¡Ardió la Ruta!

¡Ardió la Ruta!

Gritaron todos.

Centenares de personas llegaron hasta la zona de La Gaviota para manifestarse contra la situación de inseguridad y violencia que vive nuestra comunidad. Allí hubo de todo, desde una quema incesante de cubiertas, pancartas, cánticos, insultos, enfrentamientos con las autoridades y un corte de ruta que detuvo el tránsito en la zona por más de tres horas.
En el preciso momento en que los manifestantes estaban reclamando, llegó el contingente de la Guardia Republicana desde Montevideo que prestará apoyo a la policía local en el combate a la delincuencia. El jefe de Policía que fue al lugar a hablar con los organizadores de la movilización debió retirarse entre insultos y atropellos de los presentes.
Más tarde, la Policía logró irse con al menos una docena de personas para conversar. La gente se manifestó violenta y enardecida al punto que hubo discusiones entre los presentes de manera reiterada.
Hoy habrá una conferencia de prensa en el Centro Comercial y el intendente Lima se reunirá en la Presidencia el jueves. Mientras que las diputadas de Salto se juntarán el martes con el ministro del Interior, Eduardo Bonomi.

Una manifestación muy violenta

Fue una manifestación de furia. De bronca acumulada, de impotencia y mucho más. La manifestación fue convocada por las redes sociales, luego que un delincuente asaltara un comercio en el barrio Salto Nuevo y lo ultimara de un disparo, además de herir a su esposa de un tiro en el brazo. El hecho causó más indignación de la que ya se tenía por parte de la comunidad ante una concatenación de hechos de violencia que se han venido registrando en el departamento y el desenlace fue la feroz movilización de ayer.
Con una impresionante quema de gomas en la entrada sur de Salto por la ruta 3 y la paralización total del tránsito en la zona por espacio de tres horas aproximadamente, que generó problemas de todo tipo, centenares de salteños reclamaron a viva voz ¡Justicia! Y exigieron a las autoridades que “¡hagan algo contra los delincuentes!”.
El momento de mayor tensión se vivió cuando en medio del fuerte sol que inundó el lugar y bañaba a los presentes que estaban iracundos, reclamando por más medidas represivas, llegó al lugar el jefe de Policía, el comisario general Oldemar Avero, que estaba acompañado de las máximas autoridades policiales del departamento.
Fue en ese momento que el jerarca pretendió dialogar con una turba enfurecida, que solo sabía de insultos y reproches a la autoridad policial. Avero apenas se pudo expresar y les dijo “ustedes se pueden manifestar, pero lo que no pueden hacer es cortar la ruta, así que si no se van, voy a tener que proceder a desalojarlos”.
A lo que comenzaron los atropellos por lo que el jefe de Policía y sus funcionarios, que estaban en clara inferioridad numérica, optaron por retirarse, antes un hombre se acercó entre los manifestantes que estaban a los gritos y le dijo “yo soy la persona a la que entraron ayer a mi casa, me robaron y me pegaron cuando yo estaba en la cocina, y me dijeron que no me mataban porque me conocían. Mientras que los policías fueron a mi casa a tomarme los datos a mí, en lugar de irse tras los delincuentes”.
Avero lo escuchó, se dio vuelta y se fue del lugar entre los gritos de la gente que estaba enardecida y lo siguió hasta el lugar donde se subió a un vehículo particular para poder retirarse. Al ser consultado por los medios sobre las medidas que tomaría, en medio de una iracunda protesta, solo atinó a decir que realizaría los trámites judiciales para tomar medidas al respecto.
En tanto, el subjefe de Policía de Salto, Adolfo Cuello, el Director de Coordinación Ejecutiva, Luis Monge y un grupo de oficiales y efectivos policiales, permanecieron en el lugar hasta esperar la finalización de la manifestación. Las intenciones de las autoridades eran que no se llegara a desalojar por la fuerza el lugar.
Al rato llegó la orden de la fiscalía de que se procediera al desalojo de la ocupación de la ruta y que se permita el libre tránsito tal como lo dispone la legislación vigente. Pero la Policía decidió esperar y no generar un daño mayor al que ya se estaba produciendo.
“No están dadas las condiciones para ejercer la fuerza, hay mujeres y niños, no podemos mandar a la Policía a hacer justamente lo que ellos están pidiendo, a reprimir, tenemos que evitar un mal mayor, así que vamos a tratar de buscar una salida a través del diálogo”, señaló a este diario uno de los jerarcas policiales que estaba en el lugar.
Cuando el fuego estaba bajando en intensidad llegó un automóvil Fiat Duna con más cubiertas que eran arrojadas de a una y hasta alguien arrojó una botella con combustible que avivó el fuego, siendo que entre los manifestantes había muchos niños cerca.
Recién a las cinco de la tarde empezaron a desalojar el lugar y permitieron pasar a una fila de camiones de transporte de carga internacional que estaban varados desde hacía horas. Al rato de esto, desbloquearon el paso y llegaron los Bomberos a apagar el incendio.
Trajeron una camioneta con un parlante pero nadie quiso hablar ni hacerse representante de esa furiosa movilización. Insultos, propuestas de ultimar delincuentes y maneras de encararlos en caso de ser robados, pululaban entre las personas que tomaron el lugar en muchos casos con termo y mate en mano, y hasta con el perro, para hacer saber que no era un domingo cualquiera.







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