Demetrio “Paco” Sancristóbal: Una lección de coraje y entereza en una vida azarosa

Demetrio “Paco” Sancristóbal: Una lección de coraje y entereza en una vida azarosa

- Marino, empresario fluvial, integrante de una familia  que construyó numerosas lanchas. Tuvo una empresa  de perforación e hizo más de 300 pozos.

– La positiva experiencia de una vida polifacética

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Una de las lanchas hechas por su padre, fue llevada desde calle Rivera 1048 al puerto, tirada por bueyes.

Conversar con Demetrio “Paco” Sancristóbal, es involucrarse con alguien que “se trenzó” con la vida que no se le presentaba nada fácil, pero con una gran entereza y voluntad supo salir adelante y alcanzar realizaciones que hoy seguramente se consideran verdaderas utopías, poco menos que irrealizables. Seguramente que “Paco” puso lo suyo, voluntad, tesón y mucho ímpetu para pelearle a la vida, pero sus logros también son reconfortantes. Polifacético personaje, en esta síntesis necesariamente incompleta de sus actividades nos da una lección de vida de la que hay mucho por aprender, pero podría resumirse  en estas pocas palabras: Entereza y coraje para levantarse una y otra vez tras los golpes de la vida y alcanzar lo que nos proponemos…

Lo que sigue es un resumen de una extensa y amable charla mantenida con “Paco”.

Demetrio Francisco Sancristóbal Rosviar -83 años.

Nos cuenta que su madre de origen inglés nació en Santo Tomé (Argentina), se crió en Salto se casó con su padre acá. Sancristóbal es de origen español, la familia Sancristóbal es de Zalla, en España. Allí fue bautizado en la iglesia de San Miguel (conserva la partida de nacimiento).

En referencia a su abuelo recuerda que se llamaba José Ramón, fabricaba armas y carruajes para el rey; Alfonso XII de España. La casa (Casa Pinta) de los Sancristóbal en España fue declarada monumento nacional.

En esa casa había una ferrería (ellos le dicen así a lo que nosotros denominamos herrería), y atrás había un montón de casas donde vivía todo el clan Sancristóbal. Por entonces se casaban entre parientes para que el dinero no saliera de adentro de la familia, y lo que sabían de herrería tampoco lo enseñaban, “En esa época – me contaba mi padre añade Paco –  que fue el único que vino de España cuando tenía 8 años, después acá en Uruguay nacieron 9 hermanos y hermanas.

Vinieron dos familias de España; la familia Orticoechea que fue a Artigas ( en Bella Unión la Escuela 3 lleva el nombre de María Ortichoechea) y la familia Sancristóbal.

Vinieron a Buenos Aires y de allí pasaron a Montevideo. Desde allí vinieron en carreta a Artigas y después a Salto y se instalaron en una casa de dos pisos pintada de rojo que estaba en donde está ahora la heladería “Alfredito” frente a la Plaza de Deportes que por entonces, era la Plaza de las Carretas. Ahí lo escuché cantar a Carlos Gardel, añade el entrevistado, cuando iba a la escuela. Andaba Carlos Gardel, Leguísamo, un hombre morocho picado de viruela que tocaba la guitarra, y otro.

Yo estaba en 1º de la escuela, en la década del ’30 (1930).

Y de tarde fuimos al Cine teatro Ariel (en calle Uruguay), donde cantó, y (el propietario) Penco nos dejó entrar a todos, la entrada valía “un medio” (medio real 0 5 centésimos)  en aquella época.

Y a las 8 de la noche en aquella época había “la guiñada”. Era a esa hora que las luces parecía que se apagaban y se prendían de nuevo y a esa hora había que ir corriendo para casa porque sino el viejo…

– Una de las maestras –prosigue Paco – era familiar del doctor (Néstor) Campos y otra era Rosa Silvestre (cuyo nombre lleva hoy el Instituto de Formación Docente) en quinto año fue mi maestra. Iba a la escuela Migliaro. A esa escuela fueron mis hermanos mayores, yo, mis hijos y últimamente mis nietos. 

Demetrio Sancristóbal (español) de Zalla (España) Rosvier (inglés)- 83 años.

Lleva 50 años de casado con María Hilda Pesce , de Colonia Osimani

Tiene tres hijos; Francisco (médico), Mario Darío, y Alejandro Rafael (ingeniero electrónico trabajo 8 años en la Ericson).

