Buscando un milagro, no un imposible

Buscando un milagro, no un imposible

Un padre que busca a su hija salteña tras 39 años de ausencia

“Espero un milagro no un imposible”, así empezaba la esquela escrita en una hoja de cuaderno con letra manuscrita y rasgos de nostalgia, con la que Amado Néstor Cocorel, un hombre de 64 años de edad, oriundo de Minas (Lavalleja) quien con pocos datos y un ayuda memoria busca conocer a su hija salteña, la que ya tendría 39 años de vida.
“Quiero poner un aviso porque busco a mi hija”, me dijo el hombre alto, desgarbado y con voz seca. “me dijeron que viniera hoy y hablara con usted, estoy en Salto desde el jueves, porque después de tantos años pude venir y no quiero irme sin encontrarla, o al menos tener un dato, algo que me acerque a ella”, me dijo mientras sentía que el corazón se le aceleraba y los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras yo leía la carta que quería dejar para que se la publicara.
El texto decía: “Busca hija no conocida, nacida en el año 1975, entre el mes de agosto o setiembre, estaría por cumplir 39 años, tiene dos hermanos mayores que ella, un varón y una mujer, y ella sería la menor”.
“La información que tuve por una amiga y vecina suya, fue cuando yo vivía en San Carlos (Maldonado) entonces ella tendría 16 años. Después de que falleciera su madre, por una enfermedad terminal, pasó a vivir con la madre de la última pareja de su progenitora, por razones muy especiales. La persona que se identifique con estos datos, por favor llamar al teléfono 095 538 305”, rezaba su esquela blanca y con borrones, por haberla ensayado varias veces.
“Espéreme”, le dije, “vamos a hacer una nota”. Fui hasta la sala de Redacción y tomé la grabadora y una cámara de fotos. “Siéntese”, lo conminé, y agradeciendo la atención que estábamos dispensando, empezó a hablar y se soltó sin más, contando la historia de su vida y su meta a esta altura de la vida, “quiero encontrar a mí hija, tratar de recuperar el tiempo perdido y pedirle perdón por no haber estado antes”, dijo con una voz quebrada que eriza.
LA BÚSQUEDA
“Actualmente me dedico a vender muebles, estoy en el kilómetro 24.200 de la Ruta 8, cerca de Barros Blancos en Montevideo. A fines del año 1974, tuve una pareja pasajera, que fue cuestión de un mes aproximadamente, yo vine a Salto desde Minas a trabajar a la represa de Salto Grande”, dijo.
Aprovechó para señalar que vio a Salto “muy cambiado” respecto a entonces, aunque dijo que “lo que más me llama la atención es el precio del boleto, es el más barato del país. Fue algo que me llamó la atención porque cuando llegué, fui a sacar el boleto y me cobraron 6 pesos, yo no entendí y pensé que había escuchado mal, entonces le pagué con un billete de 20 al chofer y cuando vi que me devolvió 14, no lo podía creer”.
Aunque de inmediato entró de lleno en el tema de su hija. “Estuve siempre para venir y no pasa un día que no me estoy acordando del tema este. Yo tuve una relación con una mujer, de nombre Mary, no me acuerdo de su apellido, ella estaba separada de su ex esposo y tenía dos hijos. Las cosas se dieron así y bueno. Yo incluso busqué a un compañero de trabajo en la pensión donde yo paraba acá en la calle 18 de Julio frente al Hospital, pero esa gente está toda desaparecida, no lsa encontrév más, y el lugar ya no existe más, no es más pensión”, dijo ya que comentó que anduvo investigando esos lugares antes de venir hasta el diario.
Contó que cuando él tuvo que regresar a Minas, su pareja de entonces, le dijo que estaba embarazada. “A mí me pasó el tiempo y yo estaba siempre para venir a Salto, hasta que un día hice un viaje relámpago y no encontré a nadie en los lugares donde yo sabía que estaba ella. Yo vine a buscarla y quedé desconectado, el apellido de ella se me borró de la mente. Se que el ex esposo de ella tenía una tienda frente a la panadería que hay en la calle 18 de Julio y Cervantes, y eso es algo que recuerdo”.
Contó que tuvo que volverse a Minas en aquel entonces “porque era la mano derecha de mi padre, y él estaba muy enfermo, yo tenía hermanos chicos, y la familia se despedazaba económicamente, entonces tenía que irme a trabajar y sacarlos adelante. Tenía que estar o estar y regresé a Minas. Después surgieron distintos problemas, aunque yo siempre traté de salir adelante, aunque mi error fue pensar siempre que había mucho tiempo”.
