Comienza exposición «Figuras Humanas» de Oscar Larroca

Este sábado 16 del corriente dará comienzo la exposición «Figura Humana» de Oscar Larroca y los alumnos de su taller: Gladys Almeida, Hugo Barla, Susana Cannella, Elisabet Castro, Carolina Cunha, Gabriela González, Georgina Lacoste, Luis Naciste, Bernarda Lima, Alfredo López López, Ligia López, Esther Nieto, Ma. Angélica Pérez, Gladys Rivero, Lili Ribero, Jorge Roldán, Milagros Sevrini, Martín Silgoria, Angela Silva, Ana Luisa Testa, Estela Favianes y Luis Lacoste.
Desde hace algunos años, los alumnos de APLAS y quien dirige este taller hemos procurado llevar adelante una labor pedagógica fundada en la investigación y el ejercicio de distintas herramientas pictóricas. Hemos afrontado temáticas como el paisaje, «Los siete pecados capitales» en clave humanística y ecológica, conceptos asociados al universo literario («Desde el vuelo») y el estudio de técnicas aparentemente contrapuestas.
«Este año de trabajo que ahora estamos cerrando lo iniciamos con la bienvenida al taller de nuevos alumnos.
Por esta razón se puede advertir que el nivel de las obras hoy expuestas está sujeto al tiempo y el camino recorrido por cada uno. Y es dentro de esa humana heterogeneidad donde se ha producido un intercambio fructífero: hemos observado y reflexionado a partir de la obralarroca 001 de todos.
Hemos fortalecido la observación y, en buena medida, el criterio riguroso a la hora de pensar la tarea artística.
Fueron los alumnos que eligieron el tema que hoy nos convoca: cuerpos humanos que se desdoblan en retratos, fragmentos anatómicos (ojos, manos), el espesor del cuerpo sometido al clamor existencial (interrupciones, intervenciones) y poses varias.
Se podría afirmar que es un tema complejo como cualquier otro, pero también permite el abordaje desde lo metafísico, lo espiritual o la representación en sus más diversas acepciones. Algunos de los expositores continúan avanzando en la técnica que consideran más idónea de acuerdo a su lenguaje y otros han optado por la investigación de nuevos materiales y espacios» – expresó Oscar Larroca.
Cuando la reproducción de una imagen se asocia al virtuosismo, puede producir un acto de magia que consiste en la fuerza resucitadora de esa réplica.
El fenómeno también ocurre si un gran instrumentista vuelca en la ejecución musical tales grados de sensibilidad que su versión parece devolver a la partitura todo el vuelo que le otorgó el compositor, como si lograra desintegrar el tejido de notas para recuperarlo luego en un encuentro ideal con su espíritu y su clima. Ocurre asimismo cuando un texto literario alcanza ciertos extremos de fascinación al reconstruir la escena que describe, logrando que ese espejo de la realidad respire de manera tan viva como el original que recrea, gracias al imponderable equilibrio con que se eligen y ubican las palabras, o a la elasticidad con que fluyen los párrafos. Así el oyente o el lector se internan en un ámbito donde los desdoblamientos (la interpretación de un concierto, el relato escrito de un hecho real) asumen por su calidad un valor equivalente al de las fuentes de las que provienen, igual que si lograran el prodigio de identificarse con la vida que imitan.
Esas reflexiones son útiles para comprender el grado de seducción que despiertan los trabajos de Oscar Larroca, un artista plástico que recurre a la multiplicidad de técnicas —tinta, lápices policromos, pastel, grabado, fotografía, medios digitales— para simular la realidad de los cuerpos y objetos que representa, hasta conseguir la sorprendente fusión entre esos instrumentos y jugar con la desaparición de toda frontera entre ellos, logrando que el resultado se unifique en la ilusión de una verdad (la figura humana, los animales, las plantas) de la que apenas son el simulacro plano.
Ese acto de apropiación de los modelos a través de la portentosa fidelidad de la imagen que los copia, es un alarde únicamente posible cuando interviene la capacidad de un artífice. Y ese privilegio, con la generosidad recicladora del arte, produce otro: el del observador cuando se enfrenta al formidable despliegue que presenta un pintor.
Cuando la reproducción de una imagen se asocia al virtuosismo, puede producir un acto de magia que consiste en la fuerza resucitadora de esa réplica. El fenómeno también ocurre si un gran instrumentista vuelca en la ejecución musical tales grados de sensibilidad que su versión parece devolver a la partitura todo el vuelo que le otorgó el compositor, como si lograra desintegrar el tejido de notas para recuperarlo luego en un encuentro ideal con su espíritu y su clima. Ocurre asimismo cuando un texto literario alcanza ciertos extremos de fascinación al reconstruir la escena que describe, logrando que ese espejo de la realidad respire de manera tan viva como el original que recrea, gracias al imponderable equilibrio con que se eligen y ubican las palabras, o a la elasticidad con que fluyen los párrafos. Así el oyente o el lector se internan en un ámbito donde los desdoblamientos (la interpretación de un concierto, el relato escrito de un hecho real) asumen por su calidad un valor equivalente al de las fuentes de las que provienen, igual que si lograran el prodigio de identificarse con la vida que imitan. Esas reflexiones son útiles para comprender el grado de seducción que despiertan los trabajos de Oscar Larroca, un artista plástico que recurre a la multiplicidad de técnicas —tinta, lápices policromos, pastel, grabado, fotografía, medios digitales— para simular la realidad de los cuerpos y objetos que representa, hasta conseguir la sorprendente fusión entre esos instrumentos y jugar con la desaparición de toda frontera entre ellos, logrando que el resultado se unifique en la ilusión de una verdad (la figura humana, los animales, las plantas) de la que apenas son el simulacro plano. Ese acto de apropiación de los modelos a través de la portentosa fidelidad de la imagen que los copia, es un alarde únicamente posible cuando interviene la capacidad de un artífice. Y ese privilegio, con la generosidad recicladora del arte, produce otro: el del observador cuando se enfrenta al formidable despliegue que presenta un pintor.