“Tengo a mi hija en el corazón”, dijo Antonella Lemos, la madre de la niña que cayó del bus escolar y falleció

“Tengo a mi hija en el corazón”, dijo  Antonella Lemos, la madre de la niña  que cayó del bus escolar y falleció
La casa está llena de fotos y dibujos de “Clarita”. Su presencia está en todos los rincones de la habitación principal del lugar donde nació y vivió sus casi cinco años de vida. Pero la niña, cuya muerte conmovió al país entero el pasado 31 de octubre al caerse de un bus escolar, tras abrirse la puerta del micro en el que viajaba junto a otros niños, sentó precedente y causó una conmoción impactante por las características del caso.
Pero además disparó una polémica por el incumplimiento de las normas de tránsito que están vigentes, sobre todo de la ley 18.191 que se elaboró como consecuencia de una tragedia similar, ocurrida en el año 2010 en Montevideo. Aunque más allá de responsabilidades, la madre de la niña dice que “ella está presente en todo momento” en su vida, algo que la “impulsa a transmitir calma”, por la situación vivida.
Antonella Lemos tiene 31 años de edad y Ana Clara era su única hija. Cumpliría 5 años el próximo 10 de diciembre. El padre de la pequeña ya no vivía más en la casa desde hace algún tiempo, por lo cual sus vidas eran intensamente unidas.
Cuando habla desde la profunda fe católica que incorporó desde su niñez, Antonella Lemos cuenta la tragedia de su hija como un hecho que desde esa perspectiva, “puede llegar a tener una explicación”. Al referirse a la niña, habla de ella como si tal cosa.
Cuando convocó a EL PUEBLO para conceder una entrevista, lo hizo diciendo “sentirse acongojada con el dolor de tanta gente” por la tragedia que le está tocando vivir con la muerte de su hija. Y si bien su ánimo se ve incólume, saca fuerzas que según cuenta le transmite “Clarita”, para salir adelante y seguir creciendo. Destaca “no tener rencor, ni sentir culpa por lo que pasó”.
Incluso les transmitió un mensaje a los familiares del conductor de la camioneta, que padece un trastorno emocional y está internado en psiquiatría desde que ocurrió el incidente, donde le “dije que no sintiera culpa, porque fue un accidente, si él le regalaba caramelos y tenía un buen trato con Clarita todos los días”.
No piensa reclamarle nada a la empresa, porque dijo que la titular “siempre fue muy responsable y muy buena con nosotros, ella no quiso que pasara nada de esto y tanto ella como el conductor de la camioneta, están pasando muy mal por lo que ocurrió”.
En su casa, tomando mate y rodeada de amigos que no dejan de comunicarse con ella a través de su teléfono celular, Antonella Lemos, la madre de la niña que perdió la vida trágicamente en un accidente que conmocionó al país y que disparó el alerta por la seguridad de los niños que viajan diariamente en los buses escolares, habló con EL PUEBLO y cuenta cómo es vivir el día después.
SIEMPRE JUNTAS
Han pasado muchas cosas juntas. Desde inmensas alegrías por tenerse la una a la otra, hasta las penurias que a veces nos dejan los bolsillos cuando están flacos, ya sea por la inestabilidad laboral o los bajos salarios, algo que las privó algunas veces de darse gustos materiales. Aunque Antonella se burla de esas situaciones y sostiene que lo más “importante que tuvo mi hija fue el amor que nos dábamos, y el que le daba toda la gente que la rodeaba a diario por su forma de ser”.
El 31 de octubre hacía calor. Era de tarde y luego de haberse cambiado de colegio, de la Inmaculada Concepción hacia la Escuela Nº1 por motivos económicos, ese día, como hacía casi dos meses pasaba lo mismo, la pequeña debía llegar alrededor de las cuatro de la tarde a su casa en el bus escolar. Pero esa vez, lo haría a la casa donde su madre trabajaba desde algún tiempo como niñera, para sustentar el hogar.
