Breve crónica de un cine 4D en Daymán

Cierta tarde, Gustavo llegó a mi oficina a proponerme un proyecto extravagante. Nunca nos habíamos visto, así que la reunión tenía un halo de misterio y novedad. Me contó que estaba participando en una licitación pública y que alguien le había dicho que yo podía ayudarle a ponerle un plus al proyecto completo. Específicamente quería desarrollar en el antiguo Spa de Daymán, un espacio de entretenimiento que incluiría una sala de cine 6D, una película y un espacio para propuestas escénicas.

Lo de la licitación lo entendí poco pero como redactar proyectos es lo de todos los sALOMÓN Reyesdías, me comprometí a ayudarle, definiendo y dándole forma, al menos en papel, a lo que él me había planteado con cierta expectativa. Hasta ahí, la cosa estaba bajo control, pero cuando semanas después, me avisó que él y sus socios, habían ganado la licitación, hubo que pasar rápidamente del papel a la práctica, una práctica que por otro lado, resultaba inédita y no exenta de riesgos.

La película debía hablar sobre el agua termal y rodarse en formato 3D. Susana se hizo cargo de la investigación y en pocos días teníamos un guión que nos pareció convincente. El equipo de rodaje con Valeria y Lucila al frente y con Angelina como protagonista estaba pronto pero seguíamos sin saber cuál era la mejor manera de filmar en 3D. Con Thiago, el editor y postproductor, hicimos un montón de experimentos, que fuimos rechazando uno a uno por imprácticos. En ese momento, parecíamos más un club de ciencias del Ipoll que dos profesionales del audiovisual. Fuimos dando tumbos y practicando el ensayo y error hasta que recordé que una amiga me había comentado, casi de forma accidental, de la existencia de una cámara 3D en Montevideo. Nos pusimos en contacto con Ismael, el dueño de la cámara y nos convencimos que él y su ‘aparato’, eran la respuesta a nuestras preocupaciones. Pero la cámara Panasonic no terminaba de resolver todo el reto audiovisual que estábamos persiguiendo. Nos fuimos haciendo a la idea de que la postproducción sería un trabajo complejo y tortuoso, como lo terminó siendo. Thiago recordará por mucho tiempo este proyecto.

Construir el cine fue otro cantar, quizá igual o más difícil que hacer la película. La primer decisión que tomamos fue reducir las expectativas, en lugar del cine 6D, que implicaba entre otras cosas, un mecanismo de movimiento de butacas, inalcanzable para nuestro presupuesto, debimos conformarnos con un cine en formato 4D, que eso sí, incluiría efectos en vivo.

Quizá alguno de ustedes recuerde que el edificio del viejo cine Sarandí fue comprado por una congregación religiosa, como muchos cines del país cuando cayeron en desgracia. Contactamos a dicha congregación y les compramos parte de esas butacas, las reciclamos y les devolvimos su origen, volvieron a ser butacas de cine. El buen Héctor y su familia, que tenían experiencia armando cines alternativos y locos, fue el que le dio forma a nuestra sala de 27 butacas, más del doble de las que tenía el proyecto original. Se acondicionó un buen sistema de sonido y le pusimos todo el esmero en la comodidad de los espectadores y los efectos. Pero aún no resolvíamos el principal escollo: ¿Cómo proyectar la película 3D? Pedimos asesoría a expertos en Buenos Aires y sólo recibimos un desdén olímpico, quizá lo modesto del proyecto y la poca rentabilidad que les representaba, no les hizo ni cosquillas. Fue Juan José, del Movie Club de San José el que nos ayudó a entender técnicamente como se debía proyectar el 3D. El truco pasaba por un polarizador que vendían los chinos a precio de oro. Sí, fue la parte más costosa pero eso nos permitió al final, conseguir la primer sala fija del litoral que podía proyectar en los tres formatos: 2D, 3D y 4D. Debo reconocer el esfuerzo de inversión de Gustavo, Sebastián y Gonzalo, nuestros productores ejecutivos, porque aunque el presupuesto gastado resultó mayor al inicialmente planteado, nunca se bajaron del objetivo de ver el cine funcionando.

El Cine 4D del Spa Thermal Daymán es, y no lo decimos por vanidad, una curiosidad audiovisual en un lugar que aún no tiene vocación para el cine. No es fácil competir contra el agua caliente de las piscinas ni con la inercia histórica de los visitantes de la zona. Sin embargo, de a poco, hemos logrado que a nuestra sala, se acerque un público que busca novedades y que se siente intrigado por conocer el cine 4D. Sólo en el mes de mayo, más de 300 personas han entrado al cine y estamos muy contentos de ofrecer una programación alternativa a los estrenos del otro cine comercial de la ciudad. Hemos podido exhibir todas las premieres nacionales del 2017 en simultáneo con Montevideo, algo que resultaba imposible en Salto por las pautas comerciales de la distribución y además, exhibir algunas de las mejores propuestas del buen cine internacional.

Seguimos viendo caras decepcionadas cuando les decimos a los turistas que los asientos no se mueven, porque confunden el 6D del cine móvil que anda por las plazas, con el 4D de la sala, pero también hemos sido felices al escuchar los aplausos conmovidos cuando termina 45 GRADOS nuestro docu en 4D o cuando rompimos un cierto domingo, el record de asistencia de la sala con El Otro Hermano. Creemos que la historia del Cine 4D del Spa Thermal Daymán está por escribirse y quizá en el futuro, algún cronista del cine salteño la describa como un esfuerzo modesto de revivir las experiencias cinéfilas de las viejas salas de cine de la ciudad y que tantos salteños recuerdan con cariño, sólo que con piscinas de agua caliente de por medio.

Salomón Reyes
Director, guionista y
programador del
Cine 4Daymán