Y 11 nietos.  En el 2007 fue a Europa llegando hasta el pueblo de donde provienen sus raíces.

La veta de la navegación

Mi padre cuando vino de España se embarcó en el Puerto de San Sebastián. Desde Zalla a San Sebastián fue en carreta. Era el único hijo que tenían, doña Laureana Sancristóbal de Sancristóbal, y don Demetrio Sancristóbal de Sancristóbal (su padre) y su abuelo José Ramón Sancristóbal y acá nacieron todos los hijos (sus tíos), de los que me acuerdo; Diego, Luciano, Juan, Jesús, de las mujeres, las tres eran profesionales, dos ingenieras químicas y otra era farmacéutica. Trabajaban en el hospital de Colonia.

Mis tíos todos trabajaban en el ferrocarril y en los barcos; Luciano era maquinista, Diego era maquinista y tuvo una lancha que se llamaba “La Seductora”, de esa lancha tengo el timón de bronce que fue traído de España.

La veta por la navegación la hizo mi padre porque cuando vino empezó a trabajar en el astillero Mihanovich, que estaba en la zona donde hoy se levanta el Salto Rowing Club.

La primera lancha que hizo mi padre fue en el año 1912, se llamaba Leda en honor a una de las reinas de la mitología griega.

La hizo en calle Rivera 1048 (entre Rincón y 18 de Julio).

En el año 1930 hizo otra que se llamó Teresita que la llevó desde calle Rivera hasta el río tirada por bueyes.

Cuando comencé con la primera lancha tuve un problema. No tenía motor. Decidí ir a hablar con Jaime Nadal, una persona que tenía fama de ser “loco”, pero de una gran generosidad.

Fui y le dije “Don Jaime, necesito un motor de esos… (era mecánico y tenía varios motores GM), pero no tengo plata…

- ¿Para qué querés un motor gurí…?

– Hice una lancha, pero no tengo motor…

- Bueno, elegí uno y llevátelo…

- Estaba conseguido, pero tenía otro problema. ¿Cómo llevaba ese tremendo motor hasta el puerto?.

Fui un día a la Barraca Americana y le dije: Don Carlos (Carlos Macció era el gerente), necesito que usted me preste ese carrito… (similar a los que usa AFE)  Tenía en esa época 22 o 24 años más o menos, no me había casado todavía

-Para que querés ese carrito gurí.

– Tengo que traer un motor . Bueno llevátelo.

Cargué el motor, agarré calle Bilbao, bajé 19 de abril, y vine hasta el puerto con el carrito, pesaría 200 kilos. Caminaba 4 cuadras y paraba, por la avenida Viera en el repecho no daba más, me senté como media hora, junté fuerzas y seguí.

Después tenía que conseguir un tanque para la nafta, para la lancha entonces fui a lo de Jaime y le dije:  che Jaime, regaláme un tanque de esos; “Otra vez este gurí pidiendo” (imita la voz de aquel hombre cuya imagen le quedó grabada), y me lo dio y se me cayeron las lágrimas como ahora… (dice tomando unos segundos para sobreponerse)

Un tanque de 80 litros pero de hierro fundido! Sabes lo que pesaba! Lo puse en el hombro y lo traje de ahí para el puerto. Qué horrible, llegué con los hombros con una llaga viva.

No al puerto sino a la calle Garay 160 que ahora es Albisu, ahí hicimos la lancha.

…Yo no tenía plata, y a la lancha le faltaba un montón de detalles. Y en el puerto conocí a Camilo del Pino, tenía una lancha chiquita que se llamaba Leopoldina, que era de madera y llevaba 18 pasajeros, entonces le dije; te doy la lancha para trabajar a medias. “Pero mira que faltan una serie de detalles para ponerla a funcionar. Va a llevar 60 pasajeros. Le di la lancha que tenía 12,40 metros por 2, 50 con un motor a nafta”.

Trabajó años conmigo, recuerda.

Después seguí con el negocio y la lancha.

¿Nunca tuvo un accidente con la lancha?

No, gracias a Dios, ni quiero. Aprendí una cosa de mi padre, perdiendo siempre se gana, cuando había mal tiempo no salía.

