Con la muerte de Julio Castro cayó la teoría de que los desaparecidos murieron solamente por torturas

El secretario de la Presidencia, Alberto Breccia, dijo que el caso del maestro Julio Castro “cambia relativamente el panorama”, respecto a la teoría de muertes durante la dictadura. Si bien Breccia aclaró que todavía no hay una confirmación certera sobre cómo murió Castro, la teoría más firme es que fue “ejecutado”.

Históricamente se sostenía que mientras en Argentina los militares ejecutaban a sus presos políticos, en Uruguay las muertes se producían durante la tortura. El secretario de la Presidencia, explicó que el caso de Castro “podría estar indicando que, por lo menos, esto no siempre fue así”. Destacó: “El caso nos estaría enfrentando al primer desaparecido que no habría muerto, como lo venía diciendo el discurso: porque ‘se les fue la mano'”. Por el contrario, indicó que vendría a corroborar que también hubo ejecuciones. Al menos “genera esa sensación y nos enfrenta a ese tipo de interrogantes y de hipótesis”, estimó.

Señaló que este caso, también estaría indicado que “puede haber otros desaparecidos muertos en estas condiciones y no por excesos en las torturas”. No obstante, acotó que el caso “cambia relativamente el panorama porque ya se sabía que se habían producido fusilamientos”, la diferencia es que se trataría del primer desaparecido en estas condiciones.

Breccia, explicó que la teoría de que no siempre las muertes fueron por exceso de los apremios físicos, había sido corroborada ya “de cierta manera” con el caso de los fusilados de Soca, con la salvedad de que estos nunca estuvieron desaparecidos, sino que fueron entregados a sus familias.

El pasado jueves, tras confirmarse que los restos hallados en el Batallón 14 el pasado 21 de octubre pertenecían al maestro jubilado y periodista Julio Castro -desaparecido en agosto de 1977 durante la dictadura-, el antropólogo encargado de las excavaciones, José López Mazz, señaló que el estudio osteológico había permitido encontrar “fragmentos de proyectil con destrucción craneana” provocada por armas de fuego.

Agregó: “las observaciones que hicimos permiten reconocer traumatismos, fractura perimortem de una costilla, bóveda craneana desestructurada y presencia de un proyectil.