Cuando ir a la escuela se convierte en un problema.

Por Ps. Mónica Migliaro Gaudín

El acoso escolar o bullying es un tipo de violencia que sufren muchos niños en el entorno escolar. Este tema no es algo nuevo, pero se le ha dado más importancia, porque se presenta cada vez con más frecuencia. Esto significa que ya no es un hecho aislado encontrar a niños que son agredidos y a niños que agreden. Esto produce un deterioro intenso, que permanece por mucho tiempo, dejando heridas en todos los que sufren esta problemática.
Los niños que son hostigados sufren al momento de ir a la escuela. Generalmente manifiestan dolor de cabeza o de estómago y es común que disminuya su rendimiento escolar. Son sumamente tímidos, a veces están tristes y casi siempre están solos.
Por otro lado, los niños que hostigan generalmente es porque en algún momento de su vida han padecido algún desajuste emocional y no han podido procesar de la mejor manera ese sufrimiento. Muchas veces son muy agresivos e impulsivos, y no pueden controlar sus emociones. Los hostigadores pueden ser uno o un grupo de niños. La causa de esas conductas es la búsqueda de poder o la necesidad de quitarse un disgusto interior.
Las conductas de los niños están cambiando, antes podían llegar a “molestar” a alguien pero ahora eso pasó a otro nivel: insultan, se burlan y hasta agreden físicamente a otros.
Es importante destacar que los niños que están pasando por este momento, generalmente no se animan a contar lo que les pasa; ya sea por vergüenza, por miedo a lo que le pueden hacer los hostigadores o porque los adultos le restan importancia. Ante esta problemática tienen que encontrar en los adultos un protector, alguien en quien confiar sus problemas y que lo pueda ayudar.
Las consecuencias del hostigamiento se producen en la autoestima de las víctimas, falta de confianza y seguridad en sí mismo, miedo a ir a la escuela, hasta pueden llegar a desarrollar depresión. Los hostigadores también presentan consecuencias, pueden seguir incrementando sus conductas agresivas.
“Padres y educadores estemos bien alerta ante este fenómeno que se viene incrementando y muchas veces pasa desapercibido.”
(*) Mónica Migliaro Gaudín es Lic. en Psicología especializada en niños y adolescentes. A partir de Abril estará dirigiendo en Salto: “DAR: Apoyo Interdisciplinario para Niños y Adolescentes”.

El acoso escolar o bullying es un tipo de violencia que sufren muchos niños en el entorno escolar. Este tema no es algo nuevo, pero se le ha dado más importancia, porque se presenta cada vez con más frecuencia. Esto significa que ya no es un hecho aislado encontrar a niños que son agredidos y a niños que agreden. Esto produce un deterioro intenso, que permanece por mucho tiempo, dejando heridas en todos los que sufren esta problemática.

Los niños que son hostigados sufren al momento de ir a la escuela. Generalmente manifiestan dolor de cabeza o de estómago y esmonica común que disminuya su rendimiento escolar. Son sumamente tímidos, a veces están tristes y casi siempre están solos.

Por otro lado, los niños que hostigan generalmente es porque en algún momento de su vida han padecido algún desajuste emocional y no han podido procesar de la mejor manera ese sufrimiento. Muchas veces son muy agresivos e impulsivos, y no pueden controlar sus emociones. Los hostigadores pueden ser uno o un grupo de niños. La causa de esas conductas es la búsqueda de poder o la necesidad de quitarse un disgusto interior.

Las conductas de los niños están cambiando, antes podían llegar a “molestar” a alguien pero ahora eso pasó a otro nivel: insultan, se burlan y hasta agreden físicamente a otros.

Es importante destacar que los niños que están pasando por este momento, generalmente no se animan a contar lo que les pasa; ya sea por vergüenza, por miedo a lo que le pueden hacer los hostigadores o porque los adultos le restan importancia. Ante esta problemática tienen que encontrar en los adultos un protector, alguien en quien confiar sus problemas y que lo pueda ayudar.

Las consecuencias del hostigamiento se producen en la autoestima de las víctimas, falta de confianza y seguridad en sí mismo, miedo a ir a la escuela, hasta pueden llegar a desarrollar depresión. Los hostigadores también presentan consecuencias, pueden seguir incrementando sus conductas agresivas.

“Padres y educadores estemos bien alerta ante este fenómeno que se viene incrementando y muchas veces pasa desapercibido.”

(*) Mónica Migliaro Gaudín es Lic. en Psicología especializada en niños y adolescentes. A partir de Abril estará dirigiendo en Salto: “DAR: Apoyo Interdisciplinario para Niños y Adolescentes”.