Pero el reloj marcó la hora justa y el bus no llegaba. En eso “le mandé un mensaje a Cristina, que es la propietaria de la empresa por si se habían olvidado que la tenían que dejar a Ana Clara en mi trabajo”. Pero ella “me llama llorando y me dijo que había habido un accidente, que estaban en el Ceibal y que no la encontraba nada bien. Y ahí se cortó la llamada, me paré en el cordón de la vereda. Me tranquilicé a mi misma, y una persona que trabaja junto a quienes me empleaban me dijo que me llevaría hasta el lugar. Y le debo la vida porque sino, no se como hubiera llegado hasta ahí. En el interin me puse a pensar, se debe haber lastimado, voy a tener que ir al Hospital, y cómo hago que tengo solamente 50 pesos en el bolsillo y todo eso”.
Cuando llegó al lugar del accidente, vio las cintas amarillas de Pare y a varios policías, así como también una ambulancia. Comenzó a querer saber que estaba pasando y un policía la frenó, le preguntó el nombre y luego vino otro, recordó.
“Me puso las manos en los hombros y me dijo, ‘calma, tu hija tuvo un accidente, se cayó de la camioneta, se golpeó la cabeza y falleció’. Y no supe qué responderle, solamente quise verla. Veía su campera en el suelo y quería levantarla, pero a ella no la veía por ningún lado. Y quería hablar con un médico pero no me dejaban hablar con nadie. Tampoco me dejaban tocar nada. Hasta que el policía me dijo “¿querés verla?, bueno, pero no podes tocar nada”, entonces levantó la campera y ella estaba ahí”, narró.
“Tomé su mano y sentí su calor, y que ella ya no estaba presente, que ahí solo estaba su cuerpo, pero su alma no y que desde entonces ella está conmigo. Yo lo siento así porque soy creyente, soy católica apostólica romana y creo en que hay vida después de la muerte y que ella está muy bien ahora”.
Antonella narró que “en ese momento yo sentía la necesidad de tenerla en mis brazos, de saber cuáles fueron sus últimas palabras, de tenerla conmigo, porque vivíamos la una para la otra”, comentó.
“Ella disfrutaba de la escuela y yo del trabajo porque ganaba el dinero para darle de comer, pero nuestra vida era estar juntas. Creo que todos tenemos una fecha de nacer y otra de irnos. Clarita vino en una etapa de mi vida en la que había fallecido mi mamá y por eso vino a cumplir una misión y una enseñanza de vida. Actualmente hay gente que está en peores situaciones que yo. El conductor de la camioneta que era solo un humilde trabajador, sé que a través de mí le va a llegar la paz que necesita, porque sé que él no tiene miedo de ir a la cárcel, sino de cómo me va a enfrentar a mí después de lo que pasó”, contó.
Dijo que supo por uno de los niños que iban en ese momento con su hija, que al momento del accidente “iban cantando una canción, “Libre”, de Nino Bravo, y si escuchas la letra, la mitad de la canción para adelante cuenta lo que le está pasando a ella en ese momento y siento que Ana Clara eligió su momento”, dijo.
Sostuvo que el día de la tragedia “sentí la necesidad de soñar con ella para que me dijera lo que le había pasado y cómo estaba ahora. Pero al segundo día de lo que pasó, ya estoy bien y en paz. Soy muy creyente y tengo el corazón muy lleno. Entonces hay gente muy cercana a mí, que pide venganza y yo no quiero nada de eso. Y quiero ayudar, porque así como Clarita vino a este mundo para salvarme a mí y a enseñarme que con amor y dos pesitos en el bolsillo todo se puede, lo mismo siento yo, tengo la necesidad de dar y de transmitir lo que siento”.
Aclaró en ese sentido que “no estoy resignada, tengo a Dios adentro de mí, y siento paz y no quiero que la gente que sé que está consternada, con lo que pasó, sienta otra cosa. Porque además las personas que mi hija tenía amor hacia ellas, yo no las puedo odiar ni mucho menos sentir otra cosa. Entonces solo quiero que la gente entienda que se trata de una lección muy importante que me dio la vida, y por la cual siento paz, porque tengo a mi hija en el corazón”.

