Daniel Martínez llegó en bicicleta a asumir la Intendencia de Montevideo

Daniel Martínez salió de su casa apenas pasadas las 9 de la mañana. Unos minutos antes se puso un chaleco, una cinta en la cabeza y después el casco. Se abrazó con su familia y sacó la bicicleta.
“Veremos si podemos reenamorar a los montevideanos”, dijo el intendente entrante a la prensa antes de dar las primeras pedaleadas de su gobierno municipal.
Con el frío de la mañana, apenas unos pocos ciclistas comenzaron a seguir a Martínez en el recorrido que ya había practicado unos días antes: desde la rambla de Buceo hasta la comuna. Al entrar en Bulevar España eran unos 15 quienes lo seguían en sus bicicletas, con chalecos, luces y alguna que otra bandera frenteamplista.
Algunos montevideanos despistados no entendían qué era lo que estaba pasando. “¿A quién están filmando?”, preguntó una joven a los periodistas, sin notar que adelante iba el futuro intendente. “Tenemos que esperar mientras estos pasean”, comentó otra señora, enojada porque los inspectores no la dejaban cruzar a pesar de que el semáforo le estaba dando el paso.
Antes de empezar, Martínez dijo que su bicicleteada no era porque sí, sino que pretendía impulsar el uso de las bicisendas para la ciudad. A esta idea se le fue agregando los pedidos de los ciclistas que a medida que avanzaban se quejaban del cansancio: más circuitos, estaciones y botellas de agua en las paradas.
Unos cuarenta minutos más tarde el humilde pelotón llegó a 18 de Julio y Ejido.
El frío desapareció y las gotas de sudor comenzaban a correr por la cabeza del futuro intendente, mientras la gente se amontonaba para recibirlo.
Agarró velocidad en el último tramo y al grito de “¡Guarda!”, Martínez entró en la explanada municipal, donde se quedará algunos años.