MÁS DATOS
Nuestro entrevistado contó que las tareas de campo que le dejó su padre, no dieron sus frutos y los problemas sobrevinieron. Por lo tanto, puso un negocio de venta de verduras en la feria tres veces por semana, también repartía en los almacenes. “Dormía más veces arriba del camión cuando iba para el mercado que en mi propia cama”.
Hasta que un día, estando en la ciudad de San Carlos, en Maldonado, entró a un bar con un amigo suyo y en el lugar estaba cantando un dúo. “Nos tomamos un refresco, y en el transcurso de la actuación, la mujer comentó algo referido a Salto, entonces esperé que terminara de cantar y me acerqué para preguntarle si ella era de acá. Me dijo que sí y entonces le empecé a hacer preguntas para ver si conseguía datos de mi hija. Entonces le pregunté si conocía el barrio del Hospital, y me dijo que sí, y casualmente conocía mucho de su vida y me contó toda la historia”, en el relato Amado Cocorel se encontraría con datos que lo sorprendieron y que lo acercarían más a su hija.
“Resulta que la madre de mi hija, tuvo una pareja después de mi con la que tampoco le habría ido muy bien y terminó falleciendo de una enfermedad terminal. Y ahí me contó que mi hija, estaba viviendo con la madre de la última pareja de su mamá. Y me dijo, si vieran qué gurisa tan encantadora y eso fue cuando mi hija tenía unos 16 años”, recordó.
Emocionado y triste a la vez, Cocorel sostiene que “la mujer le había dado hasta la dirección para venir a verla, y le agregó incluso que la joven, que era su hija, quería conocer a su padre, ya que tras la muerte de su madre se sentía sola. Y yo así pensaba, bueno la semana que viene voy, y me repetía la semana que viene voy, y así fue pasando y siempre corriendo a través de los pesos, y fue pasando y pasando el tiempo, además que me agarraron un montón de problemas económicos que me han agobiado y siempre ahí cinchando y a veces sin tener un peso para nada”.
Hasta que ahora siente que está “un poco más holgado”, con algo que le permite “sobrevivir bien y vencer un montón de obstáculos, y siempre con la ansiedad de poder llegar. Y dejé a un casero a cargo de mis mercaderías en la feria, y se que eso tendría que haberlo dejado muchísimos años atrás, pero ta, era otra situación, y ahora me vine”.
UNA AGUJA EN UN PAJAR
Para este hombre sesentón, pero decidido a buscar a su hija más que nunca y con la ansiedad a flor de piel, quizás la búsqueda resulte como “una aguja en un pajar, porque con tan poca información, tan pocos datos, pro tengo fe y se que Dios es grande y quiero encontrarla a ella. Y se que debo tener nietos que también quiero conocer, pero sobre todo mi ansiedad es de poder conocerla a ella”.
Pero fue más allá, el hombre, levantó la mirada después de hablar por varios minutos sin parar con una ansiedad que lastima, y dijo “estoy resuelto a escuchar lo que me quiera decir, sin derecho a protestar, porque cuando bastante me hubiera precisado no me tuvo, y espero que no sea tarde, la esperanza que tengo es que si puedo, quiero recuperar el tiempo perdido, porque es la esperanza que tengo”.
Cocorel tiene un hijo de 9 años de edad, aunque no vive con la madre del pequeño, de la que está separado. Si bien está todos los días con él ya que lo lleva a la escuela, “donde marcha muy bien”, dice con aire de orgullo, reflexiona y siente que “cada hijo ocupa su lugar y se que ella lo tiene y por eso quiero encontrarla”.
Este padre desesperado, se quedará en Salto hasta esta noche y a través de su número telefónico desea encontrar datos que lo acerquen al encuentro con su hija. Así se levantará esta mañana, esperando un dato, buscando una información, algo que lo lleve cerca, luego de estar toda una vida sin conocer a su primogénita a quien le guarda su lugar, junto a él. Apela a la buena voluntad de las personas para conseguir datos.
“Aunque tuviera 10 hijos, ella siempre tiene su lugar y quiero hacer todo para encontrarla. Si Dios quiere el 1º de mayo cumplo 65 años de edad, y espero que el mejor regalo de siempre, sea poder encontrar a mi hija salteña”, dijo.

