Cuba y las Malvinas dividen el encuentro de mandatarios en la Cumbre de las Américas

El deseo de Colombia es que ambos asuntos y los temas de drogas se traten en comunicados aparte, pero los gobiernos de Uruguay, Argentina y Venezuela no están de acuerdo, lo que amenaza a la cumbre con no tener un comunicado final.
La VI Cumbre de las Américas que comenzó este sábado en la ciudad colombiana de Cartagena con la presencia de 31 jefes de Estado y gobierno, tiene en agenda temas candentes sin resolver como la exclusión de Cuba en estas reuniones continentales.
El presidente de Colombia y anfitrión, Juan Manuel Santos, planteó sin tapujos el tema en su discurso de inauguración, al pedir no ser «indiferentes» y «tercos» ante los evidentes cambios que se están produciendo en Cuba.
Abogó de nuevo porque Cuba sea aceptada en las próximas cumbres: «No podemos ser indiferentes a un proceso de cambio al interior de Cuba, que es reconocido, y ese cambio debe continuar. Es tiempo de superar la parálisis que lleva a la terquedad, por el bien del pueblo cubano», manifestó.
Santos solicitó a los gobernantes, entre ellos el estadounidense Barack Obama, «tender puentes» para superar esas diferencias porque, a su juicio, el embargo ha sido «ineficaz».
También dijo que decisiones como excluir a Cuba ancla a las Américas «en la era de la Guerra Fría, superada hace varias décadas».
El término «Guerra Fría» también lo usó Obama, el presidente de la nación que ha impuesto a Cuba sanciones durante 50 años. Lo hizo ante el Foro Empresarial de las Américas que antecedió a la cumbre, flanqueado por Santos y la brasileña Dilma Rousseff.
Manifestó que esta discusión le hacía sentir como en la «diplomacia de la Guerra Fría», época en la que «ni siquiera había nacido», indicó, al afirmar «ese no es el mundo en el que vivimos hoy» y desear que se promueva la democracia en Cuba.
Bajo el paraguas de este debate se abrió la cumbre, después de dos días de deliberaciones por parte de los cancilleres de los países convocados, que por ahora no tienen acuerdo.
Malvinas
La cita de gobernantes también comenzó con diferencias sobre otros temas sensibles: la disputa por la soberanía de las islas Malvinas, que reclama Argentina pero están en poder de Gran Bretaña, y la guerra contra las drogas, que después de 40 años no ha dado los resultados esperados.
Antes de la cumbre los presidentes de Centroamérica celebraron una reunión para buscar un consenso sobre drogas, pero tampoco lo encontraron, aunque sí desestimaron defender la despenalización como sugiere el guatemalteco Otto Pérez Molina.
Esos desacuerdos ponen en peligro los objetivos de Colombia, que como anfitrión desea una declaración final consensuada sobre los temas oficiales de la cumbre: pobreza e inequidad, acceso a las tecnologías, desastres naturales, seguridad e integración física.
El deseo de Colombia es que Cuba, Malvinas y drogas se trataran en comunicados aparte, pero los gobiernos de Argentina, Uruguay y Venezuela no están de acuerdo, lo que amenaza a la cumbre con no tener un comunicado final.
El lado positivo es el sentir general de que se deben replantear las relaciones de EEUU con América Latina.
Brasil, la sexta economía mundial, lo dejó claro por voz de su presidenta Dilma Rousseff: «alianzas entre iguales» le propuso a Obama cuando reconoció la importancia de la economía de EE.UU. pero al tiempo le recordaba que los tiempos cambiaron.

El deseo de Colombia es que ambos asuntos y los temas de drogas se traten en comunicados aparte, pero los gobiernos de Uruguay, Argentina y Venezuela no están de acuerdo, lo que amenaza a la cumbre con no tener un comunicado final.

La VI Cumbre de las Américas que comenzó este sábado en la ciudad colombiana de Cartagena con la presencia de 31 jefes de Estado y gobierno, tiene en agenda temas candentes sin resolver como la exclusión de Cuba en estas reuniones continentales.

El presidente de Colombia y anfitrión, Juan Manuel Santos, planteó sin tapujos el tema en su discurso de inauguración, al pedir no ser «indiferentes» y «tercos» ante los evidentes cambios que se están produciendo en Cuba.

Abogó de nuevo porque Cuba sea aceptada en las próximas cumbres: «No podemos ser indiferentes a un proceso de cambio al interior de Cuba, que es reconocido, y ese cambio debe continuar. Es tiempo de superar la parálisis que lleva a la terquedad, por el bien del pueblo cubano», manifestó.

Santos solicitó a los gobernantes, entre ellos el estadounidense Barack Obama, «tender puentes» para superar esas diferencias porque, a su juicio, el embargo ha sido «ineficaz».

También dijo que decisiones como excluir a Cuba ancla a las Américas «en la era de la Guerra Fría, superada hace varias décadas».

El término «Guerra Fría» también lo usó Obama, el presidente de la nación que ha impuesto a Cuba sanciones durante 50 años. Lo hizo ante el Foro Empresarial de las Américas que antecedió a la cumbre, flanqueado por Santos y la brasileña Dilma Rousseff.

Manifestó que esta discusión le hacía sentir como en la «diplomacia de la Guerra Fría», época en la que «ni siquiera había nacido», indicó, al afirmar «ese no es el mundo en el que vivimos hoy» y desear que se promueva la democracia en Cuba.

Bajo el paraguas de este debate se abrió la cumbre, después de dos días de deliberaciones por parte de los cancilleres de los países convocados, que por ahora no tienen acuerdo.

Malvinas

La cita de gobernantes también comenzó con diferencias sobre otros temas sensibles: la disputa por la soberanía de las islas Malvinas, que reclama Argentina pero están en poder de Gran Bretaña, y la guerra contra las drogas, que después de 40 años no ha dado los resultados esperados.

Antes de la cumbre los presidentes de Centroamérica celebraron una reunión para buscar un consenso sobre drogas, pero tampoco lo encontraron, aunque sí desestimaron defender la despenalización como sugiere el guatemalteco Otto Pérez Molina.

Esos desacuerdos ponen en peligro los objetivos de Colombia, que como anfitrión desea una declaración final consensuada sobre los temas oficiales de la cumbre: pobreza e inequidad, acceso a las tecnologías, desastres naturales, seguridad e integración física.

El deseo de Colombia es que Cuba, Malvinas y drogas se trataran en comunicados aparte, pero los gobiernos de Argentina, Uruguay y Venezuela no están de acuerdo, lo que amenaza a la cumbre con no tener un comunicado final.

El lado positivo es el sentir general de que se deben replantear las relaciones de EEUU con América Latina.

Brasil, la sexta economía mundial, lo dejó claro por voz de su presidenta Dilma Rousseff: «alianzas entre iguales» le propuso a Obama cuando reconoció la importancia de la economía de EE.UU. pero al tiempo le recordaba que los tiempos cambiaron.