Bueno, pero con mucho para mejorar

Que los habitantes de un lugar sean quienes elijan a sus “gobernantes” del terruño, nos parece una buena cosa. Esta es la esencia de la Ley de Descentralización y sin lugar a dudas el gran mérito de ella.
De todas formas, al establecerse que no habrá voto cruzado, prácticamente no se cambia nada. El objetivo central de esta descentralización se relega, queda en las buenas intenciones, pero en los hechos, aún seguirá atada a votar el partido y no la persona.
Hasta hoy, por lo general el presidente de la Junta Local es quien encabeza la lista más votada, del lema (partido) más votado en el lugar.
Como la Corte Electoral acaba de decidir que no habrá voto cruzado –desconocemos qué motivos ha tenido para decidir en este sentido – esto seguirá siendo exactamente así y por lo tanto el cambio será muy relativo, salvo el hecho de que ahora el presidente de la Junta se denominará alcalde y tendrá una remuneración.
Si tenemos en cuenta que hasta hoy las juntas locales requieren el “visto bueno” del partido correspondiente para ser designadas e incluso en algún período ni siquiera fueron nombradas, no puede negarse de que el hecho de que ahora sean electivas, constituye un buen paso.
Pero lo más importante es que de esta forma se apunta a dar a las alcaldías, la relevancia que hasta hoy no tienen las juntas locales. La posibilidad de determinar qué obras son más necesarias y cuales son las prioridades en cada caso, ya es un avance. Se trata de una participación efectiva en ello. Se descartan los intereses particulares y las “influencias” siempre presentes en los órganos que eran elegidos por simpatía partidaria.
La posibilidad de elegir a la persona que se considera más capacitada, más confiable y más creíble quizás, para representar a la zona y llevar adelante las soluciones que se requieren para mejorar la calidad de vida de quienes allí viven, no será la mejor, en tanto no se habilite el voto cruzado.
Más allá de todos los impedimentos formales que pudieran existir, es claro que hay dos objetivos imprescindibles a lograr como broche de este proceso de descentralización, el voto cruzado, que supone la posibilidad de votar al mejor vecino, sea del partido que sea, en lo local y a su vez votar, si así se lo prefiere al candidato de otro partido para conducir el departamento todo.
Lo segundo, es la posibilidad de obtener los fondos correspondientes y la potestad de gestionarlos, sin depender del gobierno departamental, que deberá reservarse únicamente la fiscalización sobre la forma en que se utilizan los recursos.
En síntesis, es un buen paso, pero todavía insuficiente.
Así lo vemos.

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