La casa está llena de fotos y dibujos de “Clarita”. Su presencia está en todos los rincones de la habitación principal del lugar donde nació y vivió sus casi cinco años de vida. Pero la niña, cuya muerte conmovió al país entero el pasado 31 de octubre al caerse de un bus escolar, tras abrirse la puerta del micro en el que viajaba junto a otros niños, sentó precedente y causó una conmoción impactante por las características del caso.

Pero además disparó una polémica por el incumplimiento de las normas de tránsito que están vigentes, sobre todo de la ley 18.191 que se elaboró como consecuencia de una tragedia similar, ocurrida en el año 2010 en Montevideo. Aunque más allá de responsabilidades, la madre de la niña dice que “ella está presente en todo momento” en su vida, algo que la “impulsa a transmitir calma”, por la situación vivida.

Antonella Lemos tiene 31 años de edad y Ana Clara era su única hija. Cumpliría 5 años el próximo 10 de diciembre. El padre de la pequeña ya no vivía más en la casa desde hace algún tiempo, por lo cual sus vidas eran intensamente unidas.

Cuando habla desde la profunda fe católica que incorporó desde su niñez, Antonella Lemos cuenta la tragedia de su hija como un hecho que desde esa perspectiva, “puede llegar a tener una explicación”. Al referirse a la niña, habla de ella como si tal cosa.

Cuando convocó a EL PUEBLO para conceder una entrevista, lo hizo diciendo “sentirse acongojada con el dolor de tanta gente” por la tragedia que le está tocando vivir con la muerte de su hija. Y si bien su ánimo se ve incólume, saca fuerzas que según cuenta le transmite “Clarita”, para salir adelante y seguir creciendo. Destaca “no tener rencor, ni sentir culpa por lo que pasó”.

Incluso les transmitió un mensaje a los familiares del conductor de la camioneta, que padece un trastorno emocional y está internado en psiquiatría desde que ocurrió el incidente, donde le “dije que no sintiera culpa, porque fue un accidente, si él le regalaba caramelos y tenía un buen trato con Clarita todos los días”.

No piensa reclamarle nada a la empresa, porque dijo que la titular “siempre fue muy responsable y muy buena con nosotros, ella no quiso que pasara nada de esto y tanto ella como el conductor de la camioneta, están pasando muy mal por lo que ocurrió”.

En su casa, tomando mate y rodeada de amigos que no dejan de comunicarse con ella a través de su teléfono celular, Antonella Lemos, la madre de la niña que perdió la vida trágicamente en un accidente que conmocionó al país y que disparó el alerta por la seguridad de los niños que viajan diariamente en los buses escolares, habló con EL PUEBLO y cuenta cómo es vivir el día después.

SIEMPRE JUNTAS

Han pasado muchas cosas juntas. Desde inmensas alegrías por tenerse la una a la otra, hasta las penurias que a veces nos dejan los bolsillos cuando están flacos, ya sea por la inestabilidad laboral o los bajos salarios, algo que las privó algunas veces de darse gustos materiales. Aunque Antonella se burla de esas situaciones y sostiene que lo más “importante que tuvo mi hija fue el amor que nos dábamos, y el que le daba toda la gente que la rodeaba a diario por su forma de ser”.

El 31 de octubre hacía calor. Era de tarde y luego de haberse cambiado de colegio, de la Inmaculada Concepción hacia la Escuela Nº1 por motivos económicos, ese día, como hacía casi dos meses pasaba lo mismo, la pequeña debía llegar alrededor de las cuatro de la tarde a su casa en el bus escolar. Pero esa vez, lo haría a la casa donde su madre trabajaba desde algún tiempo como niñera, para sustentar el hogar.