“Espero un milagro no un imposible”, así empezaba la esquela escrita en una hoja de cuaderno con letra manuscrita y rasgos de nostalgia, con la que Amado Néstor Cocorel, un hombre de 64 años de edad, oriundo de Minas (Lavalleja) quien con pocos datos y un ayuda memoria busca conocer a su hija salteña, la que ya tendría 39 años de vida.

“Quiero poner un aviso porque busco a mi hija”, me dijo el hombre alto, desgarbado y con voz seca. “me dijeron que viniera hoy y hablara con usted, estoy en Salto desde el jueves, porque después de tantos años pude venir y no quiero irme sin encontrarla, o al menos tener un dato, algo que me acerque a ella”, me dijo mientras sentía que el corazón se le aceleraba y los ojos se le llenaban de lágrimas, mientras yo leía la carta que quería dejar para que se la publicara.

El texto decía: “Busca hija no conocida, nacida en el año 1975, entre el mes de agosto o setiembre, estaría por cumplir 39 años, tiene dos hermanos mayores que ella, un varón y una mujer, y ella sería la menor”.

“La información que tuve por una amiga y vecina suya, fue cuando yo vivía en San Carlos (Maldonado) entonces ella tendría 16 años. Después de que falleciera su madre, por una enfermedad terminal, pasó a vivir con la madre de la última pareja de su progenitora, por razones muy especiales. La persona que se identifique con estos datos, por favor llamar al teléfono 095 538 305”, rezaba su esquela blanca y con borrones, por haberla ensayado varias veces.

“Espéreme”, le dije, “vamos a hacer una nota”. Fui hasta la sala de Redacción y tomé la grabadora y una cámara de fotos. “Siéntese”, lo conminé, y agradeciendo la atención que estábamos dispensando, empezó a hablar y se soltó sin más, contando la historia de su vida y su meta a esta altura de la vida, “quiero encontrar a mí hija, tratar de recuperar el tiempo perdido y pedirle perdón por no haber estado antes”, dijo con una voz quebrada que eriza.

LA BÚSQUEDA

“Actualmente me dedico a vender muebles, estoy en el kilómetro 24.200 de la Ruta 8, cerca de Barros Blancos en Montevideo. A fines del año 1974, tuve una pareja pasajera, que fue cuestión de un mes aproximadamente, yo vine a Salto desde Minas a trabajar a la represa de Salto Grande”, dijo.

Aprovechó para señalar que vio a Salto “muy cambiado” respecto a entonces, aunque dijo que “lo que más me llama la atención es el precio del boleto, es el más barato del país. Fue algo que me llamó la atención porque cuando llegué, fui a sacar el boleto y me cobraron 6 pesos, yo no entendí y pensé que había escuchado mal, entonces le pagué con un billete de 20 al chofer y cuando vi que me devolvió 14, no lo podía creer”.

Aunque de inmediato entró de lleno en el tema de su hija. “Estuve siempre para venir y no pasa un día que no me estoy acordando del tema este. Yo tuve una relación con una mujer, de nombre Mary, no me acuerdo de su apellido, ella estaba separada de su ex esposo y tenía dos hijos. Las cosas se dieron así y bueno. Yo incluso busqué a un compañero de trabajo en la pensión donde yo paraba acá en la calle 18 de Julio frente al Hospital, pero esa gente está toda desaparecida, no lsa encontrév más, y el lugar ya no existe más, no es más pensión”, dijo ya que comentó que anduvo investigando esos lugares antes de venir hasta el diario.

Contó que cuando él tuvo que regresar a Minas, su pareja de entonces, le dijo que estaba embarazada. “A mí me pasó el tiempo y yo estaba siempre para venir a Salto, hasta que un día hice un viaje relámpago y no encontré a nadie en los lugares donde yo sabía que estaba ella. Yo vine a buscarla y quedé desconectado, el apellido de ella se me borró de la mente. Se que el ex esposo de ella tenía una tienda frente a la panadería que hay en la calle 18 de Julio y Cervantes, y eso es algo que recuerdo”.

Contó que tuvo que volverse a Minas en aquel entonces “porque era la mano derecha de mi padre, y él estaba muy enfermo, yo tenía hermanos chicos, y la familia se despedazaba económicamente, entonces tenía que irme a trabajar y sacarlos adelante. Tenía que estar o estar y regresé a Minas. Después surgieron distintos problemas, aunque yo siempre traté de salir adelante, aunque mi error fue pensar siempre que había mucho tiempo”.

