Ayer se nos fue el querido compañero Néstor Flores

Ayer se nos fue el querido compañero Néstor Flores

Cuando un amigo se va…

Es la nota que hubiéramos preferido no tener que escribir nunca. Desde que pusimos un pie en la Redacción de EL PUEBLO, y hace de esto 47 años, supimos que Néstor era una de las personas más respetadas y más abnegadas en el Taller donde a diario se editaba EL PUEBLO.
Hombre joven, inteligente y capacitado, había ingresado unos años antes que quien esto escribe, pero se había ido preparando y capacitando para lidiar con las viejas linotipos, máquinas que convertían en líneas de plomo a las notas  que los periodistas reflejábamos en el papel, usando las máquinas de escribir.
Eran tiempos dominados por el olor a tinta y papel, por el ruido de las impresoras aún rudimentarias en que se dedicaban muchas horas a la confección de un diario hecho en forma casi artesanal e impreso en la vieja rotoplana que hacía un ruido de tren cuando se ponían a funcionar.
Pronto Néstor se convirtió en el principal responsable de todo el sector de Taller y las mismas actividades le llevaron a colaborar en el mantenimiento de las máquinas de otros periódicos e impresoras de la ciudad, e incluso de la ciudad de Artigas, lugar al que concurrió durante algunos años en forma periódica por el mantenimiento de las máquinas de una imprenta.
Inquieto por naturaleza, era siempre una de las personas de fuera de la Redacción cuyo análisis nos interesaba a todos los periodistas, porque era sagaz, profundo y un voraz lector. Músico vocacional, nunca se jactó de haber integrado un conjunto de música popular de décadas atrás, ni jamás se puso en un  plano cultural más elevado que nadie, a pesar que podría haberlo hecho.
Con los años supimos compartir tareas no solo específicas, sino también labores gremiales como directivos del viejo Sindicato de Artes Gráficas y Periodistas. Supimos de persecuciones y censuras, pero él siempre estuvo al lado de quien lo necesitaba.
Néstor fue siempre un hombre honesto, abierto y sincero, capaz de dialogar y de explicar. Tenía la sapiencia del experiente amalgamada con quien tiene la suficiente inteligencia para captar y adquirir conocimiento rápidamente.
Su entrega de siempre fue en permanente beneficio hacia los demás. Incapaz de hacer mal a nadie, le costaba reprender, aunque desempeñara cargos jerárquicos, porque prefería dialogar y tratar de entender siempre al compañero.
Esta característica le llevó a ser respetado y querido. Sus compañeros de trabajo tanto del diario viejo (etapa anterior de EL PUEBLO) como del actual, hallaron siempre en “Pajarito” a un ser querible, respetado y respetuoso, un compañero que siempre estaba de buen humor y era un poco el “catalizador” para los demás que muchas veces buscábamos sus bromas o su buen humor para matizar las largas jornadas de Redacción.
Así fue siempre, quienes le conocimos en la anterior etapa de EL PUEBLO, lo supimos siempre y lo disfrutamos aún en su vejez, cuando su presencia y sus conocimientos, no solo por experiencia, sino por  inteligencia, eran siempre importantes para nosotros.
Luchó por su vida durante diez días, luego de ese traicionero ACV que lo sorprendió una madrugada y ayer se fue serenamente, como vivió.
Su familia, esposa, hijos y demás familiares pueden estar seguros que Néstor es de las personas cuyo humanismo deja una huella profunda y en esta Redacción seguramente siempre se lo recordará, porque ha sido y será siempre uno de los pilares, surgidos en la primera etapa, pero que también aportó generosamente su entrega y conocimientos a la actual, porque era un hombre de diario y sobre todo de EL PUEBLO, donde no solo aportó conocimientos, sino también la pasión de los que disfrutan de lo que hacen.
Solo nos resta decirle: gracias por tu entrega y tu aporte.
¡Descansa en paz querido compañero!
Alberto
Rodríguez Díaz

Es la nota que hubiéramos preferido no tener que escribir nunca. Desde que pusimos un pie en la Redacción de EL PUEBLO, y hace de esto 47 años, supimos que Néstor era una de las personas más respetadas y más abnegadas en el Taller donde a diario se editaba EL PUEBLO.

Hombre joven, inteligente y capacitado, había ingresado unos años antes que quien esto escribe, pero se había ido preparando y capacitando para lidiar con las viejas linotipos, máquinas que convertían en líneas de plomo a las notas  que los periodistas reflejábamos en el papel, usando las máquinas de escribir.

Eran tiempos dominados por el olor a tinta y papel, por el ruido de las impresoras aún rudimentarias en que se dedicaban muchas horas a la confección de un diario hecho en forma casi artesanal e impreso en la vieja rotoplana que hacía un ruido de tren cuando se ponían a funcionar.

Pronto Néstor se convirtió en el principal responsable de todo el sector de Taller y las mismas actividades le llevaron a colaborar en el mantenimiento de las máquinas de otros periódicos e impresoras de la ciudad, e incluso de la ciudad de Artigas, lugar al que concurrió durante algunos años en forma periódica por el mantenimiento de las máquinas de una imprenta.

Inquieto por naturaleza, era siempre una de las personas de fuera de la Redacción cuyo análisis nos interesaba a todos los periodistas, porque era sagaz, profundo y un voraz lector. Músico vocacional, nunca se jactó de haber integrado un conjunto de música popular de décadas atrás, ni jamás se puso en un  plano cultural más elevado que nadie, a pesar que podría haberlo hecho.

Con los años supimos compartir tareas no solo específicas, sino también labores gremiales como directivos del viejo Sindicato de Artes Gráficas y Periodistas. Supimos de persecuciones y censuras, pero él siempre estuvo al lado de quien lo necesitaba.

Néstor fue siempre un hombre honesto, abierto y sincero, capaz de dialogar y de explicar. Tenía la sapiencia del experiente amalgamada con quien tiene la suficiente inteligencia para captar y adquirir conocimiento rápidamente.

Su entrega de siempre fue en permanente beneficio hacia los demás. Incapaz de hacer mal a nadie, le costaba reprender, aunque desempeñara cargos jerárquicos, porque prefería dialogar y tratar de entender siempre al compañero.

Esta característica le llevó a ser respetado y querido. Sus compañeros de trabajo tanto del diario viejo (etapa anterior de EL PUEBLO) como del actual, hallaron siempre en “Pajarito” a un ser querible, respetado y respetuoso, un compañero que siempre estaba de buen humor y era un poco el “catalizador” para los demás que muchas veces buscábamos sus bromas o su buen humor para matizar las largas jornadas de Redacción.

Así fue siempre, quienes le conocimos en la anterior etapa de EL PUEBLO, lo supimos siempre y lo disfrutamos aún en su vejez, cuando su presencia y sus conocimientos, no solo por experiencia, sino por  inteligencia, eran siempre importantes para nosotros.

Luchó por su vida durante diez días, luego de ese traicionero ACV que lo sorprendió una madrugada y ayer se fue serenamente, como vivió.

Su familia, esposa, hijos y demás familiares pueden estar seguros que Néstor es de las personas cuyo humanismo deja una huella profunda y en esta Redacción seguramente siempre se lo recordará, porque ha sido y será siempre uno de los pilares, surgidos en la primera etapa, pero que también aportó generosamente su entrega y conocimientos a la actual, porque era un hombre de diario y sobre todo de EL PUEBLO, donde no solo aportó conocimientos, sino también la pasión de los que disfrutan de lo que hacen.

Solo nos resta decirle: gracias por tu entrega y tu aporte.

¡Descansa en paz querido compañero!

Alberto Rodríguez Díaz