Pero el reloj marcó la hora justa y el bus no llegaba. En eso “le mandé un mensaje a Cristina, que es la propietaria de la empresa por si se habían olvidado que la tenían que dejar a Ana Clara en mi trabajo”. Pero ella “me llama llorando y me dijo que había habido un accidente, que estaban en el Ceibal y que no la encontraba nada bien. Y ahí se cortó la llamada, me paré en el cordón de la vereda. Me tranquilicé a mi misma, y una persona que trabaja junto a quienes me empleaban me dijo que me llevaría hasta el lugar. Y le debo la vida porque sino, no se como hubiera llegado hasta ahí. En el interin me puse a pensar, se debe haber lastimado, voy a tener que ir al Hospital, y cómo hago que tengo solamente 50 pesos en el bolsillo y todo eso”.

Cuando llegó al lugar del accidente, vio las cintas amarillas de Pare y a varios policías, así como también una ambulancia. Comenzó a querer saber que estaba pasando y un policía la frenó, le preguntó el nombre y luego vino otro, recordó.

“Me puso las manos en los hombros y me dijo, ‘calma, tu hija tuvo un accidente, se cayó de la camioneta, se golpeó la cabeza y falleció’. Y no supe qué responderle, solamente quise verla. Veía su campera en el suelo y quería levantarla, pero a ella no la veía por ningún lado. Y quería hablar con un médico pero no me dejaban hablar con nadie. Tampoco me dejaban tocar nada. Hasta que el policía me dijo “¿querés verla?, bueno, pero no podes tocar nada”, entonces levantó la campera y ella estaba ahí”, narró.

“Tomé su mano y sentí su calor, y que ella ya no estaba presente, que ahí solo estaba su cuerpo, pero su alma no y que desde entonces ella está conmigo. Yo lo siento así porque soy creyente, soy católica apostólica romana y creo en que hay vida después de la muerte y que ella está muy bien ahora”.

Antonella narró que “en ese momento yo sentía la necesidad de tenerla en mis brazos, de saber cuáles fueron sus últimas palabras, de tenerla conmigo, porque vivíamos la una para la otra”, comentó.

“Ella disfrutaba de la escuela y yo del trabajo porque ganaba el dinero para darle de comer, pero nuestra vida era estar juntas. Creo que todos tenemos una fecha de nacer y otra de irnos. Clarita vino en una etapa de mi vida en la que había fallecido mi mamá y por eso vino a cumplir una misión y una enseñanza de vida. Actualmente hay gente que está en peores situaciones que yo. El conductor de la camioneta que era solo un humilde trabajador, sé que a través de mí le va a llegar la paz que necesita, porque sé que él no tiene miedo de ir a la cárcel, sino de cómo me va a enfrentar a mí después de lo que pasó”, contó.

Dijo que supo por uno de los niños que iban en ese momento con su hija, que al momento del accidente “iban cantando una canción, “Libre”, de Nino Bravo, y si escuchas la letra, la mitad de la canción para adelante cuenta lo que le está pasando a ella en ese momento y siento que Ana Clara eligió su momento”, dijo.

Sostuvo que el día de la tragedia “sentí la necesidad de soñar con ella para que me dijera lo que le había pasado y cómo estaba ahora. Pero al segundo día de lo que pasó, ya estoy bien y en paz. Soy muy creyente y tengo el corazón muy lleno. Entonces hay gente muy cercana a mí, que pide venganza y yo no quiero nada de eso. Y quiero ayudar, porque así como Clarita vino a este mundo para salvarme a mí y a enseñarme que con amor y dos pesitos en el bolsillo todo se puede, lo mismo siento yo, tengo la necesidad de dar y de transmitir lo que siento”.

Aclaró en ese sentido que “no estoy resignada, tengo a Dios adentro de mí, y siento paz y no quiero que la gente que sé que está consternada, con lo que pasó, sienta otra cosa. Porque además las personas que mi hija tenía amor hacia ellas, yo no las puedo odiar ni mucho menos sentir otra cosa. Entonces solo quiero que la gente entienda que se trata de una lección muy importante que me dio la vida, y por la cual siento paz, porque tengo a mi hija en el corazón”.