piensa ‘pero pucha, si esto pudo salvarle la vida a este tipo’ entonces tengo que seguir haciéndolo. Tengo un correo de hace muy poco, de una persona que estaba desesperada y que se iba a suicidar, y un amigo le dijo porqué no iba a escuchar nuestra charla. Y fue y luego mandó ese correo y a mí me lo reenviaron, y yo pensé más que nunca, si yo me guardo la historia que me tocó vivir, soy una porquería. Porque si me salvé fue para eso, para ayudar, porque uno muchas veces se cuestiona, por qué me salvé yo y se murió el otro.
-¿Piensa eso a veces?
-Sí lo pienso. Pero uno se pone a pensar, no solo por haber tenido fe y haberla peleado allá, sino también por una cuestión de ubicación física en el accidente, o en el alud, o te ponés a pensar si hubiera estado sentado acá o si hubiera estado sentado del otro lado, ahora no lo estaba contando y bueno, me tocó estar ahí, me tocó salvarme y entonces tengo que trasmitirlo.
-Hoy la sociedad uruguaya vive momentos muy controversiales, e incluso con la coyuntura política uno escucha de todo. Pero hay gente que dice que vivimos en el mejor país del mundo y otros que dicen que vivimos en un lugar con muchas carencias y con temor por la inseguridad. ¿Dónde se ubica usted?
-Son los extremos, no creo que seamos el mejor país ni tampoco que vivamos con miedo, eso no es así. Pero sí creo que el Uruguay en la media se vive relativamente bien, pero aún hay lugares donde hay hambre, donde se la pasa muy mal y hay mucha demagogia. A través de la Fundación Viven nos metemos en muchos lugares carenciados y te das cuenta que se podría hacer mucho más, con mucho menos gasto, si fuera más efectivo. Es el viejo cuento de no dar pescado sino enseñar a pescar. Uno mira los índices del gobierno sobre la pobreza y la indigencia, y no son reales porque viene una crisis y se le corta el subsidio que se le está dando a ese montón de gente, y vuelven a hacer lo mismo que hace diez años. No hay una cuestión de fondo y de tratar realmente de sacarlos de la pobreza, no solamente a través del trabajo, sino también a través de la educación que es lo que más empareja a la sociedad. Y ahí digo que está la diferencia, porque la gente de cierto poder económico manda a su hijo a un colegio privado y el otro lo envía a una escuela donde a veces ni siquiera hay clases, entonces es una diferencia abismal y vos te preguntás ¿por qué pasa eso en el Uruguay de hoy donde somos apenas 3 millones de habitantes?
Entrevista de Hugo Lemos

«¿Fernández, es usted?”, dijo EL PUEBLO al entrevistado cuando al ingresar al Hotel Uruguay, un hombre sencillo y tranquilo leía un diario de espaldas a la puerta. “Sí, ¿cómo le va?”, saludó como si nada y enseguida se acomodó en un sofá de color negro al lado del termo y mate que ya estaba lavado. Con una voz baja que paulatinamente fue ganando volumen y se animó a decir muchas cosas, pero con un enfoque de vida basado en lo que la vivencia en la montaña le dejó como legado, Daniel Fernández Strauch, no tuvo reparos en hablar de todo.

Acompañado de José Luis “Coche” Inciarte, otro de los notorios sobrevivientes de la tragedia de Los Andes, ambos llegaron a Salto3 6 14 048 invitados por docentes y el equipo de dirección del Liceo Nº3 de la Zona Este, como representantes de la “Fundación Viven”, la que organizaron con la finalidad de brindar conferencias y contar lo vivido. La charla fue ayer de tarde en el Club Ferro Carril, con un importante marco de público. Con 68 años de edad y a 42 después de haber vivido una de las experiencias más importantes de todos los tiempos, Daniel Fernández habló con EL PUEBLO, mientras Inciarte pasó a saludar y dijo “hacelo hablar, que habla poco”.

-¿Qué siente cuando ve que cuatro décadas después de aquella experiencia, haya jóvenes que se encuentren interesados en conocer su historia?