MÁS DATOS

Nuestro entrevistado contó que las tareas de campo que le dejó su padre, no dieron sus frutos y los problemas sobrevinieron. Por lo tanto, puso un negocio de venta de verduras en la feria tres veces por semana, también repartía en los almacenes. “Dormía más veces arriba del camión cuando iba para el mercado que en mi propia cama”.

Hasta que un día, estando en la ciudad de San Carlos, en Maldonado, entró a un bar con un amigo suyo y en el lugar estaba cantando un dúo. “Nos tomamos un refresco, y en el transcurso de la actuación, la mujer comentó algo referido a Salto, entonces esperé que terminara de cantar y me acerqué para preguntarle si ella era de acá. Me dijo que sí y entonces le empecé a hacer preguntas para ver si conseguía datos de mi hija. Entonces le pregunté si conocía el barrio del Hospital, y me dijo que sí, y casualmente conocía mucho de su vida y me contó toda la historia”, en el relato Amado Cocorel se encontraría con datos que lo sorprendieron y que lo acercarían más a su hija.

“Resulta que la madre de mi hija, tuvo una pareja después de mi con la que tampoco le habría ido muy bien y terminó falleciendo de una enfermedad terminal. Y ahí me contó que mi hija, estaba viviendo con la madre de la última pareja de su mamá. Y me dijo, si vieran qué gurisa tan encantadora y eso fue cuando mi hija tenía unos 16 años”, recordó.

Emocionado y triste a la vez, Cocorel sostiene que “la mujer le había dado hasta la dirección para venir a verla, y le agregó incluso que la joven, que era su hija, quería conocer a su padre, ya que tras la muerte de su madre se sentía sola. Y yo así pensaba, bueno la semana que viene voy, y me repetía la semana que viene voy, y así fue pasando y siempre corriendo a través de los pesos, y fue pasando y pasando el tiempo, además que me agarraron un montón de problemas económicos que me han agobiado y siempre ahí cinchando y a veces sin tener un peso para nada”.

Hasta que ahora siente que está “un poco más holgado”, con algo que le permite “sobrevivir bien y vencer un montón de obstáculos, y siempre con la ansiedad de poder llegar. Y dejé a un casero a cargo de mis mercaderías en la feria, y se que eso tendría que haberlo dejado muchísimos años atrás, pero ta, era otra situación, y ahora me vine”.

UNA AGUJA EN UN PAJAR

Para este hombre sesentón, pero decidido a buscar a su hija más que nunca y con la ansiedad a flor de piel, quizás la búsqueda resulte como “una aguja en un pajar, porque con tan poca información, tan pocos datos, pro tengo fe y se que Dios es grande y quiero encontrarla a ella. Y se que debo tener nietos que también quiero conocer, pero sobre todo mi ansiedad es de poder conocerla a ella”.

Pero fue más allá, el hombre, levantó la mirada después de hablar por varios minutos sin parar con una ansiedad que lastima, y dijo “estoy resuelto a escuchar lo que me quiera decir, sin derecho a protestar, porque cuando bastante me hubiera precisado no me tuvo, y espero que no sea tarde, la esperanza que tengo es que si puedo, quiero recuperar el tiempo perdido, porque es la esperanza que tengo”.

Cocorel tiene un hijo de 9 años de edad, aunque no vive con la madre del pequeño, de la que está separado. Si bien está todos los días con él ya que lo lleva a la escuela, “donde marcha muy bien”, dice con aire de orgullo, reflexiona y siente que “cada hijo ocupa su lugar y se que ella lo tiene y por eso quiero encontrarla”.

Este padre desesperado, se quedará en Salto hasta esta noche y a través de su número telefónico desea encontrar datos que lo acerquen al encuentro con su hija. Así se levantará esta mañana, esperando un dato, buscando una información, algo que lo lleve cerca, luego de estar toda una vida sin conocer a su primogénita a quien le guarda su lugar, junto a él. Apela a la buena voluntad de las personas para conseguir datos.

“Aunque tuviera 10 hijos, ella siempre tiene su lugar y quiero hacer todo para encontrarla. Si Dios quiere el 1º de mayo cumplo 65 años de edad, y espero que el mejor regalo de siempre, sea poder encontrar a mi hija salteña”, dijo.