Las lanchas construidas

Hice la primera Don Demetrio, y con el tiempo deshice esa lancha y volví hacer otra que es la actual, con la misma quilla para no perder el número de matrícula y el derecho del puerto. Tiene 18.70 por 3.20 metros de manga.

Anteriormente el centro de lancheros empezaron una lancha en el Cerro, que era Fluvial Salto Grande, después yo le puse Arca de Noé y la hice de madera de 19 de metros.

Compre maderas importadas, cubanas, venezolanas.

Después terminé el Arca de Noé y saqué la Don Demetrio vieja e hice la Don Demetrio nueva que también importé dos motores, un motor Buda, de Estados Unidos importé un motor GM que tiene 40 años y todavía anda.

Después de eso en el año ’83 cuando estaba el furor de la represa que sale el canal de navegación, se me antojó hacer los planos de La Comparsita, con el capitán Mario Bolioli, el dibujante era Silvestre.

Demoró 8 años en hacerse, gaste 110 mil dólares, compré dos motores GM, que me costaron 13.900 dólares en aquella época.

Armé La Comparsita, la puse en el agua y resulta que no salió el canal de navegación, me quedé con la lancha. Hizo 8, 10 o 20 viajes de Salto a Concordia y ahí quedó y ahora la vendí en 30 mil dólares, ya la cobré, ya gasté la plata y a otra cosa.

La plata va y viene, lo importante es la salud.

Su vinculación a la firma Méndez Requena

legó un momento que no tenía mas plata no sabia que hacer entonces empecé a trabajar en lo de Méndez Requena (Urreta me iba a tomar pero cuando se enteró que era huelguista no me tomó) tampoco me tomó El Revoltijo, donde yo esperaba que me tomaran y otros no me tomaba nadie. Un día pasé por el puerto y estaba Carlos Méndez Requena con una caldera a vapor y varios hombres, la subían, la bajaban, no la podían prender. Y yo le dije: señor; usted no me conoce yo vivo acá a la vuelta soy Sancristóbal.

- ¿Qué sabe usted de esto?

– Bueno si usted me deja con un hombre solo yo mañana de mañana tengo esa caldera prendida.

- Usted debe estar loco.

– No, no, usted mande esa gente que yo vengo dentro de un rato.

Me puse la ropa y me fui a trabajar, al otro día de tardecita la caldera marchaba (se emociona). Era una caldera de tubo de fuego vertical que la tenía para el lavadero de ropa, y no la sabían instalar.

La prendimos como a las 7 de tarde y a las 8 hicimos sonar el pito de la caldera.

- Donde trabaja usted (preguntó Méndez)

– Yo no tengo trabajo

- Mañana empieza conmigo.

Y empecé a trabajar con él, empecé acarreando cajones y terminé de gerente.

Cuando nos mudamos a calle Uruguay y Beltrán, la firma había crecido muchísimo, yo dirigía las instalaciones de molino y de bomba y un día le querían sacar la representación de las esquiladoras Walsen E.I.R.L…

Entonces tuve una idea; vamos a esquilar en la calle.

Compramos las esquiladoras; Guillermo Johnston y Cía. se llamaba la firma, hice unos corrales de madera sobre la calle Washington Beltrán, al lado de la heladería Nevada y a las 5 de la tarde cuando salían los gurises de la escuela (Migliaro) era una Romería de gente que no se podía mas! Cortamos el tráfico, se armó lío con la policía. Se suspendió.

Al otro día armamos todo de vuelta, pero entonces mandaron policías para que dirigieran el tráfico.

Claro, nunca habían visto esquilar en la calle, la gurisada de la escuela se enloquecía, entonces arreglamos con el de la heladería Nevada (Gras) para darles los palitos nevados a los gurises… ¡Quién aguantaba a esos gurises! El primer día dimos 50 palitos, al otro día había que tener 300 palitos!

La cuestión es que a la semana teníamos la representación de la Walsen.

Las lanchas de la familia Sancristóbal

Estuvimos vinculados al transporte fluvial desde 1957.

La lancha Leda con la matrícula Nº 1, fue construida en el año 1912 por Demetrio Sancristóbal de Sancristóbal, nació en España en el año 1830 (su padre).

La lancha Teresita construida en el año 1930, matrícula 171, la construyó Demetrio Sancristóbal Sancristóbal (mi padre).