-Por un lado me impresiona que tengan tanto interés en la historia. Y por otro lado, lo que me motiva a hablar con ellos es transmitirles los valores que tenemos con nuestra experiencia y transmitirles más esperanzas. Porque hoy el mundo está pasando por una etapa de pérdida de valores, pérdida de confianza, de esperanzas y yo soy de los que creen que sin esperanzas no se puede vivir. Entonces veo que se van apagando, ya en una edad cercana a los 20 años que es el entorno más problemático, los veo muy apáticos. Y es una generalidad, eso no incluye una clase social, sino que es algo general.

-Su historia, su experiencia es algo que aún hoy motiva. ¿Ese es el fin de estas charlas?

-Yo creo que esta historia a nosotros no nos pertenece y si le hace bien a la gente, la tenemos que contar. No nos podemos callar la boca como lo hicimos durante 30 años todos, porque la mayoría de nosotros ninguno hablaba. Cuando se cumplieron 30 años de esto, decidimos con todo el grupo volver a Chile. Y cuando llegué al aeropuerto de Santiago y vi la cantidad de prensa que había, y después cuando llegamos al hotel Sheraton, y vimos a las grandes cadenas de televisión del mundo interesados por nosotros, me preguntaba ¿pero al mundo todavía le interesa nuestra historia? Y allí decidimos hacer una fundación, la Fundación Viven y pusimos una página web y entonces empezamos a recibir mensajes y la mayoría son de gente joven.

-¿Y qué les dicen?

-Y es gente que no había nacido aún cuando ocurrió el accidente y nos dice que los hemos ayudado. Tengo incluso guardados algunos correos de gente que dijo que se iba a suicidar, y que me agradece la charla. Y uno piensa ‘pero pucha, si esto pudo salvarle la vida a este tipo’ entonces tengo que seguir haciéndolo. Tengo un correo de hace muy poco, de una persona que estaba desesperada y que se iba a suicidar, y un amigo le dijo porqué no iba a escuchar nuestra charla. Y fue y luego mandó ese correo y a mí me lo reenviaron, y yo pensé más que nunca, si yo me guardo la historia que me tocó vivir, soy una porquería. Porque si me salvé fue para eso, para ayudar, porque uno muchas veces se cuestiona, por qué me salvé yo y se murió el otro.

-¿Piensa eso a veces?

-Sí lo pienso. Pero uno se pone a pensar, no solo por haber tenido fe y haberla peleado allá, sino también por una cuestión de ubicación física en el accidente, o en el alud, o te ponés a pensar si hubiera estado sentado acá o si hubiera estado sentado del otro lado, ahora no lo estaba contando y bueno, me tocó estar ahí, me tocó salvarme y entonces tengo que trasmitirlo.

-Hoy la sociedad uruguaya vive momentos muy controversiales, e incluso con la coyuntura política uno escucha de todo. Pero hay gente que dice que vivimos en el mejor país del mundo y otros que dicen que vivimos en un lugar con muchas carencias y con temor por la inseguridad. ¿Dónde se ubica usted?

-Son los extremos, no creo que seamos el mejor país ni tampoco que vivamos con miedo, eso no es así. Pero sí creo que el Uruguay en la media se vive relativamente bien, pero aún hay lugares donde hay hambre, donde se la pasa muy mal y hay mucha demagogia. A través de la Fundación Viven nos metemos en muchos lugares carenciados y te das cuenta que se podría hacer mucho más, con mucho menos gasto, si fuera más efectivo. Es el viejo cuento de no dar pescado sino enseñar a pescar. Uno mira los índices del gobierno sobre la pobreza y la indigencia, y no son reales porque viene una crisis y se le corta el subsidio que se le está dando a ese montón de gente, y vuelven a hacer lo mismo que hace diez años. No hay una cuestión de fondo y de tratar realmente de sacarlos de la pobreza, no solamente a través del trabajo, sino también a través de la educación que es lo que más empareja a la sociedad. Y ahí digo que está la diferencia, porque la gente de cierto poder económico manda a su hijo a un colegio privado y el otro lo envía a una escuela donde a veces ni siquiera hay clases, entonces es una diferencia abismal y vos te preguntás ¿por qué pasa eso en el Uruguay de hoy donde somos apenas 3 millones de habitantes?

Entrevista de Hugo Lemos