Blanquita, una vida que lejos de truncarse espera justicia y ser un ejemplo de lo que nunca debió pasar

Blanquita, una vida que lejos de truncarse espera justicia y ser un ejemplo de lo que nunca debió pasar

Con la ilusión intacta, Filippini esperó 11 años para saber si hubo responsabilidad médica en su caso

Blanquita Filippini espera sentada en una silla de ruedas en la puerta de su casa. Mucha gente la saluda y su familia está siempre pendiente de todo lo que está haciendo. Cuando tenía 3 años comenzó a recorrer un camino que recién hoy, la vía judicial puede llegar a darle un sentido a todo lo que pasó, si la jueza Civil de 5º Turno, dictamina que al final en todo lo que pasó hubo responsabilidad médica.

«Nosotros esperamos un resarcimiento económico para la familia, pero no por el dinero en sí, sino para devolverle algo de dignidad en su vida a una niña, a la que la omisión del Estado en todo este caso, le ocasionó un daño permanente, algo que no puede volver a pasar en nuestro país, por eso recién ahora a 11 años del hecho, quizás podamos sentir que puede haber algo de justicia», dijo a EL PUEBLO el abogado de la familia desde que conoció el caso en el año 2009, Pablo Perna.
Todo comenzó el 28 de marzo del 2009, cuando Blanquita, entonces de 3 años de edad, estaba haciendo mucha fiebre en su casa del barrio Santa Rosa y fue cuando su madre, decidió llevarla hasta la puerta de Emergencia del Hospital, por la calle Cervantes.
Allí fue vista por un médico de guardia que le recetó algo para calmarle la fiebre, pensando que se trataba de algo viral y la remitió a su casa. Pero las horas pasaron y Blanquita, se sintió peor aún, por lo cual su madre decidió regresar hasta la puerta de Emergencia, donde otra vez, un profesional de la salud le dio el mismo diagnóstico y de vuelta a casa.
Hasta que la pequeña, ya se desvanecía en los brazos de su madre y ante la mirada preocupada de su padre y hermanas, todos decidieron que esta vez a Blanquita había que atenderla ya de otra manera. Cuando la médico fue a verla encontró que la pequeña tenía una fiebre alta y al amagar repetir la fórmula quelas dos atenciones anteriores, la madre de la niña, ya con bronca por lo que estaba sucediendo, la miró a la médico que la estaba atendiendo y usando como recurso una vieja escoba que estaba detrás de la puerta le dijo «o la atendés a mi hija o barro la puerta con vos», expresó en aquel momento a este diario, cargada de indignación por lo que tuvieron que soportar.
Allí fue que comunicaron de la situación al médico cirujano de guardia, Antonio Veroli, quien al ver a la pequeña con síntomas de tanta debilidad decidió trasladarla de manera urgente al quirófano, donde Blanquita comenzaría a sus 3 años de edad, el periplo de lo que fueron múltiples intervenciones, tantas que ya perdieron la cuenta.
Estaba cursando una infección generalizada y la falta de atención había promovido que la misma se extendiera por todo el cuerpo de la niña. La decisión fue drástica, había que amputarla y perdió dos piernas y el antebrazo.
Su caso se conoció de inmediato y llenó de lágrimas los ojos de todo el país, que no daba crédito de lo que estaba pasando en medio de una llamada revolución del sistema de salud, con un nuevo sistema que apuntaba a mejorar el cambio de atención, pero en este caso mostraba su peor cara.
Pasaron los años, y el daño permanente sufrido con las amputaciones graves a la pequeña, solo dieron lugar a que la niña tuviera que seguir operándose una y otra vez. El país entero siguió su caso muchas veces, los reclamos de su familia se mantuvieron pese a los cambios de ministro de Salud, tras los sucesivos gobiernos, para que se diera un dictamen sobre el asunto, pero nadie arriesgó a asumir un error.
Un perito presentado en el juicio por parte del Estado dijo que Blanquita, cuando concurrió a atenderse sufría de desnutrición crónica. E incluso señaló que su peso no era el adecuado para una pequeña de su edad. «Le dije al médico perito que si la niña pesaba 10 kilos cuando él la vio, fue porque en esa fecha ya había sufrido la amputación de sus miembros y encima venía de recuperarse de una novena operación con apenas 3 años de edad, ¿qué pretendía?», expresó el abogado Pablo Perna.
Pasaron 11 años de idas y venidas, pruebas y contrapruebas, testimonios, peritajes, dictámenes, análisis de diagnósticos, y hoy a las 11 de la mañana por primera vez, un atisbo de lo que se le llama justicia podrá conocerse, cuando la jueza de 5º Turno de Salto, decrete la primera sentencia sobre este caso.
Allí se sabrá si para la justicia hubo responsabilidad médica o si por el contrario, solo se presentaron posibles demoras en la atención.
Blanquita puede sentir que le amputaron el alma, que le robaron la ilusión y la esperanza de ser una adolescente que viva una vida sin dificultades, pero lejos de sentir eso, está esperando que la sociedad decida si debe hacerse justicia sancionando a los servicios de salud del Estado por lo que le pasó, o si su situación puede haber sido una mala jugada del destino.
Pero su sonrisa, su espíritu de superación y sus ilusiones de adolescente, se delatan en su sonrisa y solo esperan que sus derechos humanos sean respetados como ejemplo de lo que a nadie le debe pasar.
Hugo Lemos