Después construyó las dos mejores lanchas (que las vendió), la lancha Rivera, era la que hacía el cruce de Paysandú a Concepción del Uruguay que se llamaba después “Irma del Río”. la lancha Marina, que actualmente está en Paso de los libres.

Entre las cosas insólitas que recuerda Paco se incluye la siguiente.

Hicimos una lancha en el fondo de casa, y había que sacar la lancha de adentro de la casa y no había forma de hacerlo. La sacamos por arriba del techo.

Armamos todo con palos de eucaliptos y una rondana la subimos desde el lugar donde estaba y la bajamos en la calle. Se llamaba Margarita, en ese entonces ya estábamos en Garay 160.

Después en un galpón en la calle Albisu de Brasil para arriba, hicimos la lancha “Florida” que está en Bella Unión.

Después vino la lancha Agraciada, la compró mi hermano, Tomás José Sancristóbal Rosviar, a la que remodeló  toda la estructura.

Mi hermano Martín Roque Sancristóbal “el negro”, compró una lancha que había venido arriba de las balsas de Itaquí, se llamaba Belho Horizonte, la remodeló toda.

Mi hermano hizo el año 1950 en Salto la lancha María Elena, de madera, porque ese era el nombre de su mujer, la matrícula era 641.

Hizo  también la lancha Esperanza en el año 1948.

Cuando tenía que remolcar la balsa sobre el río Negro, hizo otra lancha que se llamaba Pantera, la hizo José Ramón Sancristóbal y la nombró de esta manera porque “era una pantera para remolcar”.

En el año 1977 yo construí El Arca de Noé que se la compré a la sociedad de lancheros.

En el 1957 hice la nueva Don Demetrio, la remodelé en el año 1973.

La Comparsita matrícula 757, la hice en el año 83, demoré 8 años en hacerla para 172 pasajeros.

La lancha Cinco hermanas, es una lancha que trajo mi hermano del sur, la remodeló toda.

Y la lancha  HD23 la compré en Carmelo y la remodelé, actualmente la tenemos, con esa lancha trabajé 5 años en el Lago Salto Grande, hacía de Constitución a Federación.

Su experiencia como marino

“Paco” Sancristóbal tiene también una experiencia como marino, dado que llegó a ser cuarto maquinista de uno de los barcos petroleros de ANCAP.

Empecé trabajando de “pinche de cocina”, lavaba platos, pelaba papas, todo.

Después pedí que me pasaran a la máquina y empecé de limpiador, después me pusieron de foguista y luego engrasador y después de cuarto maquinista.

En referencia a su experiencia como dirigente sindical – que le costó que no le tomaron en algunos trabajos –  señaló fui uno de los que fundó la Sociedad de Maquinistas Naval del Uruguay que hasta hoy existe. Me tenían entre ojos, tenía 24 a 26 años.

Antes de la huelga fui a Arabia Saudita, salimos de Montevideo, fuimos a Sudáfrica, estuvimos dos días porque se había roto la caldera de vapor del barco, y me tocó repararla, 52, 53 grados de temperatura hacía adentro, nos envolvían con bolsas mojadas y entrábamos a trabajar en la caldera, estábamos una hora, 40 minutos y salíamos.

El jefe de máquina Juan Lena, salteño, nos llamó y nos mandó hacer ese trabajo. La ANCAP nos dio un premio,  como dos sueldos demás por el trabajo hecho.

Cuando fui a Montevideo en esa época pasé dos días comiendo durazno y dormía en un altillo, el piso era de baldosas amarillas y rojas, ponía unos diarios para dormir ahí y cuando empecé a trabajar caminaba como veinte cuadras, rememora “Paco”, sin poder emocionarse al revivir de alguna manera los momentos más duros de su experiencia personal..

Cuando junté la primera plata – prosigue – fui derecho a la Caja Nacional de Ahorro Postal y depositaba la plata ahí.

Cuando salí de la ANCAP, tenía 9 u 11 mil pesos uruguayos  de aquella época, no comía por guardar la plata, había pasado tan mal…

Después empecé “a reventarla”, tenía 6 trajes, veinte pares de zapatos, ya había dejado de pasar mal…Ocho años y medio estuve trabajando en el mar.

En aquella época íbamos a comer a una confitería en la calle Andes, donde lo conocí a Luis Batlle Berres, quien iba a comprar pizza a pie.