Charla en la Alianza Francesa Salto a 200 años del inicio de «La Balsa de La Medusa»

El Arquitecto Juan Carlos Ferreira brindará una charla el próximo viernes 3 de agosto en la Alianza Francesa Salto (Amorim 252) en el marco de los 200 años del inicio de la “Balsa de la Medusa”.
La tragedia de la fragata Medusa frente a la costa de África Occidental en el verano de 1816 fue el hundimiento más documentado y polémico de la historia antes del Titanic
En los anales de la marina francesa no existe un ejemplo más trágico que el de aquella fragata. Una historia que conmocionó a la sociedad francesa en su momento y que lo sigue haciendo en la actualidad. Un joven pintor la quiso inmortalizar para siempre. Entre la quietud y el silencio de los museos, en la capital del arte, en el museo del Louvre, descansa un mito de la pintura romántica. Un mito, que curiosamente se inspira sobre el naufragio más celebre de Francia.alianza francesa salto 001
En realidad, la imagen de lo que nunca debe comparecer ante los ojos del público, escribió el ministro de la Guerra francés al rey Luis XVIII. En aquel naufragio se dieron escenas de enfermedad, hambre y canibalismo.
Un mito que, curiosamente, se inspira sobre el naufragio más célebre de Francia del que hoy se cumplen 200 años. El naufragio de la fragata Medusa frente a la costa de África Occidental en el verano de 1816, posiblemente sea uno de los hundimientos más documentados y polémicos de la historia antes que tuviese lugar el naufragio del Titanic.
En los anales de la marina Francesa no existe un ejemplo más trágico, dramático y real que el de aquella fragata.
Una historia que conmocionó a la sociedad francesa en su momento y que lo sigue haciendo en la actualidad. Un joven pintor la quiso inmortalizar para siempre. Entre la quietud y el silencio de los museos, en la capital del arte, en el museo del Louvre, descansa un mito de la pintura romántica. Un mito, que curiosamente se inspira sobre el naufragio más celebre de Francia.
SU HISTORIA…
La fragata real Medusa había abandonado puerto Francés el 17 de Junio de 1816 para navegar hasta San Luis en Senegal. La vanidad, debe ser pecado capital imperdonable por los dioses de la mar. Suele ocurrir una y otra vez en esto de los naufragios. Como ocurrió con el Titanic, la fragata Medusa era considerada como uno de los navíos más modernos y rápidos de la marina Francesa de su época. El objetivo de aquel viaje, tomar posesión de la colonia de África, que Inglaterra había restituido a Francia. Para esta misión buscaron, como solía suceder por cuestión de protocolo, un barco flamante, uno de primera línea que representase adecuadamente a la nación. A bordo se encontraban el nuevo gobernador de Senegal, junto a su familia, el personal administrativo que le acompañaría en su nueva misión y un batallón de infantería de marina. Lo normal para una misión de protocolo de la época. Un aristócrata, llamado Hugues Du Roy de Chaumereys estaría al mando de la fragata.
Un hombre que tras huir de Napoleón, se hizo capitán de mar y de guerra en los despachos y que difrutaba más de los salones y los bailes de oficiales en el exilio de Inglaterra, que navegando por los mares del mundo. Cuando los borbónes sustituyeron a Napoleón, recompensaron al fiel monárquico nombrándolo capitán de mar y de guerra.
Y lo de siempre en este tipo de sucesos. La impericia de un comandante novel, mala compañera de travesía. De esas que hacen temblar de antemano a la marinería veterana. En el caso de la Meduse los hechos anunciaban tragedia. El encargado de la navegación era un prisionero de los pontones del Támesis, un tal Richefort, parece que sería, por su experiencia marinera, el que influiría decisivamente sobre el capitán en materia de navegación. El señor Du Roy no tocaba madera de navío y salitre desde hacía años.
Las instrucciones eran bien claras. Al llegar a la altura del
Cabo Blanco, debían tomar precauciones por los peligros conocidos de navegación en la zona. Al salir de Tenerife, el capitán de la nave decide navegar a todo trapo, dejando atrás a los barcos que lo acompañaban. La corbeta Echo, le sigue a poca distancia, enviándoles señales luminosas de precaución. Fue en vano.
A pesar de que la mar se iba poniendo cada vez más turbia, debido a la cercanía de un banco de arena, la nave de Du Roy seguía con su velocidad constante, desafiante.
Ante la situación, el Alferez Maudet, horrorizado, se dispone a sondear profundidad, ante los resultados, también pide disminuir la velocidad de la nave.
Y así, con seis brazas de profundidad, y metidos de lleno en el banco de arena, se escuchó desde el castillo de popa un ¡todo a estribor¡ del malogrado capitán. Y llegó lo inevitable. A consecuencia de los errores de navegación y la negligencia, la fragata encalló en el banco de Arquin (el cual sí se encontraba posicionado perfectamente en las cartas náuticas de la época). Y así, el barco naufragó incomprensiblemente un día de buena visibilidad y con la mar en calma. Era un 4 de Julio, en pleno verano de una costa lejana Africana. A merced de la fuerza de la mar y del viento, tras el accidente, comenzaron a aligerar la nave, para permitir que el casco aflorase a superficie y realizar las maniobras pertinentes de primero auxilio. Y parecía que lo iban a conseguir. Una esperanza de salvación corrió como la pólvora en la cubierta de la fragata. Pero sucede que en esas aguas costeras del Sáhara abiertas al Atlántico suele predominar una mar de fondo de Poniente, de manera que cuando la Medusa flotó en superficie, las grandes olas la empujaban hacia el levante una y otra vez Estaban atrapados. La nave se adentró aún más en la extensión del banco de arena. Desde aquel momento, quizás sin darse cuenta, comenzaría la